Por Odigir Olaf
 
 

Jueves 14 de Julio, con un calor abrasador, y nos dirigimos al Estadio Olímpico sito en la Isla de la Cartuja para asistir a un evento único y especial: la primera visita de IRON MAIDEN a la capital andaluza. La última vez que se dajaron caer por tierras sevillanas fue en Octubre del 98, en la gira del “Virtual XI” , aunque en Dos Hermanas, con Blaze al frente de la banda. Hace apenas dos meses también tuvimos a la versión 2.0 de AC/DC en el Estadio, con lo que este año está siendo único en cuanto a conciertos de Rock/Metal. Sevilla se vuelve rockera.

Efectivamente, en los aledaños del Estadio, y desde las cinco de la tarde, la marea negra de fans de todas las edades comienza a agolparse expectante (especialmente bajo el puente del Alamillo, que resguarda de un sol sofocante), comentando sus anteriores experiencias con la Doncella, hasta que se abren las puertas. La multitud va accediendo al interior del auditorio para comprobar cómo se ha colocado un escenario inmenso flanqueado por dos grandes pantallas en mitad de la pista y se ha limitado el acceso a la grada sur, adaptando el espacio a la entrada prevista: unas quince mil personas.

La banda elegida para abrir la tarde es la joven formación The Raven Age, entre los que se incluye George Harris (hijo de Mr. Steve Harris) como guitarrista. Y es que, lejos de aquella época en que la Dama (y promotores) traían teloneros de renombre como Helloween, Megadeth, o Gamma Ray (la primera vez que los vi en 2000 trajeron a Spiritual Beggars y a Entombed) para atraer público, se ve que la maquinaria de hacer dinero está calentita y se pueden permitir salir de gira en familia. Ya ocurrió el pasado año que el bajista se trajo a la banda de su hijo para abrir en su gira “British Lion”. Y bueno, The Raven Age hacen un metal modernito muy a medio tiempo que no pega nada. Tocaron treinta y cinco minutos en un concierto a bajo volumen y con muchas pistas de teclados y coros pregrabados mientras la zona habilitada se iba llenando de gente.

A las diez de la noche, con un atisbo de luz aún en el horizonte, desde la amplificación sonó la mítica “Doctor Doctor” de UFO, con la que Maiden viene avisando desde hace años, y los asistentes comenzamos a salivar como perros de Pavlov. Y la magia comienza. Estamos en la gira de presentación de su reciente “The Book of Souls”, y abren de forma inusual con el pasaje vocal de “If Eternity Should Fail”, en el que Dickinson aparece con capucha, entre luces, humo, y misterio, para dar paso a la banda al completo tras un petardazo de chispas y fuego. Lo primero que vamos a percibir es el magnífico atrezzo del escenario elegido para la gira: una ambientación basada en la América precolombina en dos niveles, con una pirámide sobre la primera lona, que otorga profundidad y magnitud. Me choca un poco esta estética, ya que la imagen del Eddie actual, pese a lo tribal, me rememora más a lo africano que a lo americano, pero bueno, son minucias sin importancia…

Este primer corte a medio tiempo da paso al single “Speed of Light”, más rápido, más rockero, más comercial, y la multitud se levanta (a pesar de ese horroroso estribillo). El público de pista, cada vez más encendido, empuja hacia las primeras filas, haciendo tambalear las vallas que separan a los que han pagado noventa euros de los que han pagado ciento treinta por el mismo espectáculo. Y es que se nos está yendo de las manos. Puede que hablemos de una de las marcas de Heavy Metal que más dinero mueven, pero desde luego el precio de la entrada ha subido hasta unas cotas prohibitivas en los últimos años (recuerdo que la entrada en 2000 me costó 4.500 pesetas, unos 27 euros al cambio en la época). El abono de tres días del Resurrection Fest, en el que participaron más de cincuenta bandas (Iron Maiden entre ellas) costaba lo mismo que la entrada para este show. Entre el IVA español y demás monsergas no todo el mundo puede permitirse pagar una entrada para ver a sus ídolos. Dickinson percibió la crispación de las primeras filas y lanzó la primera pulla verbal: la banda no estaba de acuerdo con la argucia monetaria llamada ‘Black Circle’, y, poco después, se retiraron las vallas. Por cierto, el merchandising oficial estaba carísimo también. O a lo mejor es que en este país los sueldos no suben a ritmo europeo.

Siguió uno de los temas más emblemáticos de este setlist escogido, “Children of the Damned”, que se alzó como la joyita inusual de la gira. Adrian Smith comenzó el tema con una guitarra acústica fija sobre un pie, y el público sevillano se vino arriba con los redobles, cuando la canción rompe: esa sensación de subidón cuando uno grita de euforia y no se oye a sí mismo porque la audiencia grita mucho más fuerte ¿saben de lo que les hablo? Por Iron Maiden no pasan los años. Muchos de los que estábamos allí los hemos visto varias veces. Algunos hablan de su primera vez en el 88, casi treinta años atrás. Para otros esta fue su primera vez, y la atesorarán en su memoria porque por fin tuvieron delante a estos magos de la música, a estos pioneros del Heavy Metal con los que han crecido, con los que han aprendido a tocar, a los que asocian a su juventud rebelde, a los que les cambió la forma de entender la música, y la vida. Y siguen igual, porque cada concierto está cuidado y medido al milímetro: el tiempo entre temas, la decoración completa del escenario en cada canción, la vestimenta de sus miembros (especialmente Dickinson, con un look expedicionario, pasando por la chaqueta de miliciano en “The Trooper”, hasta terminar en camiseta de tirantas).

Y es que en lo visual es un auténtico espectáculo. Las enormes lonas que cambiaban según la canción que interpretara la banda no sólo tenían una función decorativa, sino que servían para meternos en contexto, para ubicarnos en tiempo y para crear climas diferentes. Se hizo mucho uso de pirotecnia, se usaron cañones de luz para cada uno de los seis miembros de la formación actual, y como siempre, la figura de Eddie zancudo surgió de bambalinas para terminar peleando con Janick Gers. La actitud de la banda es pura profesionalidad: cada uno tiene un papel individual e interactúan entre ellos con un buen rollo que sólo los años de carretera y de compartir escenario pueden otorgar. 

 
Nicko McBrain es una bestia de las baquetas. Si hay algo que destacó sobre la mezcla sonora fue la percusión, por volumen, nitidez y precisión. Los platos se oían y diferenciaban con brillo, y pudimos disfrutar en video y en audio en directo esos repiques de timbales interminables que le caracterizan. Tapado casi en su totalidad por esa enorme batería, en ocasiones pudimos verle, quizá algo más ajado de lo que le recordábamos (son 64 años a sus espaldas) pero luciendo esa sonrisa tan característica.

Steve Harris es un pilar del Heavy Metal en sí. Por él no pasan los años, ataviado con su bajo Fender Precision, con su pose mítica señalando al público con la pala. Harris es Iron Maiden. Verle cantando las letras y corriendo por el escenario es un placer. No hay más que decir.

El trío guitarrístico también es emblema de la Dama, especialmente desde ese “Brave New World”, en el que remodelaron el line up de la banda como sexteto. Dave Murray (único fundador junto a Harris) estuvo espectacular en lo visual: se ha dejado crecer esa media melenita que llevaba hace tres años en el Sonisphere de Rivas-Vaciamadrid, ha dejado de lado esas pataditas al aire para moverse más, participar más con el público, y ha incorporado una Gibson LesPaul con FloydRose que usó en dos temas (incluyendo “The Trooper”), alternando con su ya acostumbrada Stratocaster. Adrian Smith quizá sea el miembro más tímido y cabal de la formación, pero nos ofreció un recital de categoría y estilo, aportando las guitarras acústicas y haciendo de soporte vocal, además de regalarnos esos solos tan versátiles y emblemáticos. Y ¿qué decir de Janick Gers? Ese hombre incombustible que aporta furia, broma, velocidad a la formación. Lo mismo se pone a pelearse con el Eddie tribal que lanza la guitarra al aire, la pisa, sale a correr, utiliza monitores como sparring… un show en sí mismo. Espectaculares los tres, cada uno en su estilo, aportando matices distintos en una mezcla sonora demasiado uniforme en cuanto a registros que sonó difusa y sólo pudimos apreciar en los solos.

Pero sin duda el que más destacó en lo visual fue el maestro de ceremonias, Mr. Bruce Dickinson. Nos tenía preocupados debido a la reciente enfermedad que ha superado, pero he de decir que físicamente parece rejuvenecido. Saltos, guiños, carreras… el vocalista recorrió sin parar cada una de las zonas del escenario, aprovechando cada pausa, cada solo, y cada pasaje instrumental para cambiarse de ropa. Se puso una máscara de luchador mexicano en “Powerslave”, ondeó la bandera británica en “The Trooper”, nos hizo reír con una máscara de mono, levantó al público como le hemos visto hacer mil veces en dvd y no faltaron esos “Scream for me Seville” antes de cada estribillo en la citada “Powerslave”. Su estado de forma es espectacular. Jugó con el público a su antojo, y bromeó con los demás de su grupo: envolvió literalmente a Gers en una bandera impidiéndole tocar, y, en el último estribillo de “Wasted Years” molestó a Smith quitándole el micro al hacer los coros. Un bicho malo. Su voz contentó a muchos, pero tengo que admitir que ya no es lo que era. Ya no desgarra nada, y se limita a usar y abusar de ese registro agudo y limpio, en ocasiones levantando la melodía más de lo que debiera. Sobre todo al principio, la voz estaba altísima de volumen, llegando crear frecuencias molestas, y, con el desarrollo del espectáculo y el subsiguiente desgaste físico, había ocasiones en que tenía que separar el micro cortando frases a las que no llegaba y dejando cantar a la multitud. C’est la vie.

El setlist escogido también es bastante polémico, aunque da la impresión de que hagan lo que hagan, Iron Maiden van a triunfar. Por un lado creo que “The Book of Souls” es un disco bastante mediocre, lleno de riffs baratos en un cortapega de canciones interminables (mejor no hablemos de su antecesor), pero por otro he de admitir que supieron defenderlo intachablemente en directo y hubo momentos mágicos (el estribillo de “Death or Glory”, o la canción entera “The Book of Souls”, que nos sorprendió gratamente). Todos sabemos que Maiden es una banda de directo, y ese día, una vez más lo demostraron. Hay gente que echó en falta más temas clásicos de los ochenta. Siempre pasa, pero hay que tener en cuenta que vienen presentando un disco, y es lo que tienen que hacer. Para escuchar clásicos ya llevan la gira conmemorativa paralela (estos hombres no son normales), aunque sí que cayeron invariables y fijos de su directos de los últimos veinte años como “Iron Maiden”, “The Number of the Beast”, “Fear of the Dark”, “Trooper”, o la absolutamente impresionante “Hallowed Be Thy Name”. Los pastelitos de la gira: “Children of the Damned” y “Powerslave” (con un maravilloso solo de guitarra que nos dejó con la boca abierta). ¿Sobró el truño dedicado a Robin Williams llamado “Tears of a Clown”? Sí, pero bueno, es su disco ¿y qué? “Blood Brothers” nos dejó un fantástico solo final lleno de clima de las manos de Janick Gers, y cerraron de forma sublime con la esperada y celebrada “Wasted Years”. Enorme el Eddie tribal hinchable, y remarcable la tremenda figura de “la bestia” cruzada de brazos que se alzó durante la ejecución de 666. De película. O de dvd y blu-ray (pronto en las grandes superficies).

Gracias a Live Nation por traernos este espectáculo. Y es que Iron Maiden forma parte de nuestra vida, por sus canciones que nos han visto crecer, por sus emocionantes directos, su cuidada puesta en escena, por su garra y su Actitud. Este fue un concierto para la memoria. Para la memoria de Sevilla que les vio por vez primera, y para la memoria de las nuevas generaciones metaleras que les vieron por primera vez. Y había muchos jóvenes, y al mirarles a los ojos y ver ese brillo después del concierto, te das cuenta de que el Heavy Metal está vivo.

Iron Maiden setlist:

If Eternity Should Fail
Speed of Light
Children of the Damned
Tears of a Clown
The Red and the Black
The Trooper
Powerslave
Death or Glory
The Book of Souls
Hallowed Be Thy Name
Fear of the Dark
Iron Maiden
The Number of the Beast
Blood Brothers
Wasted Years