Por Rafa González

Fotografías: Odigir Olaf

 

Este concierto venía anunciándose desde hacía mucho tiempo. Para muchos representaba una especie de compensación por la cancelación de la gira de DEICIDE. Y en primer lugar para KRISIUN, que como no pudo tocar con los de Glen Benton, no desaprovechó la oportunidad de hacerlo con los de Karl Sanders. Una pena que sus paisanas, CRYPTA, no se les unieran.

 

El concierto tuvo lugar en la sala Custom, una de las salas más grandes de Sevilla. Al contrario de lo que suele suceder, el show comenzó sin retrasos. Los argentinos INELEMENT arrancaron con una puesta en escena llamativa: El cantante iba sin camiseta y con un balaclava, mientras que el guitarrista y el bajista iban con máscaras de BDSM. El batería supongo que no llevaba máscara porque con el sudor sería agobiante. Había otra persona sobre el escenario, que aunque no llevaba máscara no se le veía la cara, ya que estaba escondido detrás de los Marshall y dado la vuelta al público. Sujetaba una guitarra, pero no llegué a descubrir si estaba tocando o no.

 

Al principio parecía un grupo de deathgrind debido a la estética y la fuerza con la que empezaron, pero yo ya había escuchado a INELEMENT antes y sabía que esa violencia y suciedad durarían poco. En efecto, no tardaron en hacer gala de su metal moderno y melódico. El contraste entre su imagen y su sonido resulta chocante, así como el acento de su frontman. La verdad es que aparte de que la manera que tienen los argentinos de hablar me evoca sensaciones muy poco relacionadas con la brutalidad, ese hombre tiene gracia.

 

Durante su actuación mucha gente se quedó fuera. La sala se veía medio vacía. Y es comprensible, ya que aparte de tocar primero, su mezcla de death metal y metalcore es difícil de cuajar entre fans del brutal death metal. Hubiera sido más barato y efectivo haber contratado en su lugar a una banda local de death metal puro y duro.

 

Los ritmos de la agrupación gaucha eran mayormente groovies y en la mayoría de canciones había alguna parte de voz limpia sentimentaloide. Además la batería estaba demasiado alta, creando barullo. Menos mal que al menos el que la tocaba sabía lo que se hacía. Llamaron a mosh pit, pero no había suficiente gente ni ganas. Sin embargo, tocaron una canción bastante pegadiza con la que hubiera entrado uno: Fear is the Virus.

 

krisiun

 

Después de un breve descanso llegó la hora de KRISIUN, banda a la que identificaría con un triturador industrial: afilados, contundentes y muy rápidos. Tanto la guitarra como el bajo se recrean en una infinidad de punteos técnicos que congenian a la perfección con los concisos blast beats del batería y los demoledores guturales. Es increíble que sean capaces de sonar así tres personas. Fantásticos músicos y fantástico técnico, ya que la ecualización fue absolutamente impoluta.

 

El cantante demuestra saber español pero no gusta de perder mucho tiempo hablando, como debe ser. El público, que ya llenaba la mayor parte de la Custom, vitoreaba con ánimo, aunque fue un poco reacio a formar pogos. Únicamente se formó un pequeño wall of death -en Vengeance’s Revelation– formado por unos pocos pero muy entusiastas, entre los que me incluyo. Es curioso, pero al final los mosh pits poco abarrotados son los más intensos, ya que hay más espacio para coger impulso a la hora de empujar y abalanzarse.

 

krisiun

 

Me alegré mucho de que tocaran mi canción favorita suya, Descending Abomination, que dio un merecido respiro con riffs más lentos y melódicos de lo que la banda acostumbra. También fue muy destacable Apocalyptic Victory, que puso la trituradora al 11. Este tema tiene un solo con tapping en el que de lo rápido que percute las cuerdas el guitarrista parece que de sus dedos van a salir chispas. Y no fui al único al que le fascinó, ya que se escuchó un fuerte aplauso tanto al terminar el solo como al terminar la canción.

 

Otro tema tan raudo que soltaba chispas fue Serpent Messiah, pero esta vez en lo referente a la batería, que me dejó totalmente anonadado.

 

krisiun

 

Después de un largo tiempo de una intro que consistía en el sonido de una brisa, NILE entra en escena e irrumpe con un acorde grave, de ultratumba. Ya desde la primera canción, Sacrifice Unto Sebek, se nota que el batería es absolutamente increíble. Su doble bombo hace vibrar el cuerpo de todos los presentes. El público está bastante eufórico y la sala se ve más llena. Todos levantan los cuernos al aire al acabar esta primera canción.

 

nile

 

Pasa bastante tiempo hasta que se dirige al público el cantante principal, y eso me gusta. El death metal debe de ser imponente, y evidentemente no impone si no está sonando. Digo cantante principal refiriéndome a Scott Eames, el de VITAL REMAINS, ya que tanto el otro guitarrista (Karl Sanders) como el bajista también tuvieron su turno para cantar. Todos hacían buenos guturales, pero mientras los de Sanders sonaban más atronadores, los de Eames demostraron ser los más versátiles.

 

NILE hizo uso también de pistas ambientales como los otros dos grupos. Así se pudo notar en Long Shadows of Dread, que después de una corta intro de sintetizador metió una caña épicamente aderezada con el sonido de unas campanas.

 

nile

 

Tal vez la ecualización de NILE no fue tan buena como la de KRISIUN, pero lo compensaron con un punto positivo, y es que NILE tiene más variedad de sonidos que sus compañeros brasileños. Suelen ser muy rápidos y técnicos, pero también tienen canciones como Sarcophagus, que suenan a death/doom.

 

De postre tocaron Black seeds of vengeance, tema en el que hay cierto silencio al final, antes del estribillo, en el que no se escuchó ni el aleteo de una mosca. Me llamó mucho la atención, como los dedos del bajista, que se alargaban tanto al tocar que parecían de plastilina. En conclusión, fue una noche de puta madre.