Tras ocho años en silencio, la banda de Vitoria-Gasteiz, THE SOULBREAKER COMPANY vuelve con Sins, su álbum más maduro hasta la fecha donde mantienen su esencia hard rockera y alternativa pero con un aliciente más, la elegancia.
Y es que, durante todos estos años, algo ha cambiado en ellos, a nivel de banda, Andoni y Asier han dejado su puesto a Guille en la batería (ex ARENNA) y Lasto al bajo. Y en lo musical, el viaje Chicago para grabar en los míticos Electrical Audio, fundados por Steve Albini, les da ese toque alternativo bebiendo de sonidos que van desde LED ZEPPELIN a SOUNDGARDEN, pasando por PEARL JAM y el hard rock.
Pero lo que si está claro es que tienen mucha personalidad y lo demuestran con el combo inicial Ant Row, donde Jony Moreno, tiene la culpa de que no puedas despegarte de su música, para transmitirnos un viaje, un mensaje critico sobre una sociedad que vaga sin rumbo. La guinda la pone In Rome, uno de mis temas preferidos, con un desarrollo in cresciendo que nos lleva hacia la épica, pero con esos toques rockeros y psicodélicos que emergen como emociones espaciales.
Lo mismo ocurre con Abd Al-Rahman, un tema que discurre lento pero repleto de melancolía y una belleza arraigada en su estructura musical en la que cerrar los ojos y dejarte llevar por las guitarras de Daniel Triñanes e Illan Arribas, así como los toques sutiles de Javier Arteaga en los sintetizadores, piano y demás elementos que adornan las notas musicales como en Jump The Fault Line, que cuenta con la voz de Illan para otorgarle otro aire directo y orgánico al corte.
Beginning Of The End y The Right To Hush My Sins, son dos canciones que se disfrutan desde adentro, con unas melodías hipnóticas, una estructura vocal deliciosa y una energía intrínseca que reluce con cada nota, elegantes y rockeras con un aire vintage actualizado. Aquí también podríamos meter el viaje lisérgico que añade Reaching The Dragon, un medio tiempo que cabalga entre los años 80 y paisajes sureños, una delicia para dejarse llevar.
Entramos en el bloque cósmico con Oh Jupiter y Ten Thousand Years. Mientras que el primer corte es un puro ejercicio de rock, con sus teclados clásicos y su desarrollo energico y encadenado, con unos tintes robóticos sutiles, el segundo corte quizás sea el más experimental del álbum, aun manteniendo la esencia de hard rock, innovan con elementos contemporáneos y con una estructura atípica, un corte que te mantendrá alerta todo el tiempo y que se disfruta con sus cambios musicales.
Y llegamos casi sin darnos cuenta al final del álbum donde THE SOULBREAKER COMPANY aún puede sorprendernos con la belleza de Road And Bread, que justo cuando terminó la volví a poner otra vez, transformándose en uno de mis cortes preferidos. Y como no, el cierre tiene que estar a la altura y Be On The Run, lo está y con creces, un corte que cambia de intensidad, dejándonos unas estrofas muy intimistas que son interrumpidas por riffs más rockeros para terminar por todo lo alto.
Un gran regreso y un gran álbum editado por Discos Macarras Records.


