Todavía recuperándome de los Sanfermines me veo en la autopista dirección Tarragona donde me espera un nuevo festival, el A COP DE ROCK fest, en un recinto muy interesante y una plaza de toros con cubierta móvil. Suena de muerte, ¿no?
 
 
Ajustándose a los horarios previstos da comienzo la corrida y a las 14:30 salen al ruedo los catalanes MASCARATS. Sus ocho componentes llenan el gran escenario pero la verdad, no puedo contar mucho sobre esta banda excepto lo que se refiere a su actuación.

 
Su música era un punto y seguido a la que he podido disfrutar este año en San Fermín. ¿Qué quiero decir con esto? MASCARATS se funden en una mezcla de ska, rock y folk pero cambiando el euskera por el catalán. Y a tirar millas.
 
 

Asomando por el patio de cuadrillas, mi querido Maestro Mariano Muniesa intenta darle emoción a la salida del siguiente lote. Entran cinco finos y fibrosos ejemplares de las tierras tarragonesas. Ellos son EL MALO DEL CUENTO y con ellos ya nos encontramos otra cosa: buen equilibrio, faena ligada, intensa pero con un silencio mortal del respetable. Vamos, que por ahora el recinto estaba vacío, supongo que los cuarenta y pico grados de calor y la playa al lado era suficiente excusa para justificar esto.

 
 
Suenan los clarines y entra la tercera de la tarde, parejos en presentación: gorro colorado en la divisa, pelos largos negro tizón lleno de trenzas. Salen desbocados al ruedo y enseguida las medias verónicas junto a esos molinetes me recuerdan mucho a una ganadería del norte de Navarra, MAREA.
 
 
El Maestro viene esta vez con la melena al aire provocada por una brisa inesperada que da sólo al escenario y que no conseguimos que nos calme el ardor de los 40 grados a los que estamos sometidos en el tendido de sol a las cuatro de la tarde.

Suenan briosos y con mucha garra pero tras el tercer lance nos obligan por cuarta vez consecutiva a desalojar el tendido de sol. Sólo un par de fotógrafos pueden quedarse tras las tres primeras canciones, no sabemos muy bien por qué, ¿serán familia? La faena discurrió con trazo artístico y mucha conexión con el público, que poco a poco comenzaba a llenar el coso y eso supuso como premio una oreja y vuelta al ruedo.

 

Mientras en corralillos preparan la siguiente ganadería, un servidor se dirige a la zona de prensa para repostar líquidos para el cuerpo y baterías a las cámaras fotográficas pero resulta que no hay tal zona, por lo menos para mí. Pero bueno, tampoco importa, pasa en todos los conciertos de pueblos, fiestas y variedades a las que con gusto suelo acudir. Así que voy a la barra y de una manera que no podría explicar bien (algo de película: cuando sacas el dinero para pagar te enseñan las monedas del festival, que son unas púas) me gasto cuatro euros en una cerveza con un vaso reutilizable que me cobran a precio de oro (pero luego a la salida no te lo abonan). Así que, gracias a los precios de la cerveza, me lanzo a la botellita de agua de dos euros; puedes calcular lo que me gasté en agua de dos de la tarde a dos de la mañana a cuarenta grados.

 
Empieza, desde este momento, una espiral de caos absoluto. Como los organizadores no me proporcionan un enchufe con la excusa de que el seguro no se hace cargo de que mis baterías causen un cortocircuito, intento salir al exterior para recoger unos cargadores portátiles y el señor de seguridad de la puerta me dice que si salgo del recinto no vuelvo a entrar. No importa que seas de prensa. Órdenes son ordenes y nadie puede salir. Los fumadores se encontraban como ovejas en un corral. 

Poniendo en juego su trabajo, uno de ellos me deja salir y volver a entrar, siempre por la puerta de acceso al público en general, con sus colas, registros y volver a abrir la maleta de mi equipo fotográfico entre los empujones de la gente que tenía prisa por entrar.
Ya sonaban los clarines de nuevo y con el pequeño descanso me da tiempo para meterles unos voltios a las cámaras, unos voltios de más que necesitaré porque el cambio de última hora en el cartel me encanta. Estos sí que son de casta, los nervios me atenazan un poco.

Mucha calidad y nobleza, encastados, plata de ley… qué ganas tenía de ver a estos Miura del metal y, como ellos dicen, “estoy dispuesto, para aceptar montañas de sacrificio, para nunca poder llegar a caer al precipicio” una estocada en todo lo alto. Se levantan de nuevo y el público ruge. Su sonido es espectacular. ¿Esto es una plaza cubierta o me estoy equivocando?

 

No me lo puedo creer, comienza una tormenta y sí, el único sitio donde caían unas gotas como sombrillas de playa era graderío sur. Sí, otra vez el equipo en peligro, esta vez me roza el cuerno izquierdo del morlaco pero con un quiebro soberbio llego a la máxima autoridad de la plaza y le comunico que el techo se puede cerrar, que para eso está.

Tercer lance y tenemos que salir esta vez heridos. No he podido sacar buenas fotos a la mejor ganadería del día, SÔBER. Es lo que tiene graderío sur, toda la tarde el sol de frente.

Pañuelos en el tendido y la feria continúa, como no podía ser de otra manera. “ Ya no hay peligro, ya no hay temor, saltaremos al vacío buscando una oportunidad para salir de este Volcán“. Las dos rodillas en tierra, qué buenos son estos músicos conectando con el tendido sin problemas, matando de estoque único y sin sangrar. Buenos muy buenos.

Justo de fuerzas e incomunicado dentro del recinto, me empiezo a sentir como un cristiano. Seis camisetas llevo chirriadas y 40 grados que seguían haciendo. 

 

Debo reunir fuerzas para por lo menos para ver a mi compañero Evaristo. Yo lo conocí con Y ahora qué allá por 1983, así que ya han pasado unos añitos desde que conozco a GATILLAZO y siempre es un placer volver a repetir.

Ahora que ya no voy a ver más bandas es cuando me enciendo. Tengo 50 añazos y 34 de ellos sumergido en el mundo de la música: guitarrista, técnico, fotografía, vídeo, pipa, furgonetero… vamos, un poco de todo. Y claro, si me dices que no me dejas un enchufe para cargar mi cámara por posible cortocircuito, molesta. Me llevaré una alargadera desde Pamplona.

 
Pido perdón a las bandas que no menciono en la crónica porque sólo pude estar el primer día, mi presupuesto no da para agua a dos euros en un puesto de trabajo a 40 grados. Muchas gracias a todos los trabajadores del evento y compañeros de prensa que bajo manga me echaron una mano que yo, como siempre, iba acreditado como fotógrafo.

No puedo dejar de comentar que mi redactor no llegó a tiempo al festival; pero casi mejor, porque su pase de redactor no llegó nunca a aparecer por ningún lado.

 

También decir una última reflexión. Estoy seguro que los grupos que pocas veces tienen la oportunidad de disfrutar de un escenario como el de Tarraco, unas buenas fotos les hace una ilusión tremenda y claro, retratarlos en las tres primeras canciones cuando están mas fríos que un vampiro (y no hablemos de los derechos de los lejanos bateristas) hace difícil la labor del fotógrafo para conseguir este fin.

 
Toda una pena porque el sitio, la ciudad, los grupos, los trabajadores, los organizadores, todos eran maravillosos, todo el mundo hacía su trabajo pero… conmigo no salió bien.