Texto por José L. Medina
Fotografía por José Huertax
La escena granadina de la década de los noventa se caracterizó por una explosión creativa protagonizada por multitud de jóvenes que, de forma simultánea, dieron vida a una gran cantidad de bandas. La búsqueda de identidad, sonido y espacio dentro del panorama musical de la ciudad fue la máxima de todas aquellas agrupaciones.
Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que Granada siempre ha sido tierra de tradición musical y de grandes músicos. El heavy metal no iba a ser una excepción y, mientras el género evolucionaba y se adentraba en caminos más extremos, surgieron POST MORTEM, quienes más tarde cambiarían su nombre a CANKER. La banda destacó pronto como una de las formaciones más sólidas, trabajadas y con mayor proyección de cuantas aparecieron en Granada, logrando la difícil tarea de grabar un disco con producción profesional: “Physical” (1994). ¡Y qué disco!
El paso del tiempo lo ha convertido en un disco de culto, buscado y codiciado, su atemporalidad hace que vuelva a ser descubierto por nuevas generaciones situándolo en el lugar que merece.
Para quienes no pudimos ser testigos de aquellos conciertos de aura legendaria en la ciudad, hubo una noticia que marcó el calendario en rojo: el 1 de noviembre, la formación original de “Physical” —Miguel Hernández, Ramón Astorga, Indio Lorenzo y Miguel Robles, junto con Eduardo Cervera (batería en Exquisites Tenderness) a la guitarra— volvería a los escenarios para interpretar el álbum al completo.
La expectación era máxima y, antes de desgranar lo sucedido en el Centro Caja Granada, podemos adelantar que CANKER no solo cumplieron las expectativas: las superaron. Se suele decir que “el que tuvo, retuvo”, pero ellos no solo fueron buenos; fueron una de las mejores bandas de España de su época, tanto a nivel técnico como compositivo. Estas palabras mayores hacen justicia a la exigencia que ellos mismos se han impuesto, y este apartado sirve para reconocer y poner en valor el trabajo desarrollado durante estos meses para trasladar con fidelidad y convicción al escenario una obra tan compleja como Physical.
Resultó curiosa la elección del recinto, ya que en el Centro Caja Granada nunca se había celebrado un evento de estas características. Todos estábamos expectantes, sin saber cómo sonaría aquel espacio que, con sus decenas de tramos de escaleras, más recordaba a un museo que a una sala de conciertos. Sin embargo, tras lo vivido el pasado 1 de noviembre, el balance no puede ser más positivo: un lugar amplio, de buena acústica, fácil acceso, cómodo para el público y con precios muy razonables.
Alrededor de las 21:00h, con el ambiente caldeado por varios cientos de asistentes, MARÍA DEL MAL abrían fuego con el público totalmente entregado mientras sonaban “Tiempos mejores”, “La pared”, “Solidaridad S.A.” o “Bulería”. Con el merecido recuerdo a Dani (D.E.P.), la banda continuó desgranando su repertorio con energía y un sonido muy logrado. Sobre aquel escenario —amplio como los de los festivales— se sintieron cómodos interpretando sus clásicos: “Mil llamadas”, “De la renfe”, “Puta tele” y “María del Mal”, con la que cerraron su actuación.

Y entonces llegó el momento histórico. Treinta años después, la formación original de Physical volvía a tocar junta. Con una intro lúgubre, humo, luces rojas y la atmósfera cargada de emoción, comenzó a sonar la “Intro” del álbum, arrancando la primera ovación de la noche.
“Inquisition”, como en el disco, abrió el concierto. Tras los inevitables ajustes de sonido, un eufórico Miguel Hernández presentó a los miembros de la banda antes de introducir “Opus Death”, salpicada de ácidos comentarios sobre su temática, tal y como hizo con los distintos cortes.
El álbum fue interpretado en el orden original, lo que dio al concierto una sensación de unidad y coherencia, reflejando la intención con la que fue concebido. “Obliteration” y “Big Shit” mostraron a la banda más relajada, engrasada y disfrutando tanto o más que el público, sonando con fuerza y precisión, y confirmando todo lo que siempre se dijo sobre la calidad de los directos de CANKER.
Ramón Astorga, sobrio y preciso, clavó cada solo; Miguel Robles fue un martillo en la base rítmica junto a Indio Lorenzo; Eduardo Cervera se lució, y Miguel Hernández cumplió con las exigencias de ser ahora frontman. La compenetración entre todos, tras tantos años, fue celebrada por un público entregado mientras el show avanzaba con “Dark Destiny” y “Torture”, preludio de un instante inolvidable: la larga y elaboradísima “Physical”, con sus pasajes instrumentales enlazados con maestría, donde Ramón Astorga y Eduardo Cervera acapararon miradas incrédulas ante lo que estaba ocurriendo, brillando y regalándonos un momento eterno.
Tras una breve despedida, regresaron para cerrar con “Hardcore”, recordando al injustamente infravalorado Exquisites Tenderness. Aunque “Symptom of the Universe” figuraba en el setlist para rendir tributo a OZZY OSBOURNE, la falta de tiempo impidió su interpretación.
Hay quienes aún son grandes por lo que fueron, no por lo que son. Canker lo son por lo que fueron, por lo que son y por lo que seguirán siendo. Enhorabuena por volver a un nivel increíble y hacernos disfrutar de una noche que quedará grabada en la historia del metal granadino.













