Hoy vamos a hablaros de SURYA. Esta banda surgida en la provincia de Cádiz en 2015 acaba de sacar su primer disco y le está haciendo irrumpir con fuerza, a juzgar por su alto número de seguidores en redes y de oyentes en plataformas digitales. En lo que al estilo se refiere, se autodenominan una agrupación principalmente stoner, aportando también influencias de sonidos de los años 60 y 70, enfatizando la psicodelia, el metal de aquella época y el hard rock (por lo general, la gente les incluye en esta última corriente). Y efectivamente, si les escucháis, podréis comprobar que cumplen esas expectativas.

 

De modo que vamos a conocer el contenido de esta publicación.

 

El disco ofrece una estética cálida y bastante resplandeciente, transmitiendo a su vez contundencia. Su portada consiste en dos imágenes: la de la izquierda es un mural rosáceo de ondulaciones al estilo hippie, mientras que la de la derecha representa una escalera roja sobre un fondo ocre. Los márgenes se rematan sobre fondos negros con el logotipo de la banda en el superior y el título en blanco del disco (Overthrown) en el inferior. Es un tipo de imagen muy acorde con la de los géneros en que se inspiran, recordando un poco a algunas ilustraciones discográficas de hace en torno a medio siglo.

 

Así que ahora llega el turno de las canciones.

 

Tales of the great fharats: la pista abre el álbum con un tempo moderado y unos riffs muy pegadizos. Lo hace de forma que el oyente intuya lo que se va a encontrar según se vaya adentrando en el disco, pero sin desvelar por completo el misterio. Esto se refuerza más aún a través de una letra muy críptica, que de primeras no permite conocer su mensaje, pero sirve de lucimiento a la voz, la cual se muestra en buena sintonía con toda la pieza y exhibe buen nivel de técnica.

 

Sundazed: abundancia de acoples y vibratos más que notables en la guitarra, dentro del que ha sido el primer sencillo promocional. La influencia de la música alternativa en este tema es indiscutible. El silencio de las guitarras y voz en la zona media de la canción permite que adquiera más protagonismo el bajo cargado de distorsión y yendo de la mano con la batería. En cuanto a su letra, tiene un carácter bastante siniestro, evocando lo que parece una especie de reencuentro con viejos conocidos en el Infierno (como si aceptara acabar en dicho lugar, aunque el mismo no le agrade).

 

Crystal Gate: este momento del disco simboliza un punto de inflexión, con una duración mayor (7 minutos y medio). Se aprecia un importante cambio de carácter cuando ya llevamos más de 3 minutos, que se hace más animado el ritmo, incitando al baile. Unos segundos después, recupera la templanza anterior para que la subsiguiente melodía arpegiada de guitarra, sin distorsión y en solitario, nos lleve a una dimensión aparte, pero no por ello fuera de contexto. De ese modo se van uniendo paulatinamente el resto de instrumentos para finalmente conformar un in crescendo que hace inmejorable el desenlace de la que hasta ahora parece la pieza más llamativa del LP. El plugin utilizado en las guitarras le da un aire a The Black Keys y Soundgarden. Con diferencia, una de las canciones más representativas de la banda en cuanto a sonido se refiere. La temática de la letra aquí resulta más enigmática. De primeras podría decirse que habla acerca del desgaste experimentado por una persona que se encuentra empezando de cero y busca recuperar el rumbo en la vida, haciéndola bastante motivante y enérgica en todos los frentes.

 

Thousand Year Bridge: tras subir el listón con el capítulo anterior, lo de ahora se mueve un poco hacia la experimentación con una sorprendente nueva actitud. La batería desaparece para dar paso a un tema sereno y calmado, pero que en todo momento conserva cierto nivel de intensidad. La guitarra acústica hace acto de presencia por primera vez, pero sin que la eléctrica desaparezca, dando un matiz más suave al sonido del grupo. Todo ello, junto a una ejecución más aterciopelada en la voz, evoca un sonido psicodélico. Recuerda también a las piezas de la misma naturaleza que incluyó Black Sabbath esporádicamente en sus primeros discos. Un descanso elegante, después de tanta energía y entusiasmo mostrados. ¿Será su breve letra acerca de la sensación de cruzar tranquilamente por la noche el sevillano Puente del centenario? Puede ser. En cualquier caso, da en conjunto un suspense más que apropiado para poner fin a la primera parte del álbum.

 

Golden Tower: se vuelve a la carga con un momento de mayor estridencia. Esta pieza es instrumental en su mayor parte, con largas secciones llenas de fuerza e inesperados quiebres, tanto en la batería como en la cuerda. Una buena forma de sobrepasar el ecuador de toda la grabación hacia algo aún más grande de lo que se nos ha enseñado, un buen precalentamiento con un ritmo imprevisible e interesante, pero sobre todo impetuoso. La letra parece un grito de júbilo de alguien que acaba de poner fin a una mala racha para empezar a remontar y salir adelante de una vez por todas.

 

 

Turtle Shaman: otro guiño a la psicodelia y a la música acústica en los primeros segundos. De nuevo nos encontramos con interesantes cambios de tempo y también con modulaciones de tonalidad. Impresionante el gran sprint allá por el último minuto, que nos aproxima a un sonido más veloz, llegando incluso al metal, y con gran protagonismo por parte del bajista. El significado de la letra aquí resulta algo incomprensible, pero se pueden entrever alusiones al conflicto que implica la disputa de poder.

 

Begone: lanzado como segundo sencillo el mismo mes que Sundazed, esta obra, aunque de menor duración (casi la misma que la primera pista), destaca por los interesantes filtros usados en la voz para darle más reverberación y ganancia. Tiene melodías de clara influencia andaluza y, sobre todo rítmicamente, pueden apreciarse reminiscencias de la música funk, con un pulso de subdivisión terciaria y con un intensivo uso de trémolo y un efecto de eco en la guitarra que culmina majestuosamente con un corto pero potente solo de guitarra. Los versos de este tema parecen una llamada de auxilio para resolver los errores cometidos por uno mismo.

 

No Further: el último capítulo de Overthrown comienza con un lento y sonoro bajo con efecto wah-wah (algo que también podremos percibir levemente en la voz), que presenta al resto de los instrumentos y al cantante como una especie de epílogo sobre lo mostrado a lo largo de todo el LP en la mayoría de sentidos. Los instantes de pausa, probablemente para causar cierta sensación de intriga, son bastante habituales en la canción. Esto hace en el último momento de antesala para un desenfrenado y virtuoso solo de guitarra que, progresivamente, se irá apagando, al igual que el resto de la canción (quedando en solitario un acople de guitarra), para llegar al final de este álbum de un modo más o menos apacible, pero refinado y seguro. Líricamente, parece una proposición de una parte a otra para unirse y así hacer algo que resultará complejo, por lo que también se puede interpretar como una especie de desafío a una especie de rival. Un final atractivo, ya que todo esto sugiere a lo mejor una declaración de intenciones de estos músicos a la audiencia de que seguirán teniendo actividad y nos ofrecerán más material en los años venideros. La banda logra plasmar el carácter stoner en que se autodefine, junto con las diversas influencias que tratan de introducir de otros tipos de música.

 

El disco brilla por la ausencia de coros, así como por la falta de más presencia y rotundidad de las letras, que en el 50% del LP no sirven a la música en igual proporción que la instrumentación, sino más como vehículo de acompañamiento. En donde no sucede esto es en Tales of the Great Fharats, Sundazed, Turtle Shaman y Begone. Y además las mismas no parecen tener una estructura regular y definida, lo que puede hacer que pasen ciertamente desapercibidas entre el público. Instrumentalmente, las melodías y estructuras se mantienen un tanto invariables, llegando a resultar rutinarias. Y en cuanto al volumen de producción, aspiran a hacer un poco más. Así que, por un lado, las canciones se parecen mucho entre sí, pudiendo hacerse un poco repetitivas. Pero por otro, se ve naturalidad y talento en muchos momentos. Si mejoran los mencionados aspectos y determinan más su estilo en general, el proyecto puede crecer hacia algo muy notable y con personalidad a medio y largo plazo, si siguen trabajando en esta línea. Porque van por el buen camino. La dinámica que han seguido hasta ahora es la adecuada, les queda desarrollarla más, perfeccionarla.

 

De modo que, como conclusión, es una banda con buena calidad en su obra, pero no la ha mostrado en su plenitud; esto puede haber sido el primer acto de algo mayor que está por venir.

 

Tracklist

1. Tales Of The Great Fharats
2. Sundazed
3. Crystal Gate
4. Thousand Year Bridge
5. Golden Tower
6. Turtle Shaman
7. Begone
8. No Further

 

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Autores:

Redactor y fotógrafo

 

Roi