Por J. Luis.

Fotos: Músicos en la naturaleza

 

Acudíamos por primera vez al Festival MÚSICOS EN LA NATURALEZA, celebrado en el incomparable entorno de la Sierra de Gredos, concretamente en la localidad abulense de Hoyos del Espino. Animados por un cartel encabezado por DEEP PURPLE, THE ALAN PARSONS LIVE PROJECT y BURNING, nuestra primera experiencia no pudo resultar más satisfactoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La XIX edición del festival volvió a demostrar por qué se ha convertido en una cita imprescindible para los amantes del rock clásico. Basta con echar un vistazo a los carteles de años anteriores para comprobar que siempre ha apostado por bandas legendarias y actuaciones especiales, con un formato que prioriza la calidad frente a la cantidad. Son pocos los grupos que participan, pero todos disfrutan de un repertorio completo y de un tiempo de actuación generoso, algo poco habitual en otros festivales y que el público agradece enormemente. 

Es, sin duda, una de las grandes señas de identidad del evento y uno de los motivos por los que los asistentes regresan año tras año con un excelente sabor de boca.

También merece una mención especial el trato recibido por los medios de comunicación. La organización facilitó en una pequeña charla una guía del festival con toda la información necesaria y unas normas para cubrir el evento perfectamente explicadas, siempre con cercanía, amabilidad y una atención realmente ejemplar.

 

 

 

 

Las puertas se abrían a las seis de la tarde y, desde bastante antes, la zona era un constante ir y venir de coches y autobuses. El dispositivo de aparcamiento funcionó de manera impecable, con abundante personal indicando dónde estacionar los vehículos con total claridad. Tras dejar el coche, apenas había que recorrer unos metros hasta el acceso principal, donde esperamos la apertura de puertas soportando el calor de las primeras horas, aunque la temperatura fue descendiendo conforme avanzó la jornada.

 

 

 

Nada más acceder al recinto, la organización repartía bolsas de tela con el logotipo del festival que incluían una bolsa de basura para concienciar sobre la importancia de mantener limpio el entorno, al celebrarse el evento dentro de un parque natural. Además, se entregaban portacolillas para evitar ensuciar el recinto y, por parte de la Diputación de Ávila, sombreros de paja para hacer más llevaderas las horas de mayor calor. Son pequeños detalles que reflejan el cuidado con el que está concebido un festival que siempre ha presumido de respetar el privilegiado entorno natural en el que se desarrolla.

En cuanto a los precios de la barra, se encontraban dentro de lo habitual en este tipo de eventos, sin destacar especialmente ni por caros ni por económicos. Sin embargo, sí encontramos el principal aspecto mejorable de esta edición en la gestión del servicio de barras. Las colas para conseguir una bebida resultaban excesivamente largas durante prácticamente toda la jornada, salvo en los primeros minutos tras la apertura de puertas. Consideramos que el número de personas atendiendo era insuficiente para un festival que reunió a unas 13.000 personas, una cifra por la que, antes de nada, hay que felicitar a la organización.

Del mismo modo, creemos que también sería conveniente aumentar el número de baños, especialmente los destinados al público femenino. El espacio disponible permitiría instalar más cabinas químicas y aliviar así las esperas en los momentos de mayor afluencia.

 

 

 

Con el paso de las horas, el público fue ocupando el recinto. Llamó la atención la gran cantidad de familias presentes, así como una media de edad acorde con la trayectoria de las bandas participantes. Se trataba de un festival pensado para disfrutar con comodidad: numerosas personas extendieron mantas de pícnic sobre el césped y otras acudieron con sillas plegables para contemplar los conciertos desde la ladera.

La configuración del recinto, aprovechando la pendiente natural del terreno, permite disfrutar de una magnífica visibilidad desde prácticamente cualquier punto, incluso desde las zonas más alejadas del escenario. A ello contribuye también un sonido sencillamente excepcional, probablemente uno de los grandes puntos fuertes del festival. La ecualización, la mezcla y la producción fueron excelentes durante toda la jornada. La acústica del entorno, unida al magnífico trabajo del equipo técnico, permitió disfrutar de cada actuación con una calidad sobresaliente.

Con todo preparado y el público completamente acomodado, llegaba el momento de que la música tomara el protagonismo.

 

 

 

 

 

 

 

A las siete y media de la tarde, con una puntualidad británica, THE ALAN PARSONS LIVE PROJECT inauguraba el festival. Desde el primer vistazo al escenario ya se intuía que el concierto iba a ser algo más que un simple repaso de grandes éxitos. La disposición de los músicos y la cantidad de instrumentos preparados a pie de escenario evidenciaban la versatilidad de una formación compuesta por auténticos fuera de serie. 

Respaldado por una banda de enorme nivel, el concierto fue una auténtica exhibición de calidad interpretativa. Todo sonó con una precisión admirable, pero sin perder la calidez ni la emoción que caracteriza a unas composiciones que han envejecido de manera extraordinaria. 

 

 

 

 

Uno de los aspectos que más llamó la atención fue la facilidad con la que los integrantes de la banda iban alternando instrumentos durante el concierto. Guitarras, teclados, saxofón, percusiones y diferentes recursos se sucedían con absoluta naturalidad, enriqueciendo unos arreglos ya de por sí complejos.

El repertorio realizó un amplio recorrido por el inmenso legado de The Alan Parsons Project, alternando algunos de sus himnos más reconocibles al principio y al final, con la interpretación íntegra y por orden de Tales of Mystery and Imagination por su 50º aniversario (ahí es nada), obra dedicada a la producción literaria de Edgard Allan Poe, una propuesta que fue recibida con entusiasmo por la audiencia donde A Dream within a dream, The Tell-tale heart o The fall of the House of Usher conquistaron al público por su calidad interpretativa.

 

 

 

 

 

La respuesta de los asistentes fue creciendo a medida que avanzaba el concierto. Aunque el festival reuniría posteriormente a bandas mucho más orientadas al hard rock, la elegancia y el refinamiento musical del proyecto de Alan Parsons, unido al buen hacer de sus músicos, conquistaron a la audiencia que ya se congregaba por doquier en la finca Mesegosillo, los cuales celebraron ese final con Eye in the Sky y Games People Play

Fue un comienzo inmejorable para una jornada que todavía reservaba dos nombres absolutamente legendarios. El listón había quedado muy alto, pero aún quedaba por delante uno de los conciertos más esperados de toda la noche: la llegada de DEEP PURPLE.

 

 

 

 

Con la noche cayendo sobre la Sierra de Gredos, llegaba el momento que muchos de los asistentes esperaban desde hacía meses. DEEP PURPLE saltaba al escenario como principal atractivo del cartel y demostraba por qué continúa siendo una de las bandas más respetadas de la historia del rock.

La actuación en Hoyos del Espino formaba parte de su nueva gira española, con paradas en ciudades como Vigo, Pamplona, Valencia o Marbella, y llegaba apenas un día después de la publicación de Splat!, un disco que confirma que el grupo sigue mirando al futuro con la misma ambición que ha caracterizado toda su carrera.

En una época en la que muchas bandas históricas centran su actividad en interminables giras de despedida o viven exclusivamente de la nostalgia, DEEP PURPLE continúa recorriendo un camino diferente. 

 

 

 

 

 

Roger Glover ya declaró hace unas semanas que el grupo nunca quiso convertir su trayectoria en un adiós permanente y es por eso que rechazan el concepto de gira de despedida.

Ese compromiso con la creatividad quedó patente durante todo el concierto. Las composiciones de Splat! fueron intercaladas junto a los temas más emblemáticos del repertorio, demostrando que Deep Purple sigue creyendo firmemente en su presente sin renunciar a un legado que ha marcado a varias generaciones de músicos.

 

 

 

La banda abrió su actuación con la contundencia habitual con Highway Star atrapando al público desde los primeros compases y manteniendo un ritmo constante durante todo el concierto. La experiencia acumulada durante más de cinco décadas sobre los escenarios se percibe en cada detalle, desde la forma de construir el repertorio hasta la absoluta compenetración entre todos sus integrantes.

Ian Gillan volvió a demostrar que sabe adaptar su voz a las exigencias actuales, con oficio y entrega. A sus espaldas, Ian Paice ofreció otra auténtica lección de batería. Su precisión, elegancia y capacidad para sostener la base rítmica continúan siendo extraordinarias, recordando por qué sigue considerado uno de los grandes baterías de la historia del hard rock.

Don Airey (un teclista con uno de los currículums más espectaculares de la historia del rock) llenó sus intervenciones de personalidad, técnica y buen gusto.

También brilló Simon McBride, plenamente integrado en la banda y demostrando que su incorporación ha supuesto un soplo de aire fresco. Junto a ellos, Roger Glover volvió a ejercer de auténtico pilar de la formación. Su bajo continúa siendo el cemento entre todos los músicos, aportando solidez y una elegancia que ha caracterizado siempre su manera de entender el instrumento.

 

 

 

 

 

 

 

El excelente trabajo visual proyectado en las pantallas acompañó cada tema sin restar protagonismo a la música, mientras el magnífico sonido del festival permitió apreciar con absoluta claridad todos los matices de una actuación sobresaliente.

Momentos como Lazy, Into the Fire, Space Truckin’ o When a Blind Man Cries desataron algunas de las mayores ovaciones de la noche (obviando Smoke in the Water por razones obvias), aunque el concierto mantuvo un nivel altísimo de principio a fin. Destacamos la presencia de nuevas canciones como Diablo y Arrogant Boy. El bis final recogió los aplausos sembrados durante toda la actuación, cuyo cierre con Black Night nos dejó absolutamente satisfechos. Larga vida a los Purple.

 

 

 

 

La responsabilidad de cerrar la decimonovena edición de Músicos en la Naturaleza recaía sobre BURNING, una de las grandes referencias del rock español. Liderados por Johnny Cifuentes, único miembro original que permanece en la formación, los madrileños demostraron que, pese al paso del tiempo, siguen conservando la esencia que los convirtió en una banda clásica con himnos que ya han traspasado generaciones, con amplia presencia de canciones contenidas en El fin de una década Noches de Rock’n’Roll.

 

 

 

 

 

Desde los primeros compases quedó claro que el concierto iba a convertirse en una auténtica celebración. Interpretar canciones de la talla de Esto es un atraco, Mueve tus caderas, No es extraño que tú estés loca por mí o qué decir de Qué hace una chica como tú en un sitio como este o esa canción tan emocionante y llena de sentimiento como es Una noche sin ti, himnos de nuestro rock; el hecho de ser la única formación del cartel que interpretaba sus canciones en castellano favoreció el poder conectar con el público a unas horas donde todo era ya celebración. 

 

 

 

 

Uno de los aspectos más llamativos fue la presencia de dos baterías sobre el escenario, perfectamente sincronizadas y aportando una contundencia muy especial Lejos de resultar un simple recurso visual, la combinación funcionó a la perfección.

 

 

 

El sonido volvió a ser sobresaliente, algo que fue una constante durante toda la jornada, permitiendo apreciar cada detalle de una banda formada por músicos de enorme nivel. 

 

 

 

 

 

Con los últimos acordes de la noche llegaba también el final de una edición que difícilmente olvidaremos.

Nuestra primera visita a Música en la Naturaleza no ha podido dejar mejores sensaciones. Más allá de lacalidad del cartel, el festival destaca por una filosofía diferente a la de muchos grandes eventos. La prioridad aquí es que cada artista pueda desarrollar su concierto con un repertorio amplio con un sonido pocas veces encontrado en festivales similares en este país.