Por Rafa González (texto) y Píntame de Negro -Eva Rodríguez- (fotografías)

 

 

El fin de semana del 9 de mayo aconteció por vez primera un nuevo festival en Granollers, Barcelona: el WINDS OF AGONY. Desde ese primer adelanto de bandas encabezado por BLASPHEMY , este festival se presentaba como el mayor evento orientado hacia el black y war metal de España. Y, finalmente, con la confirmación de BEHERIT se terminó de coronar. Así es como AD ARMA! logró el sold out a pesar del elevado precio de las entradas (135€ en el último tramo).

 

 

Empecemos hablando del recinto. La sala NauB1 – Centre de Creació i Difusió Musical de Granollers está ubicada en un lugar muy pintoresco. Está rodeada de muchas áreas amplias con sitio para sentarse, cosa que se agradeció mucho. Solo se necesitaba la pulsera para entrar en la propia sala, por lo que el exterior de esta, incluyendo puestos de discos y merchandising, era de acceso libre. Con respecto a la NauB1, hay que elogiar su sonido, pero a la vez reprochar la poca cantidad de WC’s para hombres y las enormes columnas a los lados del escenario que tapan mucha visión.

 

 

Empezamos por BAD OMEN, grupo de blackened heavy metal tan nuevo que solo tiene un disco publicado (Hell Returns, 2024). Pero ese LP es suficiente para probar la pasta de la que está hecha esta banda holandesa. Y es que sus pintas, llenos de brazaletes de puntiagudos pinchos y una cota de malla sobre la cabeza del guitarrista, reflejan bien la metálica dureza de su música.

 

 

BAD OMEN sigue fielmente la estela de VENOM, pero tal vez con un poco más de agresividad. Sin embargo, en este festival, por muy blacker que sea un heavy metal, sigue siendo heavy metal. Por tanto, BAD OMEN se configuraba como la banda menos extrema de todo el cartel, mas no desentonaron nada.

 

 

Luego vino DEATH WORSHIP, banda canadiense de war metal liderada por Deathlord of Abomination and War Apocalypse, guitarrista a su vez de BLASPHEMY desde 1999. Y, al igual que BLASPHEMY, su estética es guerrillera. Varios llevan el clásico corpsepaint de solo pintura negra, mientras que otro va con un pañuelo que le cubre toda la cara y lleva un cinturón de balas de bandolera. Digna de mención es también la gigantesca figura del bajista, que pega bastante con su sonido.

 

 

Todo está afinado muy bajo. La música es una alternancia entre riffs simples y machacones y secciones totalmente rápidas y ruidosas. Al final uno se da cuenta de que el war metal y el goregrind tienen bastante en común. Rápido o lento, es destrucción absoluta y sin miramientos. Y al público le encanta.

 

 

Después tocaba el turno de uno de los nombres que más me llamaba la atención del cartel y quien, en mi opinión, dio el mejor directo del primer día: RIPPIKOULU. La gélida Finlandia engendra muchas bandas que recrean lo que allí se vive. Por eso hay tanto doom finés. El tipo de death/doom de RIPPIKOULU se basa en intercalar partes hiper lentas y nebulosas con otras de death abrasador. De tal modo, que yo casi que lo etiquetaría como funeral death/doom.

 

 

Es definitivamente distinto de ASPHYX a pesar de entrar en el mismo subgénero. ASPHYX es como un martillo gigante aplastando cosas, mientras que RIPPIKOULU es un vendaval omnipresente que arrastra todo consigo. ASPHYX es directo. RIPPIKOULU es mucho más excéntrico y ambiental. 

 

 

Para BLASPHEMY todo el mundo está dentro de la sala. Pocos grupos comparten su estatus de culto. Y no es para menos, ya que se considera la primera banda de war metal. Es decir, una combinación de death y black metal de manera que un estilo complementa en brutalidad al otro. 

 

 

Las voces son como suspiros ultrasónicos y con eco que cortan el aire. La extrema distorsión suena a muerte. Resumiendo, es un ritual de carnicería y desmembramiento. Abrasión extrema y sin límites. Un castigo perpetuo que acuchilla las almas varadas en el limbo. Auténtica música de guerra y violencia.

 

 

Por último entraron en escena los componentes de la agrupación alemana STYGIAN TEMPLE. Visualmente tienen un corpsepaint completo pero simple, y juegan mucho con la iluminación y el humo para transmitir sensación de tenebrosidad. 

 

 

Las vocales se componen principalmente de guturales graves, pero el cantante a veces también lanza unos gritos lamentosos muy profundos. La voz, rota, se inyecta en los cuerpos de la audiencia con facilidad. Es black metal del que te atrapa, compuesto por riffs largos a trémolo o arpegio que se suceden unos a otros con mucha facilidad.