El pasado viernes 6 de marzo de 2026 se levantaba lluvioso y frío, en cierto modo casi que, se podría decir, estaba acorde con lo que iba a suceder por la noche, el concierto de una banda atravesada por una estética gótica y fría: MOTIONLESS IN WHITE. Sobre las 18:00, con menos horas de sueño que las que duraría el concierto, me puse rumbo al Palacio Vistalegre esperando que el sueño se me pasase cuándo empezasen a sonar los primeros acordes; y os adelanto que así fue. 

La potentísima voz de Sean Harmanis, vocalista de MAKE THEM SUFFER, retumbó en el silencio del Palacio Vistalegre para dar comienzo al caos absoluto. Sinceramente, no creo que haya mejor forma de abrir una tarde de viernes que con deathcore en vena.

 

MAKE THEM SUFFER trajo consigo una energía arrolladora que electrizó al público desde el principio. Si entrabas a la pista podías ver pogos en prácticamente cualquier sitio, de esos de lo que a veces parece que solo pasan en las salas pequeñas, en los que vuelan patadas y los two step son el paso principal. 

Conforme el show avanzaba a los pogos, como no podría ser de otra manera, se unía una lluvia de gente que sobrevolaba las cabezas de las personas que estaban en la pista, que aunque no destacaba por estar muy llena, hacían el ruido de mil leones. 

La banda nos deleitó con grandes temas como Ghost of Me, Bones o Erase Me. Si algo cabría destacar de la musicalidad de MAKE THEM SUFFER, es la perfecta armonía entre la voz de Sean y la de su teclista, Alex Reade; convirtiéndose en una combinación explosiva de guturales y armónicos; graves y agudos. La banda australiana cerró el concierto, que aunque fue breve, fue absolutamente espectacular, con Doomswitch, dando por finalizada la primera tormenta de la noche. 

 

Como bien dice el refrán, después de la tormenta viene la calma, y esta vez no podía ser de otra manera, pues ahora era el turno de DAYSEEKER. Si hay algo que caracteriza al post-hardcore es la melancolía y DAYSEEKER vino a recordárnoslo a través de una puesta en escena tranquila, cercana, y sin lugar a dudas, sincera. 

DAYSEEKER trae un directo de esos que son absolutamente necesarios, de estos que casi, casi, una prefiere ver sentada en la grada que en la pista. Quizás no sea una banda con canciones que inciten al pogo o los saltos, pero sí de las que te llegan al alma; de las que te ayudan a reconectar contigo misma. De las que te recuerdan que no todo tiene que ser euforia, ruido y movimiento, que parar y sentir es igual de importante; y que igual que en una tarde pueden converger el caos y la calma, en nuestras vidas también. 

 

Sin embargo, esto no solo lo consiguen con la puesta en escena, si no que la voz de Rory Rodriguez incita a ello; una voz limpia y bonita que sabe combinar lo justo de energía y gutural con la melodía y lo melancólico consiguiendo una mezcla perfecta como pudimos ver Pale Moonlight, Burial Plot o Bloodlust.

Tras los últimos acordes de Neon Grave, las luces se apagaron y comenzaron los preparativos para el plato fuerte de la noche. 

 

 

Con la pista prácticamente llena, las pantallas se encendieron y comenzó a sonar Oiia. Color verde de fondo, un gato girando y una tipografía clara: MOTIONLESS IN WHITE. 

Casi que me cuesta encontrar palabras para lo que fue el concierto de MOTIONLESS IN WHITE, quizás, para mí, no haya sido una de estas tardes atravesadas por la emotividad de ver a una de tus bandas de la adolescencia, pero desde el viernes no puedo parar de escucharlo en bucle. 

Bien es sabido por todos, que los conciertos de MOTIONLESS IN WHITE destacan por su estética gótica y su puesta en escena; y la verdad es que no defraudan. Fue un auténtico espectáculo musical y visual. 

 

Se nota que la puesta en escena está cuidada al milímetro. La banda no dejó ni una canción sin mostrar animaciones en las pantallas que tenían detrás, incluso en algunas canciones como  Werewolf, City Lights los efectos especiales destacaron por encima del resto, pues se notaba que estaban minuciosamente trabajados.

Sin embargo, no solo fue cuestión de animaciones y pantallas, sino también de ellos. La presencia escénica de Chris es digna de destacar y a eso le sumamos que en está gira está acompañado del grupo de baile CHERRY BOOM, que son, sin duda, una parte esencial del espectáculo. Actuaciones como Sign of Life o Slaughterhouse dejarían a cualquiera con la boca abierta.

 

La hora y media que duró el concierto de MOTIONLESS IN WHITE fue una avalancha emocional, desde la energía de Voices (momento en el que la banda mostró una bandera LGTB, dejando claro que sus conciertos son un espacio seguro para todas), hasta la melancolía de Another Life, pasando por la combinación perfecta entre ambas de Afraid of the Dark

Por supuesto, el público no se quedó atrás. Estuvo volcado en todo momento, sabiendo adaptarse a lo que cada tema pedía: abriendo pogos o haciendo crowdsurfing cuando las canciones eran una descarga eléctrica, y parándose, dejándose vibrar, cuando era eso lo que la letra pedía.

A las 22:20, MOTIONLESS IN WHITE ponía el broche de oro a la noche con Eternally Yours, dándole fin a una tarde-noche que nos permitió a todos explorar un sinfín de emociones y creando recuerdos que durarán mucho tiempo en nuestra memoria.