Por mattogrosso

 

 

La Sala El Sol de Madrid acogió el pasado domingo 18 de octubre una de las citas más desenfadadas del año para los amantes del metal extremo. El grupo checo GUTALAX, referente indiscutible del goregrind humorístico, llegaba a la capital dispuesto a convertir el recinto en una fiesta colectiva dominada por los pogos, los crowdsurfers y su habitual sentido del humor escatológico.

 

Antes fue el turno de la banda madrileña AVLAK, que salió puntual y tardó muy poco en poner en movimiento a los asistentes. Ya durante la primera canción apareció un pequeño circle pit que sirvió para medir las ganas de fiesta que había en la sala. El grupo mantuvo una constante cercanía con el público, alternando bromas y comentarios entre tema y tema.

 

Uno de los momentos más divertidos llegó con la presentación de Quiero un Don Simón, precedida por una conversación sobre la sed del respetable y rematada cuando el vocalista apareció armado con una gran pistola rellena de ¿vino¿ ¿agua?. Tampoco faltaron globos sobrevolando la pista ni el anuncio de un próximo disco. El cierre con Uruk-Hai desató el mayor pogo de su actuación y varios crowdsurfers antes de despedirse poco después de las nueve de la noche.

 

Tras el cambio de escenario, la conocida sintonía de Baywatch comenzó a sonar por los altavoces mientras buena parte de la sala la coreaba. A las 21:38 aproximadamente aparecía por fin GUTALAX, recibido con una ovación por un público dispuesto a entregarse desde el primer minuto. Como es habitual, el grupo lucía sus característicos monos blancos de trabajo, una estética que numerosos asistentes decidieron imitar. El resultado fue una sala con unas cuantas personas vestidas prácticamente igual que la banda, contribuyendo a reforzar aún más el ambiente festivo y surrealista de la noche.

 

GUTALAX arrancó una actuación tan intensa como delirante en la que apenas hubo respiro. Temas como Assmeralda, Poopcorn o We Are What We Shit mantuvieron el movimiento constante en una pista donde los mosh pits y los crowdsurfers fueron una presencia permanente. La conexión con el público fue absoluta y el ambiente se mantuvo festivo durante toda la noche.

 

Tampoco faltaron algunos de los elementos ya inseparables de los conciertos de GUTALAX. Decenas de rollos de papel higiénico surcaron la sala durante buena parte de la actuación, hasta el punto de que varios terminaron enredados en los ventiladores del local. A ellos se sumaron numerosas escobillas de váter agitadas por los asistentes como si fueran auténticos estandartes. Curiosamente, en esta ocasión el grupo no llevó al escenario ninguno de sus habituales baños químicos, aunque la temática escatológica estuvo más que presente de principio a fin.

 

Buena parte del espectáculo estuvo en las presentaciones de las canciones. Antes de interpretar Buttman, el vocalista explicó su teoría de que el culo es la parte más bonita del cuerpo humano, rematando el discurso con un sonoro ¡Culo Forever! que fue repetido por buena parte de la sala. Tampoco faltaron los habituales momentos absurdos del grupo, como cuando ofreció tocar versiones de black metal o de Meshuggah para demostrar su técnica, resolviendo el dilema interpretando apenas unos segundos de cada una.

 

El humor continuó con la exhibición de algunos regalos recibidos durante la gira, entre ellos un llamativo caramelo de forma fálica y una peluca rizada. También hubo tiempo para acordarse de Gino, presente en el puesto de merchandising, antes de dedicarle Vaginapocalypse. Más adelante llegarían los cánticos de ¡oé, oé, oé, oé, cuuloo, cuuloo! y la presentación de parte del equipo de gira, incluyendo a Javi, tour manager de la formación, y a Pablo, conductor del autobús, antes de dedicarles Total Rectal.

 

Uno de los momentos más esperados de la noche fue la petición de un wall of shit, la particular versión gutalaxiana del clásico wall of death. La respuesta del público fue inmediata, generando otra explosión de movimiento en una sala completamente entregada.

 

El cierre llegó con Shitbusters y Strejda Donald, esta última acompañada por una melodía tan pegadiza como delirante que puso a cantar a buena parte del público. Fue el colofón perfecto para una actuación en la que GUTALAX volvió a demostrar que pocas bandas saben combinar brutalidad y humor con tanta naturalidad.

 

Más allá de la música, lo vivido en la Sala El Sol fue una celebración colectiva de lo absurdo. Walls of shit, crowdsurfers, papel higiénico colgando de los ventiladores, escobillas de váter agitadas al aire y gritos de Culo Forever fueron los ingredientes de una noche que difícilmente olvidarán quienes estuvieron allí.

 

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Mattogrosso