Por Rafa González y Jara Solís

 

El día 15 de julio había quedado guardado en mi agenda como el único día en el que habría en Sevilla capital un concierto de metal para el que me mereciera la pena viajar. Venía un grupo nada más y nada menos que de Canadá, por lo que, a pesar del calor que suele hacer en la capital andaluza por estas fechas, muchos éramos los que aguardábamos expectantes el comienzo de la fiesta.

 

Había pasado una hora ya desde las 8 de la tarde, momento designado para la apertura de puertas, y la sala Even aún seguía cerrada. Sin embargo, antes de que los rumores agoreros llegaran a cuajar, se permitió el canjeo de tickets y la entrada al recinto. Más tarde, como uno de los organizadores del evento le hizo saber a un servidor, se supo que el problema fue fruto de la promotora y no de la Even ni de STRIKER. Mirándolo por el lado positivo, hubo más tiempo para hacer la previa; pero por contra, la ecualización del cabeza de cartel no se pudo hacer como Dios manda. Aunque de eso ya hablaremos más tarde.

 

El grupo telonero de STRIKER en Sevilla, al igual que en otras de las fechas nacionales, era ADAREL. Su música es heavy metal al estilo patrio, recordando a Avalanch, o más aún, por la voz femenina, a Santa. Mis expectativas para esta actuación eran bastante bajas, ya que en disco esta banda me sonó a heavy pureta español muy prototípico. Sin embargo, el directo salió lo mejor posible. Apreciamos un mix de partes muy pesadas y agresivas llenas de fuertes riffs acechantes y partes más solemnes y épicas, aderezadas por la buena técnica de la cantante, que estremecía con sus afilados gritos.

 

adarel

 

La frontwoman portaba un despampanante vestido al que le llegó a añadir unas grandes alas negras. Delante suya, un pie de micro cargado de una inmensidad de cadenas; detrás, una pantalla que mostraba el logo de la banda como si de una llama bailarina se tratase; y todo el lugar lleno de humo empapado de luz roja.

 

Pero si la ambientación era buena, el ambiente era aún mejor. El grupo lo dio todo, y la mayor parte del público joven también. Uno de los guitarristas, con sus constantes incursiones abajo del escenario, echaba gasolina a circle pits realmente frenéticos para el tamaño de la audiencia y a pogos «creativos» -por así decirlo- que a veces acababan con varios chavales cayendo al suelo como fichas de dominó. Aunque si hubiera que destacar algo entre el público serían los bailes de cierto anciano que portaba larga melena tanto en la cabeza como en la cara.

 

 

Tras un descanso no muy largo, comienza STRIKER como una explosión. Al igual que en ADAREL, también hay humo e iluminación colorada. La música, sin embargo, no solo se restringe esta vez al heavy metal, sino que varía entre tal subgénero, el thrash, el speed, el glam metal y hasta en alguna ocasión, el hardcore. STRIKER es un grupo muy polifacético que, grosso modo, ha ido evolucionando de un sonido thrash más duro al glam que exhiben en sus dos últimos singles. Sin embargo, están orgullosos de todas sus etapas, ya que, durante su extensa actuación, no se dejaron nada en el tintero. Por mí perfecto, ya que aunque yo pueda tener preferencias entre un disco u otro, mi preferencia principal es la variedad.

 

 

Cómo no, el público estaba muy emocionado: cuernos al aire, headbanging y mosh desde el principio. Desgraciadamente, por culpa del lío con la promotora antes mencionado, la prueba de sonido no cundió lo suficiente, por lo que STRIKER empezó con una mezcla bastante embarullada y con problemas en la voz, que dejó de sonar en determinado momento, y a pesar de la contribución del público a la hora de avisar al técnico, el problema duró un rato considerable. Menos mal que el público sabe que en estos momentos incómodos su deber es mantener la moral alta, por lo que cantó al unísono: “Oeoeoeoe…”

 

 

Cuando todo se solucionó, tanto la banda como el público fueron sacudidos por una intensa ola de euforia. A lo que cabe añadir la absoluta y total confianza en sí mismo que tiene el cantante, que se pasó todo el bolo lanzando penetrantes miradas a los ojos de todos los presentes. Creo que es una buena táctica de atracción, ya que un buen cruce de miradas une considerablemente a las personas. Además de eso también cayeron algunos abrazos con los de la primera fila, que además tuvieron pequeñas ocasiones para corear haciendo uso del micro principal.

 

 

Que, hablando del micrófono; tal vez debieran comprarse uno nuevo, ya que el aparato se distorsionaba al tratar de captar los súper agudos aullidos del vocalista. Aunque el efecto quedaba bien, al igual que los momentos en los que cantaban todos a la vez o cuando pidieron a los asistentes entonar un «fight for your freedom» en respuesta al “fight for your life«.

 

 

La verdad es que es imposible aburrirse con estos canadienses. Arrasan lo que encuentran a su paso con su torbellino de emociones. Todos los músicos tienen su espacio para brillar. Incluido el batería, que era nuevo y en solo dos semanas se había logrado aprender todo el repertorio a la perfección.

 

 

Al final del todo el bajista hace crowdsurf y la banda lanza algunas púas y baquetas al público. Excepto los problemas de ecualización todo fue como la seda. Este concierto de STRIKER acaba de entrar en el Top de conciertos que he visto nunca en Sevilla.