Por Rafael González

El 1 de marzo era la fecha en la que CANDLEMASS daría un concierto en Gotemburgo, pero ese mismo día, a escasas horas del inicio del show, una desoladora publicación apareció en sus redes sociales. Tan solo leí el «debido a circunstancias completamente fuera de nuestro control…» ya me fui despidiendo mentalmente de ver a una de las bandas más icónicas del que posiblemente sea mi subgénero favorito: el doom metal. Resulta que CANDLEMASS cancelaba sus actuaciones en Gotemburgo y Malmo debido a que uno de sus miembros se puso enfermo. Sin embargo, la noche no estaba aún perdida. CRANK, los teloneros, sí que actuarían en Gotemburgo.

 

CRANK es un grupo que quería ver desde que escuché su primer y único EP hasta la fecha, Mean Filth Riders; publicado en mayo del año pasado. Indudablemente, el hecho de estar liderados por Tyrant, uno de los gemelos fundadores de NIFELHEIM, ayudó a propulsar a CRANK hasta la elevada posición de respeto que ha logrado en menos de un año. Pero también es cierto que hacen un heavy metal clásico sobresaliente.

 

Al entrar en la sala, lo primero que llama la atención es la decoración del escenario. Hay un manillar de moto vintage con un foco que se enciende, y de los pies de micro cuelgan sogas de horca. En determinado momento se apagan las luces y sale una mujer a explicar lo de la cancelación de CANDLEMASS y presenta a CRANK, que se encuentra con una audiencia seguramente menor que la que hubiera habido de haber tocado CANDLEMASS, pero aún así, de tamaño muy decente. La banda entonces hace su aparición vestida acorde a su concepto: moteros antiguos, botas de cowboy, chalecos de cuero con parches de Harley Davidson, gafas de sol de aviador, cinturones de balas, tachuelas, etc.

 

 

Después de dejar sonar un poco el feedback de sus instrumentos, empiezan con Rebels of the Night, cuyo riff principal recuerda mucho a SAXON. Sin detenerse, continúan con In the Wind, que empieza recordando al IRON MAIDEN de los dos primeros discos, pero su solo es totalmente a lo Powerslave. Esta es de mis favoritas, y está totalmente a la altura de la grabación.

 

Luego llega mi otra favorita, Thunder Road, cuya trepidante melodía se ve influenciada por JUDAS PRIEST. La letra de este tema, que reza: «another bar, another fight, thunder road» define perfectamente la filosofía de la banda. Pero así lo hacen realmente todas las canciones. La siguiente, por ejemplo, se llama Shooter (tirador), y tiene un riff que se parece mucho al de 2 Minutes to Midnight de IRON MAIDEN, pero al mismo tiempo tiene todo el rollazo MOTÖRHEAD.

 

Después de bromear brevemente con tocar Bewitched de CANDLEMASS, tocan Hot Rock N Roll Band, que es la única composición del EP que no es heavy metal, sino más bien hard rock. Y en ese tono se mantienen, ya que continúan con una versión de Born to be Wild de STEPPENWOLF, algo que les queda muy propio. La energía del público durante todo el concierto fue alta, pero en este momento se acrecentó. Todo el mundo cantó el estribillo a pleno pulmón.

 

 

Después de esto presentaron las canciones que no están dentro del EP publicado. De ahí destaca Snitches Get Stitches, que se da un fuerte aire a los HELLACOPTERS. Y también Hangman, que tiene un inicio que te hará pensar directamente en Wrathchild de IRON MAIDEN. Después hacen un cover de Crank it Up de THE RODS, canción que no conocía pero que suena muy bien. Y luego arremeten con Mean Filth Riders, que empieza muy épica y limpita a lo JUDAS PRIEST, pero que enseguida se pone bien sucia y cruda. Esto da paso a una versión de los reyes de este heavy sucio y crudo: We are the Road Crew de MOTÖRHEAD. Apoteósico final.

 

El show para mí fue perfecto excepto por una pequeña pega. Estaba situado justo delante del ampli del guitarra solista y su sonido en las notas agudas eclipsaba un poco el de los demás. Pero bueno, nada que no se pueda solucionar moviéndose levemente de sitio. Por el resto, músicos extraordinarios con carisma y ambiente bien añejo. CRANK supo poner remedio a una noche que creíamos condenada.