Crónica de la XX Edición del VIÑAROCK

15/05/2015
PorCarlos Guillermo
Fotografías de Nerea Ramos

 

Arrancaba el XX Aniversario del Festival Viñarockel miércoles 29, con una fiesta de presentación ya bastante completa, donde artistas como Manu Chao o La Pegatina, ya en el recinto, o Mamá Ladilla o Vendetta, en el propio camping, iban poniendo en antecedentes a los asistentes que iban a disfrutar de esta fiesta de la música.
 
Las retenciones a la entrada de Villarrobledo, que se harían mayores aún al día siguiente, y la necesidad de montar las tiendas, propició que el único concierto que viera en la fiesta de presentación fuera Trashtucada, y ya a la mitad. Es una de las cosas que no termino de tragar de los festivales, la frivolización de las bandas, la eliminación de toda preparación para ver a un grupo, siempre todo desfilando sin pausa. Volviendo a la tierra, los gaditanos presentaron su propuesta de reggae/cumbia/rock que tanto está triunfando en el panorama actual, hecho que sin duda les ha beneficiado en su trayectoria. Sin demasiados alardes, lograron transmitir un gran “buenrrollismo”, con su sonido agradable y bailable y su “Nada nos puede parar”.
 
Def Con Dos
No había tiempo para más, y mi mentalidad analítica me apreciaba que cuanto más dormiera esa noche, más aguantaría el grueso de lo que estaba por venir. Es obligado mencionar, para el que no lo sepa, que otro gran evento acontece en Villarrobledo a la vez que el Viñarock: el Antiviña (con mayúscula por ser ya nombre propio). No sé exactamente si paró en algún momento (me atrevería a decir que no), pero en los aledaños del camping y la zona de entrada al Festival podía oírse de fondo el sonido de la rave. Este particular añadido ha ido cogiendo peso hasta el punto de provocar que numerosos residentes del camping se encontraran allí sin entrada, sólo para poder disfrutar de este fenómeno y compartir sustancias y espacio vital con los viñarockeros.
 
El primer día oficial del festival vino marcado por un calor veraniego de no saber dónde esconderse, con un sol empeñado en hacerse cabeza de cartel, y que marcaría más de una nuca para el resto del festival. Con ese panorama saltaba Siniestro Total a escena para los que no hubieran desfallecido por insolación: ataviados con traje negro, los gallegos se marcaron una actuación veteranamente correcta, entretenida y animada. Los de Julián Hernández son una banda engrasada y consciente del filón que suponen sus clásicos, como “Miña Terra Galega”, “Todo por la Napia”, “Camino de la Cama” o “Bailaré sobre tu tumba”, que cerró su actuación. Notable para los gallegos.
Kosta, de Boikot
 
A medianoche tocaba uno de los platos fuertes del festival, el derroche de energía y adrenalina, la sacudida del cartel. Boikot es una banda que nadie quiere perderse, aunque pasen los años o aunque les hayas visto muchas veces anteriormente. Es así que se registraba el primer lleno del Viñarock. Lleno que, desde el “Naita Na” que daba comienzo al concierto, no dejó de moverse y balancearse en un baile grupal por momentos un tanto agobiante dada su inmensidad.  En el fondo, a pesar de la profundidad de sus letras y su trabajo laborioso, los madrileños rozan a veces la tentación de “grupo desfogue” que divierte pero no cala. La banda, acompañada como viene siendo habitual de Txikitín de Ska-P, plantó un concierto muy completo con sus temas más habituales, tanto de los más recientes, como “Sin tiempo para respirar” o el propio “Naita Na”, a clásicos como “Kualkier día”, “De espaldas al mundo”, “Bajo el Suelo” o “Hasta siempre”. A la altura de las expectativas una noche más.
 
El siguiente grupo que vi, ya casi a las 3, fueron los vascos Kaótiko. A pesar de conocerles desde hacía tiempo, era el primer contacto que tenía con ellos, y la impresión fue muy grata. En un festival se aprecia fácilmente quién se quiere comer el mundo y quién está un poco de vuelta de todo, y Kaótiko está claramente entre los primeros. Con un derroche de energía, vatios y voz, la banda se plantó en el viña dispuesta a no pasar desapercibida, y así fue. Los vascos tienen un sonido fresco y brutal, ganas, originalidad y un directo claro contundente. Quizá pulir ligeramente las letras para terminar de ser una súper banda. Desde “El Circo” y “Juerga”, los temas que abrieron, hasta el mítico “Otra Noche”, la gente no dejó de jalear y devolver la energía que desde el escenario brotaba.
No daba para más el día (no está mal tampoco), así que a intentar dormir que las fuerzas flaqueaban.
 
Discordia actuaría el último día
El viernes era el día más fuerte a priori del festival, lo que suponía a priori un esfuerzo físico extra, si bien las fuerzas, después de una necesaria ducha, se mantenían firmes. La jornada empezaba bastante pronto para un buen número de asistentes, y es que, de forma personalmente errónea, Desakato actuaba a las 16:30, y además no en un escenario principal. La organización a buen seguro que tomó nota de la respuesta de la gente, que a esa hora y bajo un sol (in)justiciero, abarrotó el recinto. La contundencia de su público fue incluso menor si la comparamos con la de los asturianos, que salieron a conquistar lo que era suyo, y vaya si lo hicieron. Con su último disco, “Buen viaje” reluciente por la crítica y el público, Desakato aprovechó el tiempo en un concierto en el que demostraron por qué están haciéndose a empujones un hueco grande en el panorama nacional, siendo, en mi opinión, la banda que está más en forma, con ganas de morder. Temas como “Cada Vez”, “Contra la Pared” u “Octubres Rotos” convivieron con los nuevos “Pánico en Franckfurt” o “La Tormenta”, en un muy completo show.
 
 
Sin tiempo para digerir, en el escenario Zheom aguardaba preparado Sínkope. La veterana banda llegaba con su nuevo álbum bajo el brazo, “Museo de Rejas Limadas”. Vito y compañía siempre cumplen, aportando además su veteranía y sello particular. Con Extremoduro descansando y Marea sospechosamente diluida, Sínkope supone prácticamente el gran referente actual del rock poético estatal, y así lo asumen.
Una de las canciones del último disco, “Agradecidos a ti”, está dedicada al maestro Rosendo, y habla entre otras cosas del honor de saludarle entre bambalinas cuando coinciden en los festivales. Ese momento pudo probablemente ocurrir, ya que el de Carabanchel fue el siguiente concierto que vi. Aunque llegué con el concierto a la mitad, lo cierto es que Rosendo no puede considerarse como un tío innovador sino más bien un hombre de tradiciones. Pero siempre, siempre, cumple. Ejemplo de constancia, el ex Leño ejecutó con maestría, solvencia y veteranía un repertorio siempre eterno, de la que esta vez se cayó “Maneras de vivir”.
 
Maestro Rosendo
 
Justo después, venía uno de los cruces del Festival, al coincidir a la vez El Puchero del Hortelano en su gira de despedida, El Reno Renardo y los navarros Bocanada, a lo que decidí acudir a estos últimos (¿recordáis lo de los festivales como supermercados? Pues eso…).
 
El Reno Renardo
Ojalá todas las bandas tuvieran ese algo que tiene Bocanada. Los que estuvimos allí damos fe de eso. Dejaron claro que hay bandas que vienen porque vienen todos los años, por mera rutina y para cobrar, y que luego hay bandas como ellos que se dejan la piel, la voz, los huevos y lo que haga falta. La banda de Martín Romero vuela ya lejos del peso en que se convirtió antaño compartir apellido y sangre con Kutxi, el cual (pequeña pulla) podría aprender de su hermano pequeño varias cosas respecto a la profesión. Los navarros debutaron en el Viñarock con ganas de comerse el mundo, con la garra de Martín y la clase de Juanito como grandes pilares, acompañados por el resto de una banda que suena compacta y contundente. La banda repasó temas de su último trabajo, “El Sino de la Herida”, así como temas de discos anteriores, entre los que destacaron “Mala Hierba”, con su habitual bajada del escenario a coger gente para cantar con ella (servidor uno de los elegidos, un honor) o “Campo a través”, un auténtico temazo con el que cerraron el concierto.
 
 
Non Servium, en su concierto del sábado
 
Posteriormente desembarcaban los Gatillazo sobre el escenario principal a seguir la fiesta, ya a media noche. Los de Evaristo se marcaron otra gran noche, una de las muchas que les está dando su La Polla Records y anteriores de los propio Gatillazo. Estuvo quizá (o quizá no) algo más apagado de lo habitual el bueno Evaristo, o, hablando en plata, que se me hizo que la lío poco. Es verdad que el sonido sigue haciéndose algo repetitivo conforme pasan los temas, pero está claro que los vascos son una de esas bandas que hay que ver.

último disc(az)o, “Siglo XXI”, que les está proporcionando un set list de altísima calidad y bien recibido, sumando temas de

 
Txikitín (Ska-P) compartió tablas con varios grupos
Estaba aún sin finalizar Sôber cuando empezaron a sonar Reincidentes, para mí una de las decepciones del festival. Los andaluces desplegaron un set list muy extraño, siendo “Vicio” el segundo (¡) tema, o “Ay, Dolores” el cuarto. Pero la decepción vino más por la actitud de esta banda ya tan veterana. Desganados y hasta algo antipáticos, Fernando Madina y cía en ningún momento parecieron demostrar algún tipo de interés o alegría por estar en el escenario, como si les acabaran de despertar y les hubieran obligado a tocar. Les comparas con otros como Kaótiko o Bocanada… y las comparaciones son odiosas. De sobra ya como para irse a descansar.
 
El sábado y último día comenzaba con Los de Marras, ya que la logística (ojo a la logística en los festivales) imposibilitó que estuviéramos antes. Pero los valencianos pronto hicieron olvidar cualquier problema de los presentes, así como el calor asfixiante que, otra vez, impactaba en piel ya quemada. Los de Marras abrieron con “Ruido”, el single de su último trabajo, “Surrealismo”, que tuvo muy buena acogida en el Viña. Y es que a pesar de la hora, hubo una gran entrada, y además de público muy entregado, premio merecido para una banda que no se cansa de hacer las cosas bien y trabajadas.
 
O´Funk´illo tocó justo antes que El Drogas
De nuevo la logística y los principios de agotamiento hicieron que nos remontemos a El Drogas, a las 21.00h, como el siguiente grupo al que fui. El Drogas, ataviado de su pintoresco traje y de su contundente banda, trajinó un concierto contundente con ritmo fluido si bien está claro que entre buena parte del público los temas de Barricada eran puntos de inflexión. El Drogas apoyó su concierto en la estrategia de recurrir a un repertorio de carácter político, por lo que “Matxinada” fue de su triple álbum de “Demasiado tonto en la corteza” el más utilizado, así como temas de su primer EP. De este modo quedaron fuera algunos temas como “En Punto Muerto”, “Cordones de Mimbre” o “Con tu presencia”, para dar prioridad a “Peineta y Mantilla”, “Están para violarlas” o “Barro en la alpargata”. Este giro político se llevó a cabo también en las versiones de Barricada, dejando fuera temas como “En Blanco y Negro” en detrimento de “Barrio Conflictivo”, “Oveja Negra” o “No Hay Tregua”, tema que rescató para cerrar la actuación.
 
Yosi, de Los Suaves
Uno de los platos fuertes a priori del festival, y que de hecho contaba con media hora más que el resto, eran Los Suaves, y me temo que no estuvieron a la altura de las circunstancias. Inmersos en lo que será su gira de despedida (aunque apuesto a que va para largo) los de Ourense sacaron la artillería pesada desde el principio, abriendo con “Cuando los sueños se van” y con “Palabras para Julia”. Sin embargo, Yosi no podía. Esta vez no. Aferrado con impotencia al micrófono, trataba de subirse al ritmo de los decibelios que sus compañeros de tablas marcaban, pero los años pesan y ahora parece que demasiado. La casi ausencia del vocalista de Los Suaves convirtió el concierto en algo tedioso y extraño, agotando la paciencia de más de uno. Sólo Dolores, la que se llamaba Lola, logró enchufar algo al personal.

embargo,

 
Gritando en Silencio
Justo después de Los Suaves, varias bandas, claramente en mejor forma, coincidían en el tiempo para dar el que sería el punto y final al festival: La Raíz, Warcry y Gritando en Silencio coincidían a la vez pasada la una y media de la madrugada para poner los acordes finales, y si bien todas son bandas punteras, no cabe duda de que el gato al agua se lo llevó La Raíz, que, sencillamente, dejó de manifiesto que se vendían muchas más entradas que el aforo permitido, ya que literalmente reventó todo centímetro de espacio disponible en el recinto para verles. La Raíz ha sabido subirse a los sonidos que más se están llevando y los remezclan hasta hacerlos propios, encandilando al festival.

 

Con estas tres bandas muchos poníamos el punto y final a un festival cargado de emociones, buen ambiente y sobre todo, rock and roll, del que llena todos los interiores. Una experiencia que sin duda no olvidaremos.

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