Es la hora de nuestra crónica del RESURRECTION FEST 2017

16/08/2017
Texto por Ritchie Moreno
Fotografías por Bruno.CR
 

Pues sí, señores. Se acabó una edición más del RESURRECTION FEST, en mi modesta opinión, el mejor festival de metal del país. Un festival que ha colgado, una vez más, el cartel de “no hay billetes”, y eso que, también en mi opinión, la alineación de este año no era la más cañera que se ha llevado. La afluencia de público se notó, en su mayoría, el Viernes, con la visita de los teutones RAMMSTEIN, supongo que hubo mucha gente que sacó entrada únicamente para ese día.


Con un Viveiro invadido por las hordas bárbaras (mención aparte para la paciencia y amabilidad de los lugareños con todo el mundo), y un clima casi perfecto para este tipo de eventos (la mayoría del tiempo, nublado, pero sin gota de lluvia y, en algunos ratos, hasta un sol abrasador), fuimos acomodándonos en las distintas infraestructuras que el festival había preparado para los asistentes. Unas infraestructuras, en algunos casos, muy mejorables (sobre todo, en lo que se refiere a duchas y WCs… aunque en este tipo de bolos, sabías a lo que venías).

Ya en el recinto, algunas de esas infraestructuras no funcionaron el primer día, el Miércoles del Warm-up. Solo funcionó un escenario, y se notaron algunos agobios en las barras de bebida y los accesos a los WC, supongo que no se esperaba tanta gente en esa primera jornada, y el tema se quedó algo escaso.

Los accesos al recinto se encuentran a poca distancia de las zonas de acampada y del centro del pueblo, así como de la playa, por lo que se pudo disfrutar, en las horas en las que no hubo conciertos, de unas agradables horas, sobre todo amenizadas por la amplia gastronomía de la zona (¡ese pulpo!).

Revisados ya los aspectos generales y logísticos, vamos al lío, que es lo que nos interesa de verdad.

MIÉRCOLES, 5 DE JULIO. WARM-UP.


Sí, amigos. Lo que se suponía eran un par de bolos para ir abriendo boca, se fue animando en cuanto a público, no en vano tocaban ese día pesos pesados de la talla de SOZIEDAD ALKOHÓLICA y SEPULTURA. Pudimos ver a (casi) todas las bandas, ya que todas tocaron en el mismo escenario.

Comenzó el asunto con los mexicanos de PARAZIT, a los que, me vais a perdonar, no pude ver. El retraso del bus, unido a instalarnos, más el tiempo de sacar las acreditaciones pertinentes no me permitieron contemplar a esta banda que, parece ser, mezclan metal e influencias progresivas tales como King Crimson o Primus. Una pena, otra vez será.

Les siguieron los locales de APHONNIC, vigueses ellos, y con una amplia parroquia de seguidores entre el público. Hardcore-metal, con bases pregrabadas de apoyo, que le dan un punto de dramatismo a sus temas, parece ser que hasta hace poco llevaban un teclista en sus filas. La voz de su cantante no me acabó de convencer, creo que, para el estilo que practican, debería ser más agresiva.


Más metal gallego, y también de Vigo, nos trajeron WE RIDE, con voz femenina al frente, ésta si más agresiva. Con influencias como TERROR, MADBALL o SICK OF IT ALL, nos ofrecieron una propuesta hardcore-punk muy física, y fueron los primeros que reclamaron una palabra que luego escucharíamos muchas veces en el festival: ¡¡moshpit!!


HERE COMES THE KRAKEN. Otros mexicanos fueron los siguientes. Y una de las bandas que más me sorprendieron en el festival. Con mucha afinación grave en sus instrumentos, y una voz absolutamente desgarrada, nos obsequiaron con una buena dosis de lo que yo llamaría “mezcla de death con nu-metal”, un estilo que fue muy del agrado del respetable. A destacar también la complejidad de alguno de sus temas, muy cercano al metal progresivo. Nos provocaron con cantinelas futboleras mexicanas como ese “eeeeeeeeehhhh… ¡PUTO!”, que tanto gustó a la gente. Unos tipos a seguir de cerca.

Acabados los mexicanos, tocaba el turno de la vieja guardia, con CJ RAMONE, bajista de los neoyorquinos THE RAMONES durante los años noventa. Y claro… ya sabíamos lo que nos venía encima: one, two, three, four!!! Y a fusilar los temas de sus antiguos compinches. En un momento dado, nos confesó que, dado que sus compinches ya estaban muertos, se sentía libre de poder hacerlo. Divirtió mucho a la gente, el punk ha tenido mucha presencia este año en el festival.

Y ya comenzaron los dos platos fuertes del día. Los vascos SOZIEDAD ALKOHÓLIKA, a darlo todo, como de costumbre. Con su característico y robusto sonido de guitarras, y una iluminación medio tenebrosa, que no facilitó el sacar fotos desde lejos del escenario, desgranaron temas de sobra conocidos como “Ratas”, o “Polvo en los Ojos”, junto con ofertas más recientes como “Sistema Antisocial”. La carga política, siempre presente, como viene siendo habitual. Unos que nunca fallan, en definitiva.


Y, cerrando esta potente jornada de calentamiento, los brasileiros de SEPULTURA llegaron para dar la puntilla. No intentaron hacerlo fácil, sin tirar de repertorio popular desde el principio (yo esperaba “Roots”, de entrada). De hecho, durante la primera media hora estuvieron más centrados en repasar trabajos más modernos como su último “Machine Messiah”, o su no muy lejano “Kairos”. Eso sí, al final, y con la gente entregada, hicieron las concesiones que tenían que hacer, y cosas como “Refuse Resist” o “Territory”, fueron cayendo, así como versiones más antiguas como “Inner Self”. Andreas Kisser, atronador con una sola guitarra, y Eloy Casagrande es eso… muy grande.

 

 

JUEVES, 6 DE JULIO.


Comenzamos nuestro periplo de ese día con THE DEVIL WEARS PRADA, ya en el escenario principal, bajo un sol y un calor inusuales en el lugar. Es uno de esos grupos que abundan últimamente, con esos momentos calma-furia, y algún retazo atmosférico, tan de moda. Se metieron en un show muy físico, con mucho desgaste. Llevaban un teclista que yo no oí en ningún momento. No me volvieron loco precisamente.

MALEVOLENCE. A éstos les vine yo siguiendo en el autobús, mientras íbamos hacia Viveiro, y tenía la intención de verlos desde el principio. Pantera, Down… muchas influencias de Phil Anselmo en sus filas, su groove metal fue ampliamente agradecido por el público con demostraciones del moshpit más bestia. A alguna fan se la tuvieron que llevar con una pierna bastante perjudicada. Macizos y contundentes, si no los conocéis, os los recomiendo vivamente.

AIRBOURNE. Uno de los triunfadores, no solo del día, sino del festival. Con un escenario principal lleno de racks de Marshall, y con bastante sitio para hacerlo, los australianos se dedicaron a corretear por la tarima y a soltar buen rock’n’roll a raudales. No han inventado nada, ya sabemos su debilidad por sus hermanos mayores australianos y eléctricos, pero… qué coño, con ellos se lo pasa uno de muerte. En su actuación pudimos ver a los niños del Resukids (un campamento montado por la organización, para el cuidado de los chavales cuyos padres asisten al festival, con actividades, talleres, etc), en un lado del escenario, aprendiendo de los mayores cómo se fabrica esto del rock’n’roll. Así que nada, si Airbourne pasan por tu ciudad, olvídate del desodorante, y disfruta.


Con SUICIDAL TENDENCIES ya comenzaba la última fase del día, y un anticipo de lo que nos esperaba al final. La banda de Mike Muir, y sobre todo éste, andan en forma. Todavía no me explico como hay gente que los asocia más con el nu-metal que con el thrash o el hardcore que realmente practican. Unos veteranos con Anthrax, Rage Against The Machine, o incluso Soziedad Alkohólika en este país, les deben mucho. Por eso no sé cómo es posible que hayan estado siempre en Segunda División. Cosas como “Freedom” sonaron tremendas, después de un buen speech del Sr. Muir. A destacar el preponderante papel del bajo en esta banda.

 


Y, de remate al aperitivo con Suicidal, ANTHRAX vino a poner patas arriba el festival ese día. Among The Living… follow me or die. La primera propuesta, sin concesiones. Luego, como no podía ser de otra manera “Caught In A Mosh”. Scott Ian sigue siendo el puto amo, y Joey Belladonna vive una segunda juventud (aunque algunos, ejem, somos más de John Bush). Me pareció no ver a Charlie Benante a los parches, y si a John Dette (Slayer, Meshiakk, etc) en su lugar. Tengo que confirmar eso. Y, desde aquí, reivindico el papel en la banda de Frank Bello. Sigue corriendo, brincando, y provocando al personal como siempre ha hecho. Un puto crack. Conciertazo de unos a los que les queda mucho para estar muertos.

 

 

 

VIERNES, 7 DE JULIO


Con Jeff Waters, su corte de pelo mohawk, eterna Flying-V, y sus ANNIHILATOR, comenzamos la tercera jornada del festival. Metal de corte clásico, y con una formación siempre cambiante, los canadienses, más similares a unos Megadeth que a unos Metallica, por aquello de la zona de influencia, volvieron loca a sus incondicionales con una incendiaria versión de su clásico “Welcome To Your Death”.


VITA IMANA… el caos. Prácticamente inaudibles al principio, y con una propuesta de las más contundentes de este país (por momentos me parecía estar escuchando a los Slipknot más cabreados). Con invitados como los chicos de Star Wars (¿??!!!), supongo que por los chavales del Resukids, que también andaban por allí. Su vocalista, Javier Cardoso, estuvo fuera de sí toda la actuación: gritó, saltó, se arrojó al público… toda una exhibición. No he visto venas más hinchadas en el cuello de un vocalista en toda mi vida. Muy apasionados e intensos en escena, estuvieron a la altura de muchos de los grandes de este festival. Demoledores.


ARCHITECTS. Otra de los grupos tipo The Devil Wears Prada, pero con influencias más progresivas, y bastantes seguidores entre el público. Con una base técnica bastante aceptable, y con similitudes a veces como Tesseract o los mismos Tool, también tiraron lo suyo de bases pregrabadas para adornar sus temas.


Los suecos TRUCKFIGHTERS fueron una de las bandas que también me sorprendieron, en uno de los escenarios menores del festival. Me sorprendió su stoner, muy bien llevado, a lo Kyuss o Fu Manchu. Una pena que ya los pillara cuando llevaban un buen rato tocando, porque me gustaría profundizar más en su trabajo. Lo haré no tardando mucho.

Con TERROR volvimos al territorio que veinticuatro horas antes habían marcado Suicidal Tendencies y Anthrax. Calentando al personal con su punk-hardcore y, por momentos thrash metal. Aunque tampoco han creado escuela de nada, se marcaron una actuación entretenida y vital.

A ENTER SHIKARI les tocó el poco agradecido trabajo de hacer de acomodadores, en el escenario principal, para Rammstein. Creo que pocos de los que nos concentrábamos allí íbamos realmente interesados por los británicos. Con un eclecticismo que, a veces, les acercaba al pop más descarado, y con el apoyo de mucha electrónica, nos sirvieron un poco de “chill-out”, o desengrasante, para lo que nos venía después. Al final, hasta me resultaron entretenidos.

Antes del plato verdaderamente fuerte del día, y un poco aplacado por lo que Enter Shikari nos había ofrecido, me acerqué a ver a los franceses de ALCEST y su post-metal melancólico. Tranquilidad, siempre dentro de unos términos rockeros, y un Neige, que es el yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como del grupo, satisfecho de ver la respuesta del público a cada una de sus canciones. No esperes guitarrazos o voces guturales en sus temas, pero échales una oreja si lo que te apetece es relajarte un poco.

Bueno, de RAMMSTEIN… qué vamos a decir? ¿Qué se puede decir cuando la puesta en escena es prácticamente perfecta, con meticulosidad y fiabilidad germana? Un reloj digital gigante marcaba el tiempo que quedaba para que los teutones nos abrasaran (musical y físicamente) con su música. Te podrá gustar o no su propuesta musical, pero que son un espectáculo… eso creo que no lo puede negar nadie. Til Lindemann se nos mostraba como el Angel de la Muerte, suspendido en el aire con dos enormes alas, mientras “Du Hast” atronaba en el recinto, coreada por miles de seguidores que sentían el calor de las llamaradas en su piel. Atmósferas tétricas e industriales, frías en contraste con otras, adornaron otros temas. Son los Kiss del siglo XXI. Gene Simmons, tan mercachifle él, debería tomar buena nota de que estos espectáculos, en festivales como éste, son muy, muy rentables. Musicalmente, clavaron los temas, pocos fallos, por no decir ninguno, en la ejecución. Creo que nadie, ni siquiera los detractores, nos fuimos decepcionados de allí.


Y ya metidos en harina, pues a hacer un poco el burro con NAPALM DEATH, y sus agresiones sónicas de no más de dos minutos (por si no lo sabíais, la banda ostenta un récord Guinness, a la canción más corta de la historia, “You Suffer”, con solo 1,316 segundos de duración). Estas bestias pardas se quedaron bien a gusto durante casi una hora de actuación, escupiéndonos (literalmente) su grindcore más desenfrenado. Cuenta con ellos para tu próxima fiesta.

SÁBADO, 8 DE JULIO


Abrimos la última jornada del festival con los suecos ARCH ENEMY, y su death metal melódico con vocalista femenina. Me vais a perdonar, pero yo eso de “death” y “melódico”… como que no lo veo. Por eso se me hace tan bizarra la propuesta de esta gente, y supongo que por eso no me he arrimado a ella lo suficiente. La verdad es que empezaron algo flojitos, para ir animándose (y animándonos) al final de su actuación. Tengo que revisarlos más, supongo.

 


LORDS OF BLACK. Otro de los triunfadores del festival, a mi parecer. Los chicos de Ronnie Romero, bajo un sol intenso que les daba de cara (hubieran destacado aún más con un buen juego de luces), se marcaron una actuación de hard-rock realmente memorable. Ya sabeis, lo suyo son los clásicos: Rainbow, Sabbath, Dio. Dieron buena cuenta de sus dos trabajos hasta el momento, y se les vio disfrutar sobre el escenario. Ha habido cambio de bajista, no sé si ya definitivo u ocasional. Tony Hernando tuvo en algún momento problemas con su guitarra, y se le vio contrariado con algún miembro del equipo. Algunos teclados semi-góticos se adivinaban en alguno de sus temas. El final, apoteósico, con homenaje incluído a Ronnie James Dio, cuyo aniversario de fallecimiento ha sido durante estos días. “Neon Knights” fue el mejor homenaje. Los que disfrutan y disfrutamos del buen hard-rock de siempre nos fuimos con una sonrisa de satisfacción en la cara.

Los chicos de MASTODON, y con todavía mucha luz diurna, hicieron después su aparición en el escenario principal, había bastante expectación para verlos. Nunca han sido santo de mi devoción, siempre me parecieron el típico metal para hípsters, aunque he de reconocer que, después de verlos en directo, igual tengo que darles una nueva oportunidad. Sonaron contundentes y épicos en algunos pasajes de su complicada música, repleta de cambios de ritmo. Tienen por ahí nuevo trabajo, así que habrá que ponerse con él cuanto antes.

 

 


Después del mastodonte, tocaba fiesta con RANCID. Ya sabeis, punk de la vieja escuela, pensado básicamente para pasarlo bien. Mucho veterano entre el público, ya quedan muy lejanas cosas como su celebrado “…And Out Come The Wolves”. Aunque vimos también gente joven que parece ser se ha enganchado ahora a ellos. La estética del grupo me pareció más a unos moteros tipo Sons Of Anarchy que a un grupo punk. Diversión, sin más.

 


Más punk, éste un poco más cabreado, con AGNOSTIC FRONT, otros veteranos que descargaron bastante mala leche sobre las tablas. Abriendo con las notas de La Muerte Tenía Un Precio, reclamaron insistentemente moshpit al público, que no les defraudó para nada. Roger Miret, su vocalista, no se cansó de saltar en ningún momento. Eficaces, muy eficaces.

MAYHEM. No entendí muy bien la propuesta de estos black noruegos. Ataviados como monjes (o casi diría como los Jawas, esos simpáticos seres que traficaban con chatarra en Star Wars), se dedicaron a ejecutar su set de forma absolutamente mecánica, sin un atisbo de sentimiento, con unas intros de lo más tétrico y atmosférico. Supongo que sus seguidores, que eran muchos en ese momento, tendrán una óptica muy distinta sobre lo que el grupo quiere transmitir. Yo los vi cojonudos para ambientar un Caserón del Terror de un parque de atracciones.

Y llega el cierre, en el escenario principal, con los suecos SABATON. Sinceramente, creo que este final de fiesta se hubiera merecido un grupo mejor. No porque no sean buenos, sino porque te queda la sensación de no haber podido acabar a lo grande, con alguna banda más espectacular. Con un escenario militarizado (tanque incluído), me recordaron a unos Manowar más melódicos, con teclados. Eso si, me ganaron con un tema que dedicaron a Escocia, que no estaba nada mal.

 


Y bueno, señoras y señores, esto ha sido todo. Un festivalazo en toda regla que sigue haciendo honor a su leyenda, y que esperamos que, el año que viene, vuelva con más fuerza aún. Creo que la organización, y los que hemos asistido, podemos estar satisfecho de lo visto. Algunas cosas mejorables, como todo en esta vida, pero rayando a un nivel más que notable. A ver si el año que viene alcanzamos el sobresaliente absoluto, o la matrícula de honor.

Un placer.


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