Crónica: Surfeamos la ola del TSUNAMI XIXÓN 2018

14/08/2018
Fotografía: Javi Palm Mute
 
 
Con mucha ilusión y las pilas bien cargadas, desde Metal Korner poníamos rumbo a Asturias para vivir en primera persona todo lo que diera de sí la segunda edición del festival TSUNAMI XIXÓN y, por supuesto, en esta crónica os contaremos al menos casi todo. Nada mejor para huir de la ola de calor que en esos días estaba asolando España que refugiándose en el norte, visitando una ciudad tan esplendorosa y que da tanto juego como es Gijón.
 
Primo hermano del Resurrection Fest, el TSUNAMI nació el año pasado con la intención de convertirse en festival referencia de formato mediano en el país y una alternativa real para quienes quieran ver conciertos en un entorno más especial, en contraposición a la propuesta del macrofestival masificado. Para ello, se celebra en un cuidado emplazamiento de interés turístico como es Laboral Ciudad de la Cultura, antigua Universidad Laboral de Gijón y el edificio más grande de España, con su escenario principal en la plaza central. Además, hace partícipe del festival a la ciudad integrando conciertos al medio día en diferentes puntos de la misma como son el skatepark de Cimavilla o la Plaza del Ayuntamiento.
 
Su ecléctico cartel, con BAD RELIGION y THE PRODIGY a la cabeza, era especialmente atractivo para los fans del punk rock, el garage rock o el stoner, ya que son los géneros de más peso si buceamos entre los nombres de esta edición. Una fórmula que sin duda parece resultar ganadora a juzgar por el éxito de asistencia obtenido por segunda edición consecutiva, llegando finalmente al sold out.
 
Con respecto al año pasado, se ha aumentado el tamaño y el aforo del escenario secundario, algo importante si tenemos en cuenta que los horarios consisten en la alternancia de conciertos en uno y otro escenario. Aunque al principio nos preocupaba que el tránsito de la masa de gente entre escenarios pudiera resultar caótico debido al cuello de botella, lo cierto es que no llegó a haber tapones en ningún momento gracias al personal que regulaba el tránsito. También se creó una zona en la que un DJ cada día iba a estar pinchando temas durante las actuaciones del escenario principal. Así mismo, la oferta gastronómica también se ha visto aumentada con gran variedad de comida en la zona de foodtracks e, igualmente, punto a favor de la organización ya que ni para estos establecimientos ni tampoco para las barras ni puestos de compra de tokens hubo grandes esperas. También hubo tanto zona de mercadillo como espacios lúdicos de los patrocinadores del festival, el acceso a los baños era cómodo y los ya clásicos vasos de plástico puestos a la venta sirvieron para reducir la cantidad de basura en el recinto.
 
 
Aun así, el festival tuvo que lidiar con no pocos imprevistos en los días previos. A la cancelación de GO KART MOZART se le sumó la de FUTURO TERROR el día antes, por no hablar de la maldición de los cambios en los horarios, que se extendió hasta el sábado cuando LAGWAGON pasaron a actuar los últimos debido a la pérdida de su vuelo. Sucesos de mala fortuna que, si bien pudieron influir puntualmente, no estropearon en absoluto la experiencia general.
 
Sin más preámbulos, cogemos la ola y os contamos con detalle lo que dieron de sí estos dos días de conciertos.
 
VIERNES
 
Después de un provechoso día de turisteo, el viernes arrancaba la programación del festival con un par de conciertos gratuitos en el skatepark de Cimavilla a la hora del vermú, entre una intensa niebla que poco a poco se fue despejando. Una propuesta que me pareció de lo más original y de la que no dudé en acercarme y participar. Aquello debía ser lo más parecido que puedes encontrar a aquella Los Ángeles de los noventa de la que salieron tantos grupos, muchos míticos, y en la que el punk triunfaba como senda contracultural: apenas lo necesario para tocar, sin escenario alguno, rodeado por un tumulto de gente y una pista de skate sobre la que un puñado de valientes patinaron al son de la música. Y al lado del mar. Una gozada.
 
Los primeros en tocar, tras demorarse un poco con las pruebas, fueron los punk rockers THE BLACK PANTHYS PARTY. Este  combo asturiano basa sus composiciones en críticas humorísticas hacia personajes de la política española o de la Casa Real, y la verdad es que consiguen que tengan especial gracia. Colocaron una bandera rojigualda con Piolín en primer plano junto a ellos e interpretaron un buen puñado de temas tanto de su recién salido del horno Uña, Glande y Mimbre como de sus dos EP anteriores. Mientras parte de la multitud bailaba pogo y otra veía en acción al skater profesional contratado por la organización para la ocasión, fueron sonando cortes como Guerra Antisistema (con recuerdo para Pirri, vocalista de ESCUELA DE ODIO que colabora en la versión de estudio), Mariano Pignoise, Colegio de Educación Especial Infanta Elena (tanto la primera parte, que consiste en recitar el título de la canción y que repitieron tres veces, como la segunda, dedicada a Froilán), Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe amonal o Níñigo Errejón.
 
 
Ya pasadas las dos y media de la tarde, entraron en acción los también asturianos THE ATTACK OF THE BRAIN EATERS  y su mezcla de stoner rock y punk. El power trío gozó de un sonido notable para el equipo del que disponía y presentó los temas de su último EP Mad Ride, además de repasar material anterior. Los pogos fueron intercambiados por el headbanging de un público numeroso engordado por transeúntes que pasaban por allí.
 
Poco antes del final, pusimos pies en polvorosa para que nos diese tiempo a comer y después a llegar al recinto.
 
Llegamos a la Laboral y, después de un malentendido para conseguir la acreditación de prensa que nos hizo perder algo de tiempo en la entrada, al fin pudimos acceder al interior y sorprendernos con la belleza del complejo. Decir que finalmente, las puertas abrieron algo más tarde debido a la cancelación de FUTURO TERROR. Sobre el escenario estaban ya TIGRE Y DIAMANTE dando guerra ante unos pocos valientes que se refugiaban en la poca sombra que daba el escenario, mientras muchos otros observaban sentados bajo la parte techada de la plaza. Este dúo reconvertido a trío para el directo practica una mezcla de indie y noise con voces limpias y, a pesar de no ser mi estilo, reconozco que fueron capaces de transmitir y les vi sueltos sobre el escenario. Matar en Ponferrada, de su último LP Tigre y Diamante II, fue el tema elegido para cerrar su concierto.
 
 
A continuación nos tocaba ver a GREEN DESERT WATER y conocer el escenario pequeño del festival, donde si bien es cierto que a primeras horas solo unos pocos valientes se atrevían a ver los conciertos desde la pista, al final de las jornadas se evidenciaba que el espacio disponible se quedaba insuficiente. Los de Oviedo, como encargados de abrir, tuvieron que luchar contra la excesiva humedad y el calor que a esas horas azotaba el escenario, motivo por el cual los pocos asistentes que se acercaron desde un principio a ver el trío permanecían sentados en una zona de césped que rodeaba la pista y donde se podía rascar algo de sombra. GREEN DESERT WATER llevan dando caña con un estilo a caballo entre el hard rock, el stoner y el blues psicodélico desde que en 2012 lanzaran su primer trabajo titulado Green Desert Water. Ahora, tras unirse al sello americano Small Stone, acaban de publicar su nuevo álbum Solar Plexus, con el que modernizan su sonido manteniendo evidentes influencias de bandas como BLACK SABBATH o LED ZEPPELIN y redefinen sus fronteras musicales. Las ganas que ponían Kike Sanchís, guitarra y voz, Juan Arias García al bajo y Javi González a la batería sobre el escenario lograron que la gente fuera poco a poco animándose a acercarse saliendo de su madriguera y dejándose el cuello con The Deepest Sea o Mother Moon.
 
 
Momento de regresar al escenario principal para ver en acción a la primera banda internacional del festival, que no era otra que la que la del incombustible y legendario Marky Ramone: MARKY RAMONE’S BLITZKRIEG. El batería es todo un habitual en los festivales españoles, pero, ¿cuándo no entran bien un buen puñado de clásicos del punk de RAMONES?
 
Acostumbrados al baile habitual en la formación, en esta ocasión estaba formada por Iñaki Urbizu “Pela” de SUMISIÓN CITY BLUES a la voz, Martin Blitz al bajo y otra leyenda como Greg Heston a la guitarra, muy conocido por su labor durante años en BAD RELIGION. Aprovecharon bien los 50 minutos de los que dispusieron interpretando casi treinta cortes, que se dice pronto, que enlazaban sin descanso uno detrás de otro pese a dar aquella misma noche un segundo bolo en Galicia.
 
Con un “Puxa Asturies!” trataba Iñaki de meterse al público en el bolsillo antes de interpretar con una gran energía y sin quitarse su chaqueta (qué mal lo pasamos por el calor que debía estar aguantando) temas como Rockaway Beach, I Don’t Care, Sheena Is A Punk Rocker, Havana Affair, Rock N Roll Highschool o la romántica I Wanna Be Your Boyfriend. Si bien es cierto que en un principio el sonido fue bastante regulero, con bajo y guitarra casi inaudible, poco a poco la cosa se fue nivelando hasta llegar a algo aceptable.
 
 
La gente fue arrancándose con los bailes y entramos en la vorágine de hits absolutos con una traca final compuesta entre otras por Pet Cementery, I Wanna Be Sedated o Do You Remember Rock N Roll Radio?. Una acelerada Blietzkrieg Bop puso el broche a la actuación antes de que el propio Marky caminara hacia el frente del escenario para dar las gracias a su público.
 
Sin tiempo para pillar el inicio, ya que no hubo casi intermedio entre actuaciones, regresamos al segundo escenario para presenciar el show de los catalanes CRIM. Se trata de una banda que está creciendo muchísimo a golpe de tocar en festivales como el Resurrection Fest, Gasteiz Calling o el Punk Rock Bowling de Las Vegas junto a ilustres del género, pero para quienes no conozcan a este cuarteto, son un grupo de punk rock o hardcore melódico al estilo californiano que mezcla las voces graves y raspadas de su cantante y guitarrista Adri con coros melódicos a cago del resto de integrantes. Ah sí, y cantan en catalán.  Acaban de lanzar un EP titulado Sense Excuses a pesar de que cuentan ya con dos largos.
 
El cariz alegre de su música mantuvo animados durante poco más de media hora a un público que llenó el espacio por primera vez y bailó al ritmo de Benvingut Enemic, Una cançó i una promesa, Verí Caducat o Maneres de Viure. El concierto se me pasó en un “pis pas” y antes de que me diera cuenta ya estaban cerrando con Castells de Sorra, de su LP Crim, mientras los más fieles cantaban con el puño en alto.
 
 
El primer plato fuerte del día llegaría con los suecos ROYAL REPUBLIC, una banda que si bien no ha inventado nada tiene por costumbre ser una máquina casi perfecta de temazos rockandrolleros. Y no defraudaron. Ofrecieron un show dinámico a la altura de las expectativas, haciendo partícipe al público y respaldados por un sonido que, esta vez sí, fue casi perfecto en la Laboral. Ataviados con sus trajes dorados brillantes y presentando su último trabajo Weekend Man, su frontman Adam Grahn fue quien se ganó a los asistentes haciendo gala de su particular simpatía sobre el escenario.
 
Empezar el concierto con un trallazo como When I See You Dance with Another no es sino sinónimo de éxito. El recinto se fue llenando a ritmo de garage rock mientras sonaban Walk!, Make Love Not War (If You Have to Make War - Make Sure to Make Time to Make Love in Between) (tela con el título) con middle de música disco incluida para nuestra sorpresa y un momento estatua antes de finalizar, o Strangers Friends Lovers Strangers, de su anterior Seven The Nation.
 
 
Siguieron con su conocida Underwear, del debut We Are The Royal, antes de hacer corear a todo el público la melodía del estribillo de Everybody Wants to Be an Astronaut con el propio Grahn ejerciendo de director de orquesta para posteriormente, presentarnos su guitarra acústica e interpretar con ella una versión de Addictive con el batería Per Andreasson cantando los coros en el mismo micro que el guitarrista Hannes Irengård, creando una estampa llamativa con los cuatro miembros al frente.
 
Entonces llegaron dos de los momentos estrella del show, cuando en mitad de Tommy Gun subieron a una chica para tocar la guitarra previa clase express de Adam Grahn y cuando hicieron elegir al público entre IRON MAIDEN o METALLICA. Como ganaron los segundos, tocó escuchar una versión de Battery muy celebrada. Con Full Steam Spacemachine y una efectiva Baby finiquitaron el mejor concierto hasta el momento del festival, tanto por sonido como por puesta en escena. Bien por los suecos.
 

 
MINOR EMPIRES fueron los encargados de continuar con la música mientras caía la noche sobre Gijón. La superbanda formada por los miembros de NOTHINK Juan Blas y Miguel Peñas, Javier Seisdedos de MOONICH y el ahora ex bajista de TOUNDRA Víctor García-Tapia, presentaron su último trabajo publicado a finales de este año, United States Of Emergency Vol. 2, que ejerce de continuación a su Vol. 1.
 
Con su post-rock deleitaron a una multitud que no cabía en la pista frente al escenario y ni tan siquiera en los alrededores; estaba aquello abarrotado. Big Parade y Suicidal Committee abrieron la veda seguidas de The Story of Timothy Treadwell, de su primer disco Minor Empires, que volvieron a revisitar con Linsey. La interpretación de su videosingle Trust fue uno de los puntos álgidos del concierto, para el que tampoco se olvidaron de la primera parte de United States Of Emergency con cortes como The Escapist o The Regrets of the Dying, esta última para poner punto y final a una sobresaliente actuación.
 
 
En este momento de la noche aprovechamos para cenar, por lo que inevitablemente nos perdimos algo de la actuación de GOGOL BORDELLO en el escenario principal. No piloto mucho a la banda de gypsy punk. De hecho, nunca han acabado de gustarme, aunque sabía que su propuesta, muy multiinstrumental y orientada al folclore de los países del este, no dejaría a nadie indiferente.
Con una plaza a reventar, esta banda integrada por músicos de diferentes nacionalidades y con base en Nueva York puso toda la carne en el asador para sus incondicionales, que no dejaron de bailar al ritmo de clásicos como Start Wearing Purple, de su debut, Not A Crime, Inmigraniada (We’re Coming Rougher) o Wonderlust King. Nunca hubo tantos músicos sobre el escenario de la Laboral como en ese momento en todo el festival, ¡hasta ocho!
 
 
Aparte de ser un gran frontman, Eugene Hütz es también un reconocido activista por los derechos de los inmigrantes, hecho que refleja en las letras de las canciones de GOGOL BORDELLO y que recordó con un mensaje sobre la importancia de la unión para luchar por estos derechos.
 
Antes de la actuación de THE PRODIGY, cabezas de cartel del viernes, nos faltaba todavía por ver a una última banda en el escenario pequeño. Se trata de los revolucionarios del country DEAD BRONCO. De nuevo, el lugar a reventar para escuchar en directo la propuesta de Matt Horan y compañía. Esta agrupación de gran base nacional (tiene miembros de MOONSHINE WAGON o LA MARAVILLOSA ORQUESTA DEL ALCOHOL) lleva ya años girando con asiduidad por toda europa y acaba de publicar su último álbum, Driven By Frustration, apenas un año después de su anterior referencia. En él, su líder y compositor da una vuelta de tuerca a su hellbilly incorporando elementos del metal y el punk. Una mezcla, por tanto, bastante original y llamativa para el espectador. El sonido acompañó en el escenario, como durante toda la jornada, y la alegre música del quinteto ayudó a que el ambiente fuese festivo y distendido.
 
 
Y llegó la hora de la banda de cabecera. Siempre polémicos y más cuando tocan en festivales a priori extraños a su género electrónico, THE PRODIGY pueden presumir de tener un público de lo más diverso, habiendo conquistado nichos como el punk o el metal.  Su popularidad no ha hecho sino crecer desde que lanzaran aquel The Fat Of The Land hace ya más de dos décadas, siendo uno de los principales valedores del estilo big beat.
 
Lo cierto es que aquella no fue su noche. Para empezar, salieron al escenario con hasta media hora de retraso, lo cual siendo la última banda animó a parte del público a marcharse ya a descansar. No obstante, también había otra tanta llegada solo para ver a los británicos, por lo que la cosa quedó compensada. Tampoco el sonido les acompañó, con constantes problemas para escuchar las voces de Maxim Reality y Keith Flint, siendo el peor con diferencia de toda la jornada. Eso sí, cuando empiezas un concierto con Omen te aseguras que la gente lo va a dar todo y lo cierto es que las primeras filas fueron un hervidero de pogos de principio a fin.
 
Como no, otorgaron protagonismo en el setlist a su último lanzamiento, The Day Is My Enemy, con hasta cinco cortes del mismo, siendo Nasty y Wild Frontier las que mejor funcionaron bajo mi punto de vista. También hubo lugar para un par de temas nuevos de su próximo álbum y no se olvidaron de dar un buen repaso a su clásico contemporáneo Invaders Must Die, rescatando temas como Run With The Wolves o Take Me To The Hospital, la cual eligieron para cerrar, además del tema homónimo y la ya mencionada Omen.
 
 
Los momentos más esperados llegaron, como no, con Breathe y con una Smack My Bitch Up ininteligible debido a unos graves exageradamente altos, pero que llevó el delirio al público con momento “sentada” instigado por Maxim incluido. Aunque como concierto dejó mucho que desear, digamos que a esas horas ya no importó mucho a buena parte del personal, que tuvo aquí su cierre perfecto a la primera jornada del festival.
 
SÁBADO
 
Tras un apropiado descanso, nos disponíamos a encarar con más ganas aún si cabe esta segunda jornada de TSUNAMI, apodado “el día punk” por la nada desdeñable coincidencia de tres pesos pesados de la escena del punk rock mundial como son MILLENCOLIN, LAGWAGON y BAD RELIGION.
 
Antes de ir al recinto, como ya ocurriera el viernes, teníamos los conciertos del medio día por la ciudad, en este caso en la Plaza del Ayuntamiento. La asistencia era obligada porque allí tocaba una de las mejores bandas del festival: las gallegas BALA. Y en el mismo escenario antes de ellas, BOBKAT’65, pero nos fue imposible llegar a tiempo.
 
Bajo un sol de justicia que daba el relevo al cielo nublado del día anterior, el dúo trató de sofocar el calor con su particular ola de ruido, que inundó la plaza pasándonos por encima. Por si acaso, todavía había quien se resguardaba debajo del vinilo que acababa de adquirir en el puesto de merch y que contenía su segundo y último trabajo, Lume.
 
Anx (guitarrista) y V (batería), como se hacen llamar estas chicas, dieron una demostración de entrega a ritmo de su stoner influenciado por el grunge o el punk y deleitaron al personal con cortes del último disco como Omertá, Colmillos o Luces, sin dejar atrás su primera referencia Human Flesh, de la que rescataron el tema homónimo, Joan Vollmer o Freedom Is. Pasaron un momento de apuro cuando justo después de presentar Flapper y dedicársela a las mujeres del público el ampli de Anx se quedó sin sonido, problema que fue solventado en lo que V se hacía un solo de batería. Eso es tener tablas. Quizás no fue su mejor concierto, pero cumplen siempre. Una buena manera de calentar motores antes de pillar el bus hacia la Laboral.
 
 
Nada más llegar a la entrada del recinto nos enteramos del cambio de horarios propiciada por la pérdida del vuelo de LAGWAGON, que hizo que pasaran a llamarse “Lagplane”. Además de este atroz chiste por el que merezco la muerte, no tuvo mayores consecuencias que la reprogramación del concierto de NIÑA COYOTE ETA CHICA TORNADO en el escenario principal y un ligero adelanto de las actuaciones venideras.
 
Tras un retraso de media hora en la apertura debido a las pruebas de sonido de THE VINTAGE CARAVAN, finalmente entramos y fuimos derechos a ver en el escenario pequeño a una banda que representa todo un descubrimiento para mí: los asturianos ORIGEN. Formados por Miguel Nicolás a la guitarra y voz, Carlos Viña al bajo y Luis García a la Batería, este power trío ejecuta un rock alternativo que en sus maneras me recuerda mucho a la música de sus paisanos DESAKATO o de los euskaldunes BERRI TXARRAK.
 
Con dos largos hasta la fecha, Estados de 2014 y Fronteras de 2016, la banda ya se ha hecho un hueco en la escena asturiana y aspiran a cotas más altas mientras preparan su tercer disco. Aprovecharon a la perfección su media hora dando un buen repaso a sus mejores temas y mostraron una actitud inmejorable sobre el escenario que hizo que poco a poco la gente se fuera animando a pesar del calor. Destaco sobre todo el potente juego de voces cada vez que su bajista intervenía con los gritos, un factor que marca la diferencia en sus directos y que tuvo su máximo esplendor cuando interpretaron La Señal. Quedé francamente contento con su actuación.
 
 
Tuvimos que salir pitando hacia el escenario principal, ya que el retraso inicial se comió el tiempo de transición de un concierto a otro, así que cuando llegamos estaban ya THE VINTAGE CARAVAN y su stoner psicodélico en plena faena. Eso sí, merecieron la pena las pruebas de más de los islandeses porque aquello sonaba como los ángeles. Inicio demoledor con Crazy Horses y Craving de un setlist que me pareció excelente. ¡Vaya pila de temazos que se gastan! Y eso que tocaron hasta tres cortes de su inminente tercer álbum, Gateways, que funcionaron a las mil maravillas en directo.
 
Óskar Logi Ágústsson, cantante y guitarrista, ejerció como líder indiscutible del trío y se llevó casi todo el protagonismo a base de solos virtuosos y posturas imposibles. Babylon, que puso a todo el mundo a salta en las primeras filas, fue el tema más celebrado por el público justo antes de cantarle el cumpleaños feliz al batería Stefán Ari Stefánsson, mientras que la majestuosa y progresiva Expand Your Mind, de su debut Voyage, puso el broche a otro muy buen concierto en el día del sábado. Y eso que acababa de empezar.
 
 
Momento de volver a darse una vuelta por el secundario, donde tocaban PINGÜINO, de nuevo una banda asturiana y de nuevo un power trío, quedando patente que el festival apuesta por este tipo de formato en el que el sonido es más crudo y rockero sea cual sea el estilo. Sin embargo, estos no me calaron. Y eso que puse toda la atención, pero hay veces que ni intentándolo. A la mitad del concierto decidí que mejor me iba a coger sitio para uno de los platos fuertes del día: los suecos MILLENCOLIN.
 
Cuando el reloj marcaba la hora exacta, el cuarteto de punk rock apareció sobre el escenario con tintes épicos mientras sonaba la famosa composición de Richard Strauss Also Sprach Zarathustra. Una Sense & Sensibility más acelerada que en la versión de estudio fue la encargada de dar el pistoletazo de salida ante un público entregadísimo que no dejó de cantar, saltar y poguear. Protagonismo para su último disco de estudio, True Brew, pero también, como no podía ser de otra forma, para Pennybridge Pioneers, su álbum más laureado (más o menos la tercera parte de los temas, lo que demuestra que sigue teniendo un peso muy importante en los directos a pesar de datar ya del año 2000).
 
 
Muy festejadas fueron Olympic, Twenty Two y The Ballad, en la que Nikola Sarcevic se colgó la acústica y consiguió uno de los momentos más especiales del concierto, haciendo cantar a capela a cientos de personas. La calidad del sonido fue sustancialmente peor que en el anterior concierto, aunque por lo que tengo entendido este no es un grupo conocido por sonar bien precisamente y para lo que suele ser la cosa estuvo más que aceptable.
 
El circle pit pedido por la banda fue inmediatamente respondido en Autopilot Mode, cuando a muchos de los allí presentes nos sorprendió ver a una cría en brazos en el mismo. En fin, menos mal que no le pasó nada. Con el skate punk de la velocísima Mr. Clean fuimos llegando a un final que se encargaron de apuntalar con Fox y la mítica No Cigar. Imposible no terminar con una sonrisa de oreja a oreja.
 
En una nube nos fuimos a ver el concierto de los cordobeses VIVA BELGRADO, quienes son seguramente una de mis tres bandas nacionales favoritas. Mientras preparan su tercer largo, el cual no tardará mucho en ver la luz, pudimos disfrutar de nuevo de mucho del material que tienen hasta la fecha en directo. A mí, que tuve un enganche muy serio al Flores, Carne, siempre me encanta que comiencen un show con la dupla Báltica y De Carne y Flor. Tampoco se olvidaron de otras como Madreselva, Höstsonaten o la maravillosa Osario, mientras que rescataron El Gran Danés de su EP El Invierno. De su último largo Ulises, cómo no, pudimos escuchar casi todos los cortes. Ravenala, último tema del disco, fue la elegida también para cerrar el concierto.
 
 
Decir que tuvieron que cambiar de batería hace unos meses y la verdad es que aún no los había visto desde el cambio, pero tengo que decir que Álvaro Mérida cumplió con creces. Nuevamente, como ya ocurriera la jornada anterior, no cabía un alfiler en la zona del escenario secundario, aunque esta vez la aglomeración llegó incluso más temprano. La banda, que lleva la friolera de más de 150 conciertos en 26 países en los últimos dos años, se mostró muy agradecida por ello y particularmente es un placer subir al festival desde bien abajo para ver cómo una banda andaluza lo peta. Para seguir con la tónica en este escenario, volvimos a tener un gran sonido.
 
 
Una vez cenados, nos dispusimos a presenciar el show de NIÑA COYOTE ETA CHICO TORNADO, banda difícil de ver de Despañaperros hacia abajo, pero que por lo que hemos podido ver tiene bastantes seguidores. Volvemos al formato dúo después del concierto de BALA en la mañana y aunque en este caso no controlaba mucho de la banda, que practica un stoner rock con toques doom, conseguir que el escenario principal no se les quedara grande siendo solamente dos y habiendo sido avisados del cambio unas horas antes dice mucho de esta pareja guipuzcoana.
 
Uniformados de rojo, Ursula Strong y Koldo Soret hicieron gala de una perfecta sintonía sobre el escenario e interpretaron temas de su último disco Eate y su debut homónimo, aunque fue una versión la que puso a botar a toda la plaza: un clásico como el Killing In The Name de RAGE AGAINST THE MACHINE.
 
 
Uno de los momentos más esperados para muchos asistentes era el de ver a los rockeros suecos THE HIVES en acción. Es imposible que la expectación no sea máxima ante una banda que tiene la fama de poseer uno de los mejores directos del rock. A mí, personalmente, no me pareció para tanto. El concierto estuvo bien, bastante entretenido a ratos y pesado cada vez que el vocalista Pelle Almqvist se emocionaba y le daba por dar unas chapas de campeonato en su castellano B1.
 
No sé otras veces, porque es la primera vez que los veía, pero en esta ocasión el concierto lo salvaron los temas; esa pila de hits que los Fagersta tienen para parar un tren. Y así, ante una plaza hasta la bandera tiraron de Walk Idiot Walk o Main Offender para empezar, siendo esta última de las más exitosas de todo el concierto, hecho que me hace pensar que más de un fan de La Vida Moderna habría por allí.
 
 
Con Die, All Right! pusieron los bailes y los pogos en movimiento, mientras que con Go Right Ahead y Hate To Say I Told You So se encargaron de hacer que no decayera la fiesta entre charletas de Pelle. Sin embargo, fue a mitad de Tick Tick Boom cuando la brasa del señor Almqvist alcanzó su súmmum, donde no solo cruzó la barrera de ser simpático a lo cansino sino que la destrozó. Quince minutos, sí, quince, estuvo entre que hacía dos gracias, que presentaba a la banda tomándose todo el tiempo del mundo, que decía a la gente que se sentara, ahora otra vez de pie, ahora que se sentaran de nuevo… No sé si es que el hombre se habría enfangado y no sabía salir, pero finalmente salió y con Return The Favour nos devolvió algo de buen sabor de boca para acabar.
 
 
Mientras LOS CORONAS y su surf rock echaban el cierre al otro escenario, nosotros decidimos ya no movernos de donde estábamos para presenciar los dos últimos conciertos del festival.
 
BAD RELIGION son todo un estandarte del punk rock. Una leyenda viviente que casi cuarenta años después de su fundación es capaz de pintarle la cara en directo a cualquier banda del estilo. Y en el TSUNAMI, ante un público entregadísimo, volvieron a patear culos una vez más. El aspecto de profesor universitario de Graffin contrasta con la juventud que desprende la banda sobre el escenario a la hora de ejecutar composiciones que no son precisamente lentas y la sensación de hacerlo sin esfuerzo alguno, como una máquina perfectamente engrasada.
 
Suffer es uno de los discos más importantes de los dieciséis que han grabado los de Los Ángeles, pero no porque sea de los mejores, que también, sino porque supuso la vuelta al ruedo de la banda cinco años después, tras dejarlo con solo dos álbumes publicados. Este año se cumplen treinta desde su lanzamiento y el quinteto (al que se une en estudio el legendario Brett Gurewitz, miembro fundador y dueño de la discográfica Epitaph) ha decidido realizar un puñado de fechas selectas en las que interpretar el disco de principio a fin, algo que unos cuantos afortunados pudimos presenciar aquella noche.
 
 
Con Generator supieron enganchar a la gente desde el minuto uno y aquello fue un no parar de pogos y crowdsurfers en la zona más cercana al escenario. Es cierto que al principio el sonido no fue el mejor, pero en cosa de pocos temas se arregló y aquello sonaba de escándalo. Anesthesia, Los Angeles Is Burning o I Want to Conquer the World probaron el buen estado de voz de Greg Graffin y la completa adaptación al grupo del guitarrista Mike Dimkich y el batería Jamie Miller, que acaba de cumplir dos años con ellos.
 
Locura desatada con 21st Century (Digital Boy), que hizo que cantásemos y saltásemos al unísono para después disfrutar de una que es ya todo un clásico como la explícita Fuck You, inamovible del repertorio pese a pertenecer a su último álbum True North. You y No Control, de ese disco enorme que lleva el mismo nombre, convirtieron aquello en un campo de batalla que se extendió hasta la inmortal Modern Man. Con los ánimos un poco más calmados, que no apagados, después de escuchar temazos más recientes como Wrong Way Kids o Dearly Beloved llegó la particular santa trinidad de himnos con American Jesus, Infected y Sorrow, logrando una armonía perfecta entre banda y público. La píldora de su primer álbum Fuck Armageddon... This Is Hell sirvió para cerrar el repertorio de greatest hits… ¡con 22 canciones! Y es que todavía nos faltaba por escuchar el Suffer entero. Es decir, otras 15.
 
 
Cambio de fondo que pasa a ser ocupado por la portada del disco en cuestión, que se cepillaron en poco más de 25 minutos. Aquí tuvo lugar un evidente bajón entre el público; temas menos predilectos unido al cansancio general. Aun así, How Much Is Enough?, la homónima Suffer o Do What You Want consiguieron volver a levantar al personal antes de poner el punto y final tras hora y media exacta de concierto. La hora y media mejor aprovechada de la historia.
 
Después de ir al baño a reponer al menos un litro de agua para no morir allí mismo, quedamos a expensas de que se iniciara el concierto de los recién aterrizados LAGWAGON, que mientras tanto estaban sobre las tablas haciendo las pertinentes pruebas de sonido. Mucha gente había abandonado ya el recinto, por lo que estuvimos bastante anchos a una distancia cercana.
 
Por fin vimos aparecer a Joey Cape con una guitarra acústica, con la que interpretó Burden Of Proof, del último disco publicado por la banda, Hang. Pronto, se le unió el resto para seguir el tracklist del álbum y tocar así Reign, una de mis favoritas de los californianos. Sin embargo, se notaba que las pruebas de sonido fueron insuficientes y aquello no terminaba de sonar como uno espera. Island Of Shame y Violins volvieron a enganchar al público antes de que llegara un momento inesperado: el anuncio de Cape de que interpretarían su disco Let's Talk About Feelings de principio a fin. A decir verdad, la noticia cayó como una losa sobre nosotros, que esperábamos más bien un setlist de grandes éxitos para despedir el festival. Y visto lo visto, hubiese sido lo mejor. Después de After You My Friend aquello irremediablemente fue cuesta abajo, hasta que sonaron los primeros acordes de May 16 y nos tiramos al pogo sin dudarlo.
 
 
Entre las bromas de Cape con su gigantesco guitarrista Chris Flippin llegamos a la traca final, produciéndose una mejora sustancial del sonido. Estos últimos temas fueron The Cog In The Machine, Razor Burn y Exit, versión de NO USE FOR A NAME en memoria del mítico y desaparecido Tony Sly, pues es conocida la especial relación que siempre mantuvieron ambas bandas. Sensación agridulce la que dejó este último bolo.
 
Y así fue cómo terminaron dos días intensos de conciertos en un lugar acogedor, en una ciudad que nos ha dejado huella y con una organización que cumplió con creces su cometido, aunque siempre haya aspectos que se puedan mejorar. Genial la actitud de todas las bandas y la del público, que no dejó incidentes importantes y pudimos disfrutar de un gran ambiente. Aun con todo, siempre hay una minoría que está dispuesta a amargar la fiesta a los demás y es por ello que sobre todo durante el concierto de THE PRODIGY hubo que lamentar varios robos. 
 
Esperamos que haya TSUNAMI XIXÓN por muchos años porque es un festi que realmente merece la pena y, personalmente, poder volver cuanto antes. ¡Hasta pronto, Asturias!
 
 

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