Por Adriana Rockmero

 

El «Magoverso» volvió a sacudir el avispero. Con su llegada a las salas de Cinépolis este jueves 5 de noviembre, el biopic cinematográfico fiesta Pagana, dirigido por Álvaro Brechner, no llegó solo para vender la nostalgia noventera de la banda, sino para poner sobre la mesa la verdadera anatomía interna de una de las agrupaciones más influyentes del rock en español.

 

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​En pantalla, la cinta cumple muy bien. La fotografía y el diseño de producción retratan el contraste entre la España underground de aquellos años y el trancazo internacional del grupo. Pero el verdadero acierto está en el reparto: Adrián Lastra se mete de lleno en la piel de un Txus Di Fellatio complejo y de carácter fuerte, mientras que Adrià Mondaray logra atrapar la voz y la vulnerabilidad de José Andrëa. A ellos se suman Guillermo Furiase (Moha), Carlos Librado (Carlitos), Jorge López (Frank), Jon Arias (Salva), José Sospedra (Peri) y Roberto Álamo dando vida al mítico productor Big Simon.

 

 

 

​Aquí no hay espacio para romanticismos baratos. La película muestra la vida de las estrellas de rock tal cual es: las horas muertas en el autobús de gira, la presión implacable de las disqueras, el desgaste físico, los egos chocando en el camerino y la disciplina casi militar que exige mantener viva una maquinaria de este tamaño.

 

 

​La historia repasa la cronología de los primeros años y las facetas de sus primeros músicos, pero una de las escenas que más conmueve ocurre en el estudio durante la grabación de Gaia. Vemos a un Txus que entra a la defensiva, tenso y con una postura dura, hasta que se topa con la figura imponente de Big Simon. Es Simon quien le frena esa rudeza inicial, le da orden a las ideas y le inyecta la elegancia sinfónica que terminaría convirtiendo a ‘Gaia’ en el disco definitivo del grupo.

 

 

​Otro punto fuerte es cómo desarma el mito sobre la salida de José Andrëa. Durante años se ha vendido la idea de una expulsión fulminante y unilateral por parte de Txus, pero la cinta matiza la historia: muestra a un José que decide dar el paso al costado cansado de las rencillas acumuladas, el desgaste de la convivencia y el choque de visiones. Obviamente, en todo biopic hay licencias narrativas, pero la cinta deja claro que la historia oficial no era tan en blanco y negro como muchos creían.

 

 

 

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​Más allá de la pantalla, la historia real de MAGO DE OZ se ha escrito a pulso sobre el escenario y en el impacto económico que la marca arrastra hasta el día de hoy.

 

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​Fuera del cine, la memoria en México tiene datos imborrables: aquella masiva y emotiva despedida de José Andrëa ocurrió el 17 de diciembre de 2011 en una Plaza de Toros México que metió a unas 20,000 personas. Pero esa es otra historia, porque la propia película decide cerrar su metraje conectando con el apogeo de otra época: el histórico concierto de Diabulus in Opera en 2017 dentro de la Arena Ciudad de México. Ahí, entre arreglos orquestales —que llevan el sello entrañable del padre de Moha, artífice de esa grandeza sinfónica aunque lamentablemente partió antes de ver materializado y consagrado ese sueño sobre las tablas—y un lleno brutal, Javier «Zeta» Domínguez firmó su nombre con letras de oro en la historia del grupo.

 

 

 

​Quienes llevamos años en la prensa musical conocemos bien el juego de pasillos. A Txus Di Fellatio se le ha colgado sin piedad el cartel de «dictador», «inquisidor» o el malo del cuento. Sin embargo, si analizas el negocio sin apasionamientos ciegos, lo que ves es a un líder pragmático y visionario. Nos acostumbramos a juzgar la coraza ruda o la fachada defensiva que muestra en entrevistas, perdiendo de vista a la persona que ha sostenido los cimientos cuando todo amenazaba con caerse.

 

 

​Txus ha dicho más de una vez que su carácter responde a una responsabilidad básica: mantener a flote la estructura para que catorce familias sigan comiendo de Mägo de Oz.

 

 

​Pero la realidad va mucho más allá. Esta misma película es la prueba. Aunque Txus salió a marcar distancia de la producción y soltó declaraciones diciendo que no estaba de acuerdo con varios puntos, toda esa controversia terminó jugándole a favor al film: le dio una publicidad en redes y empujó a la gente a las salas. Irónicamente, el nombre que él construyó sigue generando empleo para directores, técnicos, actores, músicos y personal de logística.

 

 

 

​Y el derrame no se queda ahí. La música que compuso sigue dándole de comer a quienes ya no están en la alineación oficial:

 

​KABRONES, donde varios exintegrantes clave recorren escenarios reviviendo la época dorada.

 

​Z LEGAZY, con Zeta girando y manteniendo vivo el material que grabó.

 

​JOSEANDRËA, quien en su camino solista sigue llenando fechas cantando esos himnos.

 

 

​Detrás del personaje rudo hay un tipo apasionado, trabajador y generoso. Alguien que se desvela por mantener el nombre de Mägo de Oz arriba, por componer, sacar discos, cerrar contratos y seguir creando fuentes de trabajo.

 

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​El linchamiento en redes es fácil y gratis, pero el tiempo es el único juez que no se equivoca en la música. No tengo duda de que, en unos años, Txus Di Fellatio tendrá su estatua de bronce en algún rincón del mundo. Cuando el ruido del morbo se apague, la historia no lo va a recordar como el villano que muchos quisieron pintar, sino como el proyectista que protegió su barco y jamás se permitió quedarse estancado.