Crónica del concierto que SUSAN SANTOS ofreció en la sala Boite el pasado 17 de mayo

20/05/2016


Ahora que parece haber un “revival” del blues-rock, sobre todo en lugares como USA y UK, es bueno comprobar que hay mimbres por estos lares que pretenden estar a la altura de esas circunstancias. Uno de esos mimbres es SUSAN SANTOS, a la que podríamos, en principio, denominar como una primeriza en estos menesteres. Craso error, amigos. Alguien como ella, que ya se ha batido el cobre en festivales de todo el mundo, con especial mención para esos USA y UK, y que ha compartido cartel nada más y nada menos que con monstruos del género, como Joe Bonamassa, merece ser calificada ya como una veterana del género en nuestro país, pese a su juventud.

La sala Boite se convirtió en punto de encuentro para unos doscientos, doscientos cincuenta amantes del buen blues-rock, con la idea de asistir a la presentación del cuarto (si señores… el cuarto ya), álbum de la Santos, “Skin & Bones”, que va a servir de trampolín para una gira por nuestro país, y por lugares tan dispares como UK o Estonia.

Pasadas las diez y media hacen su aparición los músicos, que arrancan con “Ice On Fire”, una buena piedra de toque para calentar al personal. “Stop Driving Me Crazy” fue lo primero que cayó de su nuevo trabajo, un medio tiempo en el que la morena nos enseñó que lo suyo con la guitarra va en serio. Autodidacta, nos obsequió con un solo de ésos que vale ya la canción entera.

 

Su repertorio toca varios estilos, no solo cercanos al blues. Hay tiempo para el hard rock, el funky, el soul, y también otros menos afortunados como un pseudo-indie que, para mi gusto, sobra en ese repertorio. Echo de menos más cercanía al hard, que es en los momentos que creo estuvo más acertada y conectada con la audiencia. “Dusty Road” fue uno de esos momentos. También hubo tiempo para el blue-grass o el country, como demostró en varios temas de la noche, como “Rattlesnake”, armada con un banjo, y acompañada por un contrabajo y un extraño artefacto, una especie de tabla de lavandera antigua, aderezada con latas y otros cachivaches, que portaba uno de sus músicos, con el que sacaba extraños acompañamientos de percusión. Curioso invento. Si alguien experto en country sabe de qué diablos estamos hablando, agradeceré me lo aclare.
 

Red Lips” sonó excesivamente pop, pero el solo de guitarra que Susan se arrancó en el tema salvó los muebles. En mi opinión, es mejor guitarrista que cantante, la voz es algo que debería cuidar en alguno de los temas, que se nos ablanda bastante por esa causa.

Un concierto divertido y ecléctico, que esperamos asiente a Susan en el panorama rockero de este país. Hasta celebridades como Mariskal Romero, que andaba por allí, no quiso perderse este acontecimiento.

Vamos a ver si la morena, como ya he dicho antes, se pasa al “lado oscuro”, y nos regala la próxima vez un buen disco de hard-rock. Sería interesante.
 

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