Crónica: Jose María García

Fotografías: Jose María García y Daniel Muñoz Luque

 

La visita de BRUJERÍA a Málaga el pasado martes fue un rotundo éxito. El evento que reunía en La Cochera Cabaret a la banda mexicana y a PROPHANE en una tarde de un día laborable desapacible, con frío y lluvia, congregó contra mi pronóstico a tanta gente como cabía en la sala.

 

 

El gran bullicio que concentraba en la puerta del local toda la actividad de una larga avenida prácticamente desierta era solo una pequeña muestra de la algarabía que inundaba el interior. Había un gran flujo de gente entrando, saliendo y charlando animadamente en la entrada, haciendo prever una velada animada. En el pequeño hall los sedientos reclamaban su pinta de los grifos de la barra que no daban abasto y el puesto de merchandising colocado justo enfrente también hizo su agosto, sobre todo con los atractivos y variados diseños de las camisetas de BRUJERÍA.

 

 

El grupo de death metal melódico malagueño PROPHANE, creado en 2017, hizo una gran actuación para abrir boca siendo los primeros intérpretes de la noche en La Cochera Cabaret. A pesar del inconveniente de no poder contar con su cantante Ada por estar con gripe, consiguieron bordar su espectáculo al suplir esta baja con el cantante de Sacristía, Neni. Buenos arreglos de teclados, buen sonido en general y un buen puñado de fans dándolo todo haciendo headbanging, además de alguna entusiasmada admiradora que se quedó en ropa interior de cintura para arriba, animando el ambiente desde las primeras filas. Tocaron Resistencia, Sed de sangre, Cruel dictador, Tregua fría, Armagedon y Sal de tu infierno.

 

 

La banda mexicana de grindcore y death metal BRUJERÍA, con parones en su carrera y cambios de formación, lleva en pie desde 1989 y vino a Málaga a demostrar que, tras más de tres décadas, están más vivos que nunca.

 

Nada más salir al escenario los primeros enmascarados de BRUJERÍA, el murmullo jaleante de la gente mostraba su verdadera devoción hacia la banda y el nivel de entusiasmo de los espectadores, impacientes y animados. Acto seguido, mientras sonaba la intro del tema de la canción Pito Wilson, la aparición sobre el escenario de Juan Brujo y el resto de miembros junto a la peculiar y enjuta figura del principal cantante, El Pinche Peach, desató directamente la euforia del entregado público, que se mantuvo a tope de revoluciones durante todo el concierto.

 

 

 

El speech introductorio y el primer tema, Pito Wilson está referido a la discriminación de los mexicanos migrantes por parte de los sectores más conservadores de los Estados Unidos de América. Había muchos mexicanos en el público, que cantaban desgañitándose quizá bastante identificados con parte de la idiosincrasia de su tierra que la banda transmite en la mayoría de sus letras, al hablar de temas como la necesidad del exilio de los mexicanos, el racismo, la violencia o el consumo de drogas y el narcotráfico. Si bien tocan temas muy serios en sus letras, el tono general no es solo de protesta y reivindicación, sino que constantemente se mezcla con el jolgorio, las ganas de desfogar y pasarlo bien, pues no debe ser incompatible una cosa con la otra.

 

 

El segundo tema fue Colas de Rata. El público recitaba cada una de las letras en la primera, en la segunda canción y en cada uno de los temas que siguieron, ahí realmente se notaba la fuerte conexión del público con la banda, ninguno pasaba por allí por casualidad. El cantante principal, El Pinche Peach, el único desenmascarado, transmite toneladas de rabia y guasa a partes iguales.

 

 

En La Migra la intro la hizo narrada, en lugar de recurrir al sample, “…no mames wei, pinche loco…” y tras Echando chingasos se dirigió a un público enfervorizado que no tenía ninguna necesidad de motivación para crear moshings, introduciendo el tema El desmadre gritando “¿Quieres machete? ¿Todo bien? Quiero ver el desmadre.“, convirtiendo los ya violentos pogos en un cataclismo que alcanzaba más de la mitad de la sala y que, con sus idas y venidas, no cesó hasta el final del show.

 

Para introducir Vayan sin miedo comentaba: “Os digo, Brujería ya se nos hacía mucho tiempo sin venir, pero como decía mi papá, cuando él cruzó la frontera, si vas a hacerlo, hay que hacerlo de una manera, ¡Vayan sin miedo!“. Después interpretaron La Ley de Plomo y tras éste tocaron otros cuantos temas como Anti-Castro, División del Norte , Cuiden a los niños, Marcha de Odio, Revolución o No aceptan imitaciones, tema referido al ex miembro de BRUJERÍA Dino Cazares, por el enfrentamiento generado a partir de su separación del grupo y la creación de su propia banda.

 

 

 

Tras Ángel de la frontera y Brujerizmo, El Pinche Peach se dirigió al público en un speech muy particular “¿Hay mariguanos aquí? Aquí no está tu mamá ni tu papá, aquí es mariguano friendly, Ahora que estamos convencidos de que hay mariguanos aquí, ¿Hay mariguana aquí?¿Dónde está la mariguana? Pura mariguana, sin tabaco.” Tras lo que alguien del público le preparó el encargo solicitado, que fumaron y compartieron amistosamente, sirviendo de introducción al tema Consejos Narcos.

 

Ya para finalizar tocaron su archiconocido tema Matando Güeros, con las facas en la mano desenvainadas, paseando agarrada de la pelambrera su famosa cabeza de hombre quemada, que es un controvertido símbolo desde la portada de su primer álbum y llevan por los escenarios a modo de mascota, coronando la bandera de México.

 

 

Como guinda del pastel engancharon directamente desde Matando Güeros con su particular versión de La Macarena de Los del Río.

 

La sensación durante todo el espectáculo fue la de estar ante una banda mítica. El sonido fue contundente y adecuado. En poco más de una hora los mexicanos tuvieron tiempo de desgranar su discografía y demostrar por qué están en la cima. Al encender las luces los rostros del público reflejaban alegría y extenuación a la vez, no fueron pocos los que rodaron resbalando en el violento pogo sin fin que se creó desde el principio del concierto. Una vez terminada la función, muchos tuvieron la oportunidad de saludar, abrazar y fotografiarse con sus ídolos, incluso subiendo al escenario, un detalle generoso por parte de los miembros de la banda que, tras el atrezzo de violencia y misticismo, se mostraron muy cercanos y amigables.