Texto: Roi

Fotografías: Miguel Alegre

 

El pasado sábado 19 se dio una importante cita con el metal industrial nacional. A ojo se podría decir que entre 200 y 300 personas acudieron al recital de dos relevantes bandas de metal industrial como son el grupo madrileño BLOODY KITCHEN y la formación alicantina MIND DRILLER que ejercía de cabeza de cartel.

 

Pasadas ya las 20:00, la primera banda salía a escena. Todos vestidos de negro de pies a cabeza, haciendo su introducción con una cinemática cuenta atrás, acompañada con unos segundos de Give me the simple life de June Christy. El vocalista Carlos Foak se presentó al fin, tras acabar la introducción, con la cabeza cubierta por una capucha negra que hacía de su silueta una apariencia totalmente fantasmagórica.

 

 

La música de la banda empezó al fin con Loco, canción sobre desconfianza, conspiración y el tema que más recurrente se ha vuelto en nuestro día a día desde la famosa cuarentena: la salud mental. No hay mejor manera de empezar el espectáculo: con personalidad y un tema aplastante. Y eso que todavía estaban llegando rezagados de última hora a la sala. Continuaron con Despierta, una llamada a la toma de conciencia y al rechazo de ceder al control absoluto por parte de los gobiernos. Le siguió el más siniestro Lucifer, haciendo aún mayor exhibición del uso de sintetizadores y orquestaciones vía MIDI. Una canción muy en la misma línea que la anterior. Y la particularidad de este momento del show, fueron los segundos en que el micro de Carlos dejó de sonar y se lo entregó a uno de los técnicos en el lateral del escenario para solucionar el problema, pero no por ello deteniendo el espectáculo. El veterano vocalista no interrumpió su canto, sino que siguió con la interpretación, al igual que el resto de la banda, y lo hizo a tal volumen que quienes estábamos en primera fila pudimos seguir oyéndole, claro que a menor volumen que el atronador ruido que seguían haciendo sus compañeros. Cualquier vocalista amateur alucinaría con algo así. Fue el tema con el que el público empezó a volcarse de lleno, en pleno estribillo.

 

 

 

Le siguió Fiesta industrial, cuya letra es toda una autorreferencia a su estilo musical y un homenaje a su público. Pero la implicación auténtica de la gente llegaría con Sexo, con una letra muy atrevida, y que instrumentalmente equilibra más lo guitarrero y lo electrónico. Y por si no fueran bastantes los focos de la sala, añaden otros de su propia cosecha en la pantalla trasera. La siguiente canción, Clon, hizo saltar todavía más al público durante el inicio y en el estribillo hubo también una participación fundamental de la gente. La historia tratada en esta canción se puede ver como una reflexión sobre temas como la pérdida de personalidad o la razón de ser de cualquier individuo, al acabar haciendo lo mismo que el resto de seres que le rodean. Tras mostrar una visión destructiva hacia nuestra sociedad con El mundo arder y Me siento demencial, canciones de carácter más pesado y menos veloz, pero siempre con el componente electrónico como su sonido diferencial, llegó el turno de Natsukashii, en donde imágenes de anime completaban de una manera soberbia la gran interpretación de la banda. Le siguió Cómo duele el amor, tema muy marchoso que no pudimos dejar de bailar, en el que nos hablan de una historia de amor de forma muy sugerente.

 

 

 

Solo habla de lo que su título hace pensar, pero como curiosidad, lejos de ser instrumentalmente depresivo, fue el que más hizo vibrar el suelo, literalmente. Y como punto álgido llegó la composición homónima Bloody Kitchen, mucho más autorreferencial, en donde hicieron que el público grabara con los móviles a la banda y a sí mismo para que luego los envíaran a las redes del grupo, para así realizar un videoclip. Una muy interesante propuesta, demostrando mucha originalidad y personalidad. Muerto de corazón nos hizo pensar otra vez en lo que es la sensación de vacío, reforzada por la presencia del video lyric en la pantalla trasera. Y el final llegó con la locura de Las voces en mi cabeza, de un metal que se acerca más a lo clásico y directo.

 

 

 

Tras unos minutos para adecuar el escenario, se dio paso a MIND DRILLER. Uno de los vocalistas salió con una máscara que recordaba a un liquidador de Chernobil. Al igual que el resto de integrantes, salió maquillado, con una indumentaria blanca que les daba aspecto postapocalíptico y futurista al mismo tiempo. La formación de este proyecto tiene como particularidad el hecho de contar con 3 cantantes, guitarra, bajo y batería. Y como dato que también les hace distinguirse de cualquier otro grupo, cantan en alemán, castellano e inglés. Todo ello flanqueado por luces de coches de policía a ambos lados para rematar la puesta en escena. Esto no se ve todos los días y hace a la banda inconfundible con el resto. El grupo venía a presentar su último disco, The Void.

 

 

 

 

La voz del cantante en el primer tema, Game Over, combinaba un estilo de lo más rasgado, a caballo entre lo melódico y lo gutural, en donde nos hablan sobre amor-odio. Con esta primera canción ya lograron que el público se entregara. A continuación fue el turno para Armour, canción que trata en parte la deshumanización y que da cierto aire terrorífico a través de su melodía vía MIDI. Después vino la temática de la locura mental de Psycho, que hizo vibrar al público más que ninguna de las anteriores, con un estilo más power metal. Lo mismo se puede decir de Insanity, en la que los integrantes cambiaron sus máscaras por otras, mientras queDani N.Q. se puso un característico sombrero de copa.

 

 

 

 

Siguieron con Happy hunting que trata el instinto cazador en la especie humana, vimos otra imagen inolvidable al sacar el vocalista un atril de juez, con mazo incluido. Luego la composición de la que formaba parte su último videoclip M4nikí, la apocalíptica End of the world, para la que cambiaron de máscaras otra vez, hasta alcanzar el clímax con The last drop, que a pesar de tener una letra más depresiva, fue con la que más se emocionó la gente y con la que desplegaron una gran coreografía en el estribillo.

 

 

 

Después ejecutaron Calling at the stars, de letra más positiva y con un sonido más monumental que hizo retumbar a toda la sala mucho más que antes y enfundando nuevas máscaras, esta vez con la sonrisa de emoticono de whatsapp. A.I., de reflexión más futurista y sonido más electrónico y más técnico, con quiebres muy pegadizos, y la pieza también muy power y de voz rasgada Rotten continuaron el show. Hasta que finalmente terminó con un despliegue de voces más melódicas en The fallout e Ich Bin Anders!, de letras más siniestras, y en donde la gente comenzó a hacer pogos de verdad.

 

 

El balance de la cita fue muy bueno en lo que asistencia de público se refiere, así como en compenetración entre el mismo y las bandas. Cualquier amante del metal industrial pudo ver satisfechas sus ganas de ver en directo su género favorito. Y quienes fueran por primera vez a un espectáculo de este tipo, seguramente se engancharon bien a estos grupos.