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	<title>Jesús Beades (Sevilla) archivos - Metal Korner</title>
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	<description>Web de noticias Rock Metal</description>
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		<title>Crónica: IRON MAIDEN en el estadio Metropolitano de Madrid (05-07-25)</title>
		<link>https://metalkorner.com/2025/07/06/cronica-iron-maiden-madrid-05-07-25/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Mattogrosso]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Jul 2025 21:24:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Beades (Sevilla)]]></category>
		<category><![CDATA[iron maiden]]></category>
		<category><![CDATA[madness live]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2025/07/06/cronica-iron-maiden-madrid-05-07-25/">Crónica: IRON MAIDEN en el estadio Metropolitano de Madrid (05-07-25)</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h4 style="text-align: center;"><strong>Texto por <a href="https://metalkorner.com/jesus-beades/">Jesús Beades</a>; fotografías: Iron Maiden</strong></h4>
<h4> </h4>
<p><strong>La Doncella de Hierro más ochentera</strong></p>
<p style="text-align: justify;">A estas alturas del partido, a punto de ser un cincuentón macizo, no voy a jugar a crítico de música de los de nariz arrugada y a ponerme tiquismiquis. No voy a comparar la interpretación más o menos acelerada de una canción con la que hicieron hace tres años en no sé qué otra ciudad, o antes de ayer en Praga, ni a decir que Dickinson no llega a las notas altas de <em>Aces</em> (valga la redundancia) <em>High</em>, ni si el <em>bending</em> del final del solo de <em>Run to The Hills</em> le quedó un poco atropellado a Adrián Smith. Ni que Janick Gers hace el payaso jugando al hula-hop con la Strato, como si eso fuera algo nuevo. Vamos a no andarnos con chorradas. Aquí hemos venido a flipar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgJzT93NBbHEQW4iHayGmKJctRfyXAJBOoNjKQ1q8efLQwLYVrTyXt6cTJIvB-GRkdMFu4JijlQ2KovTl3XDx7Hl4WlkKePPKmGHA9k5jCMNhmYgGRN7F2rV9s_Vs9odXzgOoLTYxU7O2g-57MWnAHynlreGo4JzzUfiFgssl5qGYVcq7sYFTp2ggTv/w640-h480/514361065_18513006250005146_8142625557321675468_n.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La Ceremonia del flipe</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Creo que todos los que estuvimos anoche en el nosequé Metropolitano de Madrid (le han cambiado el nombre veinte veces, y este último no lo voy a intentar pronunciar por si invoco al diablo) todos, digo, estábamos allí en una gran Ceremonia del flipe. Nuestras camisetas de Eddie –unas del Temu, otras oficiales, según bolsillos–, nuestras cervezas en vasos de plástico a trece pavos y, sobre todo: una sonrisa bobalicona, como de víspera de fiesta o reunión navideña. Éramos, sencillamente, felices y nada podía arrebatarnos eso. Comprobamos cómo formábamos parte de una legión de <em>jevis</em>, de chupa vaquera llena de parches y chapas, de litrona y canuto en plazoleta, y también monísimas muchachas con maquillaje agresivo y ceñidas camisetas sin mangas, con tatuajes y colores <em>otaku</em>, que contrastaban con las <em>jevis</em> de mi infancia. En realidad, en mi infancia no había <em>jevis</em> hembra, y, si las había, eran físicamente indiscernibles de los <em>jevis</em> macho. Eso, por fortuna, ha cambiado, y anoche pudimos disfrutar la maravillosa variedad de la especie humana, con niños pequeños a lomos de sus padres (diminutos <em>eddies</em> en sus camisetitas), carrozas (¿habrá algo más carroza que la palabra carroza?) con calvicies galopantes y melena gris ceniza, y chavales jóvenes a los que el <em>Fear of The Dark</em> les sucedió en el pasado. En esa multiforme variedad de humanos sudorosos lo que destacaba era un ánimo festivo, una disposición a que aquello nos gustara. Veníamos preparados para perdonarlo todo y disfrutar como posesos. Ya habíamos ido viendo publicaciones en redes, con vídeos de la gira, que revelaban las pantallas con infografías y animaciones, sin los decorados físicos de siempre, y eso que Dickinson había pedido a los fans que dejáramos los teléfonos móviles (estos pobres <em>rockeros</em> millonarios sufren mucho porque les hagamos un vídeo para Instagram).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgcG074e0MhvgQk_xMkC5xPt1d8YBUdCKCw-QjpphZ29hud-3f1XmC7-pDCsQhvUH_tBinzsfHUidwiCBYCfxgrDuNGz61oo9msHR7o_wOJX3ar6KiWcYcDufhxP8qC1AOLoGadiVMpVhZoE-ElC4gAMOdHY6RprCFl32gH1oqJoz-Zy7V_wxo1C0x9/w640-h480/510447078_18513006241005146_6178589293313669105_n.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Sonido espantoso, emoción a raudales</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El concierto empezó con decepcionante puntualidad. A los teloneros, obviamente, no los vimos (¿a quién le interesa?), pero <em>los MAIDEN </em>a los 20:52 estaban dando guerra ya. Dijimos arriba que estábamos dispuestos a que nada nos quitase la felicidad bobalicona, y tuvimos ocasión de ejercerlo: el sonido era pésimo, al nivel de U2 en el Estadio de la Cartuja de Sevilla (esos <em>delays</em> de The Edge aún siguen rebotando desde 2010), con falta de ganancia y de unos agudos y medios que a veces asomaban el hocico y luego se volvían a hundir. Sospecho que éramos víctimas de una limitador de potencia, que funciona de forma automática por decibelios, y que la mitad del estadio para atrás escuchamos una bazofia de sonido, teniendo en cuenta el dineral que habían costado las entradas. Si el problema es por los vecinos del barrio, pongan el estadio en mitad del campo y llévennos en autobús. Pero dennos caña, por amor de Eddie. Aún así, habíamos ido a flipar, y flipamos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiP1vXF2OC4eGYS-kbBs1ZZNZjN6o6djJVjd-dismqH0JAe_VOxk44IC5XBk43U56gf9SqwKoSQIGJ7-H3cwuU_P1p29RSkGKt9Nk_l5W500AiY1t23MOGa9yEvME6m0BikhHtpqT2BdwevArN4FovfGZCc5m1a44xiWjXWyub98T_SvVuLSf8jB0bc/w640-h480/514396965_18513006259005146_2584163608303991992_n.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">En cuanto sonaron los primeros compases de <em>The Ides of March</em>, el tiempo quedó abolido. No habían pasado los treinta y cinco años que median desde que yo ponía los discos de MAIDEN un picú viejo, desde que hacía <em>playback</em> con una raqueta de plástico y el <strong><em>Live After Death</em></strong> a todo trapo en mi radiocasete de doble pletina. Mi vida estaba abrazándome, sosteniéndome entero en cada acorde, en cada redoble. ¿Tengo un alma? Entiendo que sí; aunque no sepa qué es, sé que está hecha de Fraggle Rock, El Equipo A, Iron Maiden y Michael Jordan. Así que ningún sonido de mierda iba a arruinarme ese ritual que consagraba una unidad de vida, una identidad feliz de haber sido y de seguir siendo. A los MAIDEN les debo mucho: haber experimentado algo que solo puedo llamar exultación o regocijo, y que esa experiencia se quedase dentro del alma como piedra angular para el resto de la vida. Yo, de niño, en mi barrio de Amate en Sevilla, con rodillas con mercromina todavía por la Bicicross BH, jamás hubiera soñado que estaría viendo a IRON MAIDEN cara a cara. Por eso, las veces que me ha ocurrido, me he sentido bendecido por Dios.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjdOW_UClrnHWo2E96uSIOUM-epFDIKUDU0BYkNP1dq3TCRu2VnyNxZ5VpX0McsRjHZuSULNZ5PA-5Dv8yEnAtQUm_lG52qTKBIPz1z7ME3xYEiOq2fwWiwt5jxtmBSmQZW6gnqT6TLmZhLcFTH3BcgP5PgS_jOrRMTPEQDocbWQ7Ds0NUz2BaqPfhY/w640-h480/515826886_18513006226005146_3414389897936686465_n.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Una poquita de reseña</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Del batería nuevo, Simón Dawson, poco puedo decir: ya lo vi con British Lion el año pasado, toca el hombre muy bien, con una pegada muy contundente y en un <em>set</em> menos abarrotado que el de nuestro añorado Nicko McBrain, que parecía tener síndrome de Diógenes con los tambores. En cuanto a presentación pública, lo trataron como un igual, sin escatimar planos cortos en las pantallas, ni en los saludos. Me dio mucha pena no volver a ver al bueno de Nicko, pero así es la vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi4TJ0I4KI9AxPRiMp5Q5jJIbxVktSPmXXOE9PkWn0NWxLaxBQbU0K_DLtq_N6BxH2oXATKzP_MUKjEQJBzGaxD_cZV-t8UWYFbSrDyM-xJlBsXQ0l6-CoZrFuWhceFl7nl8bZH_Zko4k1Zlj0YTx9bw2r28gGgo3I4skyZ8PQpg-kM3Hjnb5wdOaJo/w640-h480/514503183_18513006286005146_4161309526599965071_n.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Los picos del concierto, que no se ordenó del todo de modo cronológico –aunque empezó por el <strong><em>Killers</em></strong>– fueron:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Wrathchild</em>. Por ser del Antiguo Testamento de los MAIDEN, y tener ese punto <em>punky</em>, y hacer que nos acordaremos de Paul DiAnno, que en paz descanse. Y porque nos dio la oportunidad de gritar todos el estribillo ¡<em>Wrathchild</em>!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Seventh Son of A Seventh Son</em>, inundando de azul ártico el escenario por la ilustración horizontal de Derek Riggs, tan daliniana. Es una pieza de una ambición admirable, de un porte épico, soñador, de unas modulaciones y cambios de ritmo tales que que la convierte en el cénit compositivo de Harris. Por supuesto nos desgañitamos cantando todo, hasta los riffs de guitarra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEh4OQnO4xSunYQkjh357oj5vtWqWMPeZ0Al0tOzNj2e_rSF4tn2KUHLnCq9oRIuNWPNPbS5wqhg8kVYX0NopIBumkMVdcEUNQ1DfVTxzv7PD4TDc7PbEBGxpBTGVDRPRSkJaIY7Ou6an2ppwkPbbb9cTPU6avWVe496dA3L5LA19ZHTdydf2W5j8nQy/w640-h480/516062257_18513006268005146_5508009860579234425_n.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>The Number of The Beast</em>, porque nos retrotrajo a los comienzos de Dickinson con la banda, al poco de la marcha de DiAnno. Esa muñequera de pinchos hasta el codo, ese pelado con flequillo abertzale y esas mallas rojas, pasaban por nuestra cabeza en cada compás. Fue una ceremonia de regresión colectiva.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Fear of The Dark</em>. Me pasa con esta canción que queda fuera de los márgenes de mi Antiguo Testamento particular, que acaba en el <strong><em>Seventh Son</em></strong>, con un epílogo digno, pero menor, que es el <strong><em>No Prayer for The Dying</em></strong>. Disco, por cierto, que se saltan por completo en esta gira. Parece que es la gira de los 80 más el <em>Fear of The Dark</em> (la canción homónima), y ya podrían haberse marcado un <em>Tailgunner</em> o <em>Bring Your Daughter</em>, que soy muy guapas. Pero bueno, <em>el Fear</em> es un himno en toda regla, con tres melodías distintas para tararear, estructura ambiciosa, sin prisas, repetitiva, hecha para que la masa salte y grite y coree. Dickinson se viste de personaje de Dickens, con sombrero de copa, casaca larga y farol en ristre, mientras una enorme luna sale en la pantalla central, rodeada de árboles negros como en una película de Tim Burton.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Ultimísimo tema: <em>Wasted Years</em>. Que hayan elegido esta canción tiene un agridulce sabor de despedida, si nos fijamos en la letra de su estribillo:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><em>So understand</em><br /><em>Don&#8217;t waste your time always searching for those wasted years</em><br /><em>Face up, make your stand</em><br /><em>Realize you&#8217;re living in the golden years</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEicVKclwg2Mxb9vBZh6HdVsnVK5FMkDsYRYQfkvOA6oqpO8bHr4c2f5noHe4Ld6xLXlylCh6xJDBIh-L6iYyT_C-NRJvafBDHm9a8XJY_Aoxti8JoYmb6aWtv_KUT0NwdG2LWOXx1Lpx437WIJdpZk6zSRGmiRTeDM-JpJCjB2p3g8oBi8v92Fq-cux/w640-h480/ironmaiden.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>¿Adiós?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Esos <em>golden years</em>, como Las chicas de oro, son ya de la tercera edad. Esa letra del <em>Wasted Years</em> es un <em>carpe diem</em> de libro, pero refiriéndose a unos años pasados, a una época que se añora. Esta nostálgica canción de Adrián Smith puso el punto final de tristeza feliz que aflora siempre cuando se terminan las grandes novelas, las buenas películas. Una sensación de haber vivido mucho, pero de pena por la despedida. A las dos horas y diez minutos tiraron sus muñequeras, púas y baquetas al público, y <em>hasta luego Mariloli</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">¿Será una despedida definitiva? Habrá que esperar. No sé si me apetece ver al tirador de esgrima, piloto y <em>frontman</em> Dickinson en el estado que vimos a Ozzy –el mismo día que los Maiden en Madrid– en su despedida con los Sabbath, en un sillón y con Parkinson. Quizá sea bueno dejarlo en alto. Pero no creo que pueda resistirme si vuelven a anunciar gira el año que viene o el siguiente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Resumen: pese al sonido penoso, disfruté como un cochino en un charco. Siguen siendo unos monstruos del <em>heavy</em>, pero todo tuvo sabor de crepúsculo dulzón, de último capítulo, de página de agradecimientos. Yo, desde luego, les estoy muy agradecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>Up the Irons!</em></p></div>
			</div>
			</div>
				
				
				
				
			</div>
				
				
			</div>
<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2025/07/06/cronica-iron-maiden-madrid-05-07-25/">Crónica: IRON MAIDEN en el estadio Metropolitano de Madrid (05-07-25)</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Crónica: RAMOS DUAL Y YUL NAVARRO en el Kimera Santa de Sevilla (19-04-25)</title>
		<link>https://metalkorner.com/2025/05/06/ramos-dual-y-yul-navarro-kimera-santa-sevilla/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[admin]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 May 2025 10:30:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Beades (Sevilla)]]></category>
		<category><![CDATA[kimera santa]]></category>
		<category><![CDATA[RAMOS DUAL Y YUL NAVARRO]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://metalkorner.com/?p=67210</guid>

					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2025/05/06/ramos-dual-y-yul-navarro-kimera-santa-sevilla/">Crónica: RAMOS DUAL Y YUL NAVARRO en el Kimera Santa de Sevilla (19-04-25)</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h4 style="text-align: center;"><strong>Por <a href="https://metalkorner.com/jesus-beades/">Jesús Beades</a></strong></h4>
<h4> </h4>
<h4 style="text-align: justify;">Lo inefable</h4>
<p style="text-align: justify;">En cierto sentido, hacer una reseña de un concierto es un absoluto despropósito, equivalente a describir un olor o un sabor. ¿Cómo describir la primera semana de florecimiento del naranjo en Sevilla? Es una experiencia de intoxicación emocional, que empieza en la pituitaria y pasa por el corazón. O el exacto sabor del guiso de papas con choco de nuestra madre, momento de recapitulación vital que describe muy bien la película Ratatouille. Como si uno fuera su propia muñeca rusa, un juego de espejos se despliega hacia el pasado, ahora desvelado en un golpe de brisa, en un cucharada de caldo, en unos acordes combinados. De eso estamos hablando cuando uno vuelve fascinado de un concierto, experiencia colectiva de desencadenamiento y revelación. Hablar de lo inefable. Lo dice Pablo, el saxofonista de El lobo estepario de Herman Hesse: «<em>hablar sobre música no sirve para nada. Yo soplo mi tubo cada noche y la gente baila</em>». (Nota: puede que la cita no sea literal).</p>
<p>&nbsp;</p>
<h4 style="text-align: justify;">Rock sin guitarras</h4>
<p style="text-align: justify;">El festival KIMERA SANTA, organizado con toda la osadía (y el éxito de público esperable) un Sábado Santo en Sevilla, contó con DJs, un cantaor flamenco, traperos/reggaetoneros y, aquello que nos ocupa, la actuación de <a href="https://ramosdual.bandcamp.com/album/ramos-dual-yul-navarro-arrastramos-sombras">RAMOS DUAL Y YUL NAVARRO</a>. Empezamos ya en un contexto ecléctico, que es el tipo de esdrújulas que los pedantes ponemos cuando no sabemos bien qué decir. Ecléctico, ácido, irónico, excéntrico, superferolítico… ¿Ven lo que ocurre cuando se quiere hablar de lo inefable? Se despeñan los palabrejos decorativos. Pese a esta barrera de impenetrabilidad –término que recuerda a colegio mayor femenino – seguiremos adelante. Empecemos con el cartel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El cartel introduce una breve definición entre paréntesis bajo el nombre del grupo: <em>rock electrónico</em>. Esto ya es provocativo, puesto que el <em>rock</em> puede llevar el apellido que quiera –<em>rockabilly</em>, <em>rock</em> duro, <em>rock</em> industrial, <em>hard</em>&#8211;<em>rock</em>, hasta <em>rock</em> cristiano– pero el hecho indiscutible es que todos esperamos una guitarra eléctrica al menos, a menudo dos y, en casos de exceso como los IRON MAIDEN, hasta tres. Y el bajo, claro, con quien nadie cuenta. Resulta que en el <em>show</em> de RAMOS DUAL Y YUL NAVARRO no hay ni una guitarra. Ramos sí actúa a veces en formato acústico, con guitarra y lo que surja, pero este espectáculo que hemos visto en la sala Even es el grande y ruidoso, el potente dúo que hace esta música tan singular. Os digo una cosa: dan más caña, son en esencia más <em>rock</em> que muchos chavalitos con pesadas Les Paul parte-espaldas y Marshalls del tamaño de una lavadora industrial. Lo que hacen Ramos y Yul es algo <em>hardcore</em>, desde luego, de gran octanaje.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/a/AVvXsEhKHTkeKsW_kXukv4VoDAwezPK5dy-5PkOdB5vUPKFseh7h6daZDLBagghGbwLgx9EBHUZAYZxNOjkCoJytqkIknOAzxTgIBbNv4Z3ZboCvTmijQ5KAGNDgqQmdZha9iaYhaS4_mYZ1Sp1QAlO_hhpOb8EaUrbHoTTw_fiUyh0E4Ne-6wD8Y_r0MORxSU4=w480-h640" alt="Ramos dual y Yul navarro en Sevilla" width="480" height="640" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Ve de una vez al grano, por favor</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">– Pero ¿quieres ir al grano ya y decir qué tipo de música hacen?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">– ¡Bueno, bueno! ¿se ha notado que eludo la cuestión porque es muy difícil de definir? Vale, vale. Al menos ha quedado claro que soy partidario. Que este cuarentón interesante que les habla, viejuno fan de Iron Maiden, Helloween, Yes, Pink Floyd, Hendrix, Vangelis, Isao Yomita, Charles Mingus, Zappa, Bach, Gesualdo, todos los <em>bluesmen</em> del delta y la música irlandesa, ha encontrado gozo y exaltación en la música de RAMOS DUAL Y YUL NAVARRO. Es más, que ha sentido la necesidad de dejarlo por escrito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">– Otra vez te estás escaqueando&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">¡Está bien! RAMOS DUAL Y YUL NAVARRO hacen una mezcla entre música <em>techno</em> industrial, psicodelia, <em>breakbeat</em>, <em>punk</em>… con letras en español que operan como introducciones líricas, como recitativos en una Pasión, como recordatorio de que aquel aparente caos primordial tiene un sentido humano, un mensaje doliente sobre la vulnerabilidad del corazón, interpretado por Ramos con un toque aflamencado que recuerda quizá a CALIFATO ¾ , pero con esteroides. Jesús de la Rosa subido a una montaña del Tibet. Ramos dirige el caos como chamán de una tribu que se dispone a entrar en trance, poniéndose de pie para llamar a la acción, y canta como el muecín desde el minarete unas saetas sangrientas, unos introitos proféticos antes de sentarse y empezar a tocar la batería. Ramos toca la batería como si tuviera que matar el dolor con cada pulso, arrancar el corazón de las tinieblas en cada <em>bit</em>, como una maquinaria gigante de demolición industrial. Nuestra mirada se queda hipnotizada en un temblor de los platillos hasta que reparamos en Yul.</p>
<h4> </h4>
<h4 style="text-align: justify;">Sacerdotisa del Theremin</h4>
<p style="text-align: justify;">YUL NAVARRO toca los <em>sintes</em>, y el <em>theremin</em> Moog con distorsiones; cuando se aproxima a la antena para producir los diferentes tonos, aquella coreografía manual posee una energía sexual turbadora, sobre todo cuando frota la antena arriba y abajo con sus dedos con uñas pintadas de rojo. Ciñendo vestido también rojo que transparenta ropa interior negra –se diría que en homenaje a Stendhal–, y con un sombrero jerezano sobre su cabello negro liso, la imagen de Yul es poderosa. Como sacerdotisa del <em>theremin</em>, conduce los sonidos a oleajes que van desde el candor de Jean-Michel Jarre en Oxygene 4 al bronco repetir del riff de Firestarter de THE PRODIGY, aunque desde luego son evidentes sus influencias de la escena alemana. No podemos dejar de recordar como el disco <em><strong>Pop</strong></em> de U2, desde su desdeñado <em>mainstream</em>, nos abrió a muchos los oídos a la música <em>techno</em>. Nuestra mente divaga, mientras los tímpanos tiemblan casi al límite, entre las manos de Yul, la vibración del <em>sinte</em> pasado por un ampli de válvulas, cuando vuelve la mirada al estrado –altar– donde predica Ramos. Sus eslóganes gritados al unísono con Yul son como de RAGE AGAINST THE MACHINE, pero sumergidos en el Guadalquivir.</p>
<h4> </h4>
<h4 style="text-align: justify;">Cucarachas, sombra y Gracia</h4>
<p style="text-align: justify;">El espectáculo que hemos escuchado –pues ya ha terminado, para nuestra tristeza– se llama <strong><em>Arrastramos sombras</em></strong> y es el título del último trabajo de este dúo, anterior al que RAMOS DUAL estrenó en solitario, <strong><em>Nuestra Señora de la Luz</em></strong>. Ha empezado con <em>Cucharas de ego sobre un agujero negro</em>, ha llegado a su cenit con <em>Estamos llenos de gracia</em> y se ha despedido con <em>Somos visita</em>. La sala está llena de aficionados al <em>trap</em> y al flamenco (tan cerca unos de otros ahora gracias a Rosalía) y los gritos de «<em>¡Otra! ¡Otra!</em>» hacen que el dúo interprete una más: <em>Ancá la Conso</em>, con su entrañable sabor utrerano. Les aseguro algo: lo de <em>rock</em> electrónico no era ninguna tontería. Salgo de la sala con la sensación de haber participado en un pogo con música <em>punk</em> o <em>grunge</em>. Casi con agujetas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Y con ganas, por supuesto, de entrar a Thomann a comprarme un <em>theremin</em>.</p></div>
			</div>
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<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2025/05/06/ramos-dual-y-yul-navarro-kimera-santa-sevilla/">Crónica: RAMOS DUAL Y YUL NAVARRO en el Kimera Santa de Sevilla (19-04-25)</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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		<title>AC/DC en el Olimpo (en el Estadio Olímpico de Sevilla)</title>
		<link>https://metalkorner.com/2024/06/04/ac-dc-en-el-olimpo-en-el-estadio-olimpico-de-sevilla/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Jun 2024 08:18:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Beades (Sevilla)]]></category>
		<category><![CDATA[acdc]]></category>
		<category><![CDATA[hard rock]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://metalkorner.com/?p=58707</guid>

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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: center;"><strong>Por <a href="https://metalkorner.com/jesus-beades/">Jesús Beades</a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img decoding="async" class="aligncenter" title="ACDC en Sevilla" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEih_oV1cUWvb2EJCGLbJf3KFR3bf-Qvs5LoOdTrX94Zolv1CsnhvmqWI3-AydhHskSqUW4qrliPsyjUfnKWougKqCDznGjWfNf_PzfK0ErluNkZIngwZtmmgc5Nfpitg-WedKQMsRqkR2krLvHIH2-oSWAu5dWSxT1qkuPCl_Qa7DTm8RecFEpSWY8TeV0/s16000/ACDC%20en%20Sevilla.jpg" alt="ACDC en Sevilla" width="789" height="437" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Querido lector jevi:</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Sí, cuando yo era chico se decía «jevi», con jota, incluso los andaluces carraspeábamos la jota, como los mesetarios que dicen «Jarri Potter». Lo de llamar a todo genéricamente «metal» vino mucho después, antes el metal era un adjetivo: «Thrash Metal», «Speed Metal», «Nosequé Metal», etc. Cuando yo era chico había plazoletas con albero y litronas en los banquitos, «loros», que no eran pájaros sino radiocassettes portátiles del tamaño de un perro mediano y que se llevaban en el hombro; y las revistas –¡en papel!– que comprábamos eran la Metal Hammer y la Heavy Rock. Todos llevábamos chapitas en la cazadora, que no se llamaba cazadora sino «chupa». En las revistas aprendimos que el rango de estilos era muy amplio, desde los que llevaban más maquillaje que Cher, como SKID ROW o POISON, hasta los que comían murciélagos como OZZY o VENOM; desde STRIPER y BON JOVI, con sus caras bonitas y estribillos de caramelo, hasta ANTHRAX o SLAYER. IRON MAIDEN eran considerados como la familia real británica, la verdadera aristocracia del Heavy. LED ZEPPELIN y AC/DC eran pioneros, padres precursores. En estas revistas salían tetas, como en los calendarios de los talleres mecánicos –también salían, dicho sea de paso, en la Interviú, tan progre, tan intelectual–. Los jevis en su mayoría éramos del sexo masculino, aunque no era fácil distinguirnos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El párrafo precedente es para que usted se haga cargo del punto de partida de esta crítica. Ni soy objetivo, ni lo puedo ser. A los <a href="https://metalkorner.com/tag/ac-dc/">AC/DC</a> (léase «acedecé») los escuché por primera vez con once años, tuve varios discos, que ahora se llaman «vinilos» y que regalé en una crisis de crecimiento –maldita sea–. Su directo <em><strong>If You Wan’t Blood, You’ve Got It</strong></em> me ponía los pelos de punta. Aún lo hace. Ese sonido de guitarra con mucho cuerpo, como una cuchillada en el pecho, hecho a base de decibelios, válvulas y saturación (ni pedales de efectos ni historias) sigue siendo una de las grandes aportaciones de los AC/DC a la música rock. Es el eslabón central, el justo medio entre CHUCK BERRY y SEPULTURA. Es el enlace entre el blues y el guitarreo de los rockeritos festivaleros, ahora en peligro de extinción por el papi yatusabe. Angus Young había patentado una forma perfecta, como la de los churros, la olla exprés o la camiseta (las T-Shirt). Sus riffs en La Mayor son sinónimo de alegría, sencillez y, hoy día, conservadurismo: conservemos lo bueno inmarcesible en un mundo de certezas que se derrumban, de capiteles derribados.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Ah, sí: ¡el concierto! Se me olvidaba el concierto. A ver, esta reseña no va a ser típica por varias razones: ya tienen ustedes el setlist de lo que tocaron en el Estadio de la Cartuja por todo Internet. Nada sorprendente: todo grandes éxitos. Dos horas y veinte minutos de grandes éxitos, disparados como con un cañón (we salute you!). Pero qué quieren que les diga: fue una hemorragia de gusto, una sesión de hipnosis colectiva. Mira que Brian Johnson va ya cortito de voz, pero aún así está mejor que Paul mcCartney, que es de su quinta más o menos, y muchísimo mejor que Bon Jovi, desde luego, que canta ya menos que Ortega Cano en una comunión. Ayuda que el registro de Johnson sea de partida quebrado y chillón, desde que sucedió a Bon Scott. Angus está perfecto, solamente se ha dejado de teñir los malos pelos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Da una cabal idea de la sencillez de este espectáculo el hecho de que no disparan ni una secuencia, voces grabadas o sintetización de ningún tipo. Todo es guitarra, bajo, voz, batería. Llenan el enorme escenario con eso, lo básico, lo esencial. De hecho, solo lo llenan Brian y <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Angus_Young">Angus</a>. Los otros dos –el batería, claro, no se mueve del sitio– están pegaditos a la plataforma central, salvo para hacer coros, que se acercan a un micro que tienen a metro y medio. Las cámaras siguen casi exclusivamente a los dos líderes. Bueno, líder, líder solo es Angus. El cantante, como comprobamos hace ocho años, lo pueden cambiar si hace falta. En esa ocasión muchos devolvieron la entrada cuando se supo que venían con Axl Rose como cantante. Sin embargo, fue una actuación dignísima, como comentaron todos los asistentes. Es lógico: el registro de voz le venía al pelo; además, los GUNS’N’ROSES han versionado siempre canciones de AC/DC. Siguen haciendo <em>Riff Raff</em> todavía hoy; al menos la tocaban cuando los vi en el Estadio Benito Villamarín hace un par de años. Ahora que lo pienso: Guns’n’Roses, en cuanto a sonido, son como los AC/DC pasados por Los Angeles y espolvoreados de Glam.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">No faltaron los veinte minutos largos, aunque no se hicieron ídem, de solo de guitarra a pelo. Con plataforma elevadora, con su tirarse al suelo a dar vueltas y patadas. Con sus malabarismos de púa y contrapúa rápidas y hacer gritar al público con cada guitarrazo; de carreras por el pasillo elevado. Un abuelete en buena forma y que además ama lo que hace y no se aburre nunca. Teniendo en cuenta lo mucho que ha evolucionado la técnica de guitarra eléctrica en cincuenta años, es como ver en acción un trozo de historia musical. Ni barridos ni tapping ni leches: sus buenos bending (empujones de la cuerda para arriba o para abajo) y escala pentatónica a granel. «What else?» Esa guitarra habla, como la de Peter Frampton pero sin tubito.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Como iba diciendo: la sencillez. Fíjense si hay despojamiento y sencillez que no solo repiten los mismos números de siempre –la pantallas en blanco y negro en <em>Back in Black</em>, la campana gorda en <em>Hell’s Bells</em>, los cañonazos en <em>For Those About to Rock</em> que cerraron el concierto– sino que Angus lleva la friolera de ¡dos guitarras! Dos puñeteras Gibson Sg negras, con sus diabólicos cuernitos, una de ellas con el golpeador blanco, suponemos que para distinguirlas al afinar entre canción y canción. Y punto. Ni veinte guitarras ni pijeríos semejantes. Bajista y rítmica, el mismo instrumento todo el rato. Como tocando en un garito australiano, como al principio. Como siempre. Conservadurismo del bueno, ya les digo. Formas puras, minimalismo estético. Cerveza y carretera y acordes abiertos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Ojalá pueda ver a estos dioses del Olimpo otra vez en directo, pero me temo que es muy improbable. Las compañías de seguro no cubren a partir de los setenta y cinco años, y es demasiado arriesgado para un promotor exponerse a un aneurisma, episodio cardíaco o ictus –o, simplemente, una rotura de cadera– con veintidós millones de euros de taquilla ya comprometida. Han metido ciento veinte mil personas entre los dos días, el doble que Taylor Swift. Joder con los abueletes. Ojalá usted, querido jevi de plazoleta, hermano mío que ya usa gafas de cerca, los haya podido disfrutar el miércoles o el sábado en el Estadio de la Cartuja, ahora más Olímpico que nunca. No fue «la más alta ocasión que vieron los siglos», como calificó Cervantes la Batalla de Lepanto, pero sí que ha sido, con mucha seguridad, uno de los momentos cumbres de la vida de este humilde jevi de barrio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Solo me queda añadir:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>For those about to rock… We salute you!</em></p></div>
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		<item>
		<title>Crónica: ARCOSEGUNDO en Sevilla (Sala Fun Club, 21-10-22)</title>
		<link>https://metalkorner.com/2022/10/26/cronica-arcosegundo-en-sevilla-sala-fun-club-21-10-22/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Rubén Montejo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Oct 2022 14:24:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Beades (Sevilla)]]></category>
		<category><![CDATA[arcosegundo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2022/10/26/cronica-arcosegundo-en-sevilla-sala-fun-club-21-10-22/">Crónica: ARCOSEGUNDO en Sevilla (Sala Fun Club, 21-10-22)</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: center;"><strong>Por <a href="https://metalkorner.com/jesus-beades/">Jesús Beades</a></strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Fotografías de <a href="https://www.instagram.com/lolo_vasco/?hl=es">Lolo Vasco</a></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhvh6UFekUCI68JdD93zTi47QO6rH1a4ozIUpN-OD3YSKotzBd4CZyW39AUIg-MHohaUyYy_IiYTWIn1zGAn-eCInc6SfwQILU7F5xBZBFUDYZnAZuLdJVGbDW7jb0vxOs3k9ZM3GrqVzokDMVp-10TWA6gOUtRllx3oi0Vo5KE1JiPp2YFHferb2r8/w640-h426/Arcosegundo_42%20%C2%A9%20lolo%20vasco.jpg" width="855" height="570" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El rock ha muerto, nos dicen. Viva el reggaeton, proclaman. Los ritmos machacones, los samplers y ruedas de cuatro acordes han venido para quedarse. Ya no hay ni una mísera guitarra eléctrica en el top ten de los billboards, ni de Los 40 Principales. El mundo de la música comercial y popular se desarrolla en los smartphones de nuestros enfurruñados adolescentes –valga la redundancia–, durante los quince segundos de un vídeo de Tik Tok. Ahí reside el estrellato, ahí toda la gloria de la fama. El otro día descubrí que a mi hijo mayor (13) le gustaba una buena canción de pop-rock (no me acuerdo cuál, pero tampoco es que fuera Jimi Hendrix; serían los Stone Temple Pilots), porque se había puesto de moda en un reto-meme-lo-que-sea. Dice Jaime Altozano que, según las estadísticas de Amazon, año tras año cae la venta de guitarras eléctricas como regalo navideño. Incluso el <em><strong>Motomami</strong> </em>de Rosalía (una genialidad, por otro lado) carece de guitarra flamenca. La bulería, único palo flamenco del disco, está acompañada con unos beats sampleados. Ahí es &#8216;ná&#8217;.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: center;">La resistencia</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgLe8CgpyGPA98nb9IvRk8O-NeaJw8REJoDd6YkMVMzupf3-ixZxkHpRmwGKn8e7F1x4MMtBm5G0DifTLItH7KXQvslRzPfUPwxeXe2-blAIwjza5RyuKUnLvMbxd0MR0UT7qpWRJfnxr8BIyMrm8_nLC1nxrZAHh0FSSUvq5gYQz9bO-k8IModQ9HZ/w640-h426/Arcosegundo_01%20%C2%A9%20lolo%20vasco.jpg" width="854" height="569" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo (admítanlo, sabían ustedes que venía ahora un sin embargo) todavía lucha la resistencia. En los polígonos, en garajes con cartones de huevos en las paredes y bicis elípticas arrinconadas, en locales alquilados por horas en naves industriales, un silencioso ejército de hombres y mujeres se afana en mantener viva la llama del rock. Además, con el desarrollo de la informática musical doméstica, cada vez más personas pueden dar a conocer sus canciones en las redes sociales sin pasar por caja en un estudio. ARCOSEGUNDO nace como la necesidad de darle mecha, gasolina y kilovatios a las canciones de Fernando Lorente. Se marca un Carlos Goñi con Revolver y se pone nombre de grupo y no el suyo artístico, en un gesto de sencillez y bonhomía que le retrata, desde luego. Quien haya escuchado en un escenario –o en la calle – a Fernando Lorente sabe que es todo corazón y humildad, sencillez pura sin vanidades. Joaquín Sabina dice que todos los grupos son un cantautor y tres más, menos los Beatles, que eran dos cantautores y dos más. Aparte de la patadita a Harrison, tiene mucha razón Sabina. Lorente es el cantautor (esta vez no cansautor) de ARCOSEGUNDO. Y ARCOSEGUNDO es una banda formidable, perfectamente engrasada y con el poderío necesario para hacer que unas melodías cantautorescas suenen a The Band o a M-Clan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: center;">Banda ancha</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi6wUcWoKfBwqx7yZUUeaxRbNIKshDGXksFfUJ882ozZnhLId5A0YHEntJ-b8ykTECLIMyar2cgjS-N5MhOPnu8efkEk1vWxeio8wLurnwbFTNGbIIGhu5Hpy3up8W1cSpzREUonux84NV_aeRVuT7fFP9WDkk1wpfpE3-O1EjS4ofe55T4ebW52la8/w640-h426/Arcosegundo_18%20%C2%A9%20lolo%20vasco.jpg" width="825" height="550" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Pablo Gutiérrez al bajo, Manuel Fernández a la guitarra solista y José Antonio Poyatos a la batería son el armazón de acero inolvidable que sostiene las canciones que Fernando interpreta a la acústica o a la eléctrica rítmica. Son, como cuarteto, de esas bandas que ensanchan el sonido y a veces te resulta increíble no ver tres o cuatro músicos más en el escenario. Uno, que ha tenido el privilegio de conocer el nacimiento y desarrollo de este proyecto, advierte a la primera escucha que ha madurado su sonido, ahora más compacto y potente. Se advierte un ingente trabajo de local de ensayo, con el primor y la dedicación que solo se ponen en proyectos vocacionales a fondo perdido. Las guitarras de Manuel Fernández –«Manolo Rock»– han añadido quilates al sonido, unas texturas no por cañeras menos limpias, pero con trazas de rock duro de los 70. Solos mucho más libres y desinhibidos que en el disco <em><strong>Alas de alquitrán</strong></em> (2017), segundo de la banda y último hasta la fecha, con excepción de algunos lanzamientos de singles. Además, la segunda voz de Manolo le otorga a la voz de Lorente un brillo mayor, y unos matices armónicos que enriquecen la parte vocal, como dorada cobertura omnipresente. Su interpretación esa noche fue uno de las aspectos más aplaudidos por el público. No lo fueron menos las baterías de Poyatos, con una firmeza y estabilidad de reloj suizo que da alas a la banda, y a la vez un despliegue de virtuosismo discreto que ya quisieran para sí grupos más famosos de la escena española. Pablo Gutiérrez, con su imperturbable seriedad de bajista clásico, también aportó voces e hilvanó con Poyatos, como dúo empastado y entendiéndose bien ambos, de la rotundidad que nos gusta encontrar en directo: graves presentes pero discretos, estructura sólida que nos transporta a donde quieran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: center;">Qué noche la de aquel día</h2>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhOhPuGLCRnbRP4_uhjHV0Sv9O4V_DAqpn8KtyJ6-F9WZeiT9kSYm7ylw5hZTx_Dtl1IxAouMHDpJj9zWNCYkSOq-PMZAwQoaB24ERiVFT0374RngcYMmwyPVzrz1ixnN864UpBqWe64jGIM7DjIYKkLlrb3zTu-II9IfSNDu_EFM8_NyTN5BfAqRyK/w640-h426/Arcosegundo_39%20%C2%A9%20lolo%20vasco.jpg" width="839" height="559" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Es ARCOSEGUNDO una banda con club de fans, siempre fervorosos. Había cola en las puertas de la sevillana Fun Club desde bastante antes de la apertura de puertas, y la sala se puso a reventar, con unas primeras filas participativas, bailongas y que pedían las canciones por su nombre (o por su número en el disco: «¡La siete!»).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El show comenzó, bajo luces rojas y humo en el escenario, con una intro sampleada a cargo de Pablo, que luego introdujo líneas de bajo, con Poyatos añadiendo un ritmo sostenido, que hicieron que el sonido ambiental se transformara un tanto en U2. Tras unos minutos aparece Manolo, que añade acordes a esta cama; y, por fin, Fernando, luciendo camisa y tirantes, y aclamado por el público. Este clímax creciente desemboca en la primera canción, <em>Dentro de tu espejo</em>, a la que siguieron <em>Frankenstein</em>, <em>El incendio</em> y <em>Tú me sabes</em>. El primer punto álgido de la noche viene con su éxito <em>Villa 21</em>, que canta el público de principio a fin. Una melodía que tiene mucho de triste o de agridulce pero cuyo sonido en directo consiguieron que tuviera un peso a lo Eric Clapton en <em>Blind Faith</em>. Después de <em>Nueva tempestad</em> y <em>Dame tu sonrisa</em> llegaron otros dos hits, también cantados por todo el público: <em>Tu normalidad</em> y <em>Solo queda el mar</em>, canción esta que dedicaron a un amigo fallecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg6thf6H7VOIoDkjxbKys1QQbbh02DL8S5KYcdrfmO-SIWe4JpE4aYEEj3E36e_akFw6WunxtPINr4BzLAdcszpRJOv2T40vI6tDY3RWkrzlTwBfvFiEBwf2DlMofIpGKPYE56wB4hF6pSBWy0HVuaMSXB_0NROhhDhOebejYeOkYLT-TLMo1mMjVhs/w640-h426/Arcosegundo_96%20%C2%A9%20lolo%20vasco.jpg" width="833" height="555" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Cerraron la primera parte del show con la inédita <em>Desayuno con amianto</em>, de corte tequilero o Fitipaldis, y la movida, buenrrollera, y muy bailada por todos, <em>Arcosegundo</em>, canción homónima de la banda perteneciente a su primer disco <em><strong>Bumerán</strong> </em>(2014), que tiene un aire a los Stones, y que dejó en alto el final del pase, mientras se retiraban unos minutos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El segundo pase comenzó con Lorente solo en el escenario con su acústica cantando <em>Saltaré</em>, pieza que no se firmó como ARCOSEGUNDO en su momento sino en una colección de canciones para un proyecto de cuentacuentos titulada El banquete de Alicia. Con esto pareció recordarnos el origen cantautoril de este concierto, y la importancia que tiene para él la desnudez y la simplicidad. No en vano publicó un disco con guitarra acústica y voz, titulado <em><strong>Calle y combate</strong></em>, evocando sus bolos callejeros en distintas ciudades de España. Manolo se le une entonces para hacer una segunda voz en <em>Benfica</em>, y ya regresa el resto de la banda para interpretar, en una vertiginosa recta final –público saltando como si fueran Mago de Oz– el single de 2019 <em>Mafalda</em> y, de nuevo de su primer disco, <em>Teatro de lo incierto</em> y <em>El gran fraude</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" src="https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhv8NYqyn9Rwo_w9MNYLX2D2aS4tW2s6orTpJ2ffRfL8v9FppEPLM5uPlAV-YuLcuSGe3QxXbM3AXrY5rHfdJzrlgt-We3B49jR8TkeFlVUnIFClo6q4IuTtCOUwGrEg8N0nwzXoAzNIul-ZpH2u9tyvasu8ABTd4MC-2ZjIUFupv1m14x5KFndLHA2/w426-h640/Arcosegundo_50%20%C2%A9%20lolo%20vasco.jpg" width="591" height="887" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Fernando anuncia a un público inconsolable que se tienen que marchar porque llega la hora tope de la sala, pero como los gritos de «otra, otra» no cesan, se arrancan de nuevo con un bis de <em>Arcosegundo</em>, en un paroxismo de entusiasmo y bailoteo. Una gran noche con una gran banda. El rock no ha muerto, ¡viva el rock!</p></div>
			</div>
			</div>
				
				
				
				
			</div>
				
				
			</div>
<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2022/10/26/cronica-arcosegundo-en-sevilla-sala-fun-club-21-10-22/">Crónica: ARCOSEGUNDO en Sevilla (Sala Fun Club, 21-10-22)</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Review: IRON MAIDEN y su nuevo trabajo «Senjutsu». El lugar donde fuiste feliz</title>
		<link>https://metalkorner.com/2021/09/24/review-iron-maiden-y-su-nuevo-trabajo-senjutsu-el-lugar-donde-fuiste-feliz/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[administradormetalero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 24 Sep 2021 17:22:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Jesús Beades (Sevilla)]]></category>
		<category><![CDATA[Reseñas]]></category>
		<category><![CDATA[Heavy metal]]></category>
		<category><![CDATA[iron maiden]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://metalkorner.com/?p=45470</guid>

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				<div class="et_pb_text_inner"><p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" title="IRON MAIDEN SENJUTSU" src="https://lh3.googleusercontent.com/-a6_YnXkQgKg/YU4F0PdcV8I/AAAAAAAAqt0/ZoUIFuEkxQAEeorV8Cehm1uhoO_BhNFcwCLcBGAsYHQ/s16000/iron-maiden-nwobhm-senjutsu-20210719080642.jpg" alt="IRON MAIDEN SENJUTSU" width="862" height="861" /></p>
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<p style="text-align: justify;">Vaya por delante que este es un texto escrito por un fan. Soy de los MAIDEN desde que Ramón Trecet nos trajo la NBA, y Michael Jordan volaba sobre nuestros sueños pre-adolescentes hacia una canasta en llamas, y las chaquetas vaqueras iban sin mangas, con números 666 escritos a boli. Paseábamos con la pechera festoneada de chapas compradas en el mercadillo, ese encantador detalle de miniatura que dulcificaba, aún más, la bonachona figura de los jevis de barrio con su litrona adjunta. “<em>Litronas al alba, guitarras de hacha</em>”, que cantaba Raúl Cimas en Muchachada Nui.</p>
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<p style="text-align: justify;">Pero, del mismo modo que Shaquille O&#8217;Neal ya queda fuera del territorio de mi mitología tardo-infantil, el <em><strong>Fear of The Dark</strong></em> es el último disco que mi mente, durante años, ha admitido como “canónico”, y eso por las muchas veces que he visto directos de la banda, con todo el estadio coreando el estribillo de la canción que da título al disco. En realidad, en una escucha actual, el álbum se me cae bastante de las manos (o de las orejas). Canijo de sonido, con riffs algo tontos, poco ambicioso de estructuras, y Bruce cantando raruno a veces. El anterior álbum, <em><strong>No Prayer For The Dying</strong></em>, siendo bueno, sufrió el destino de nacer después que su obra magna, esa catedral del sonido y la fantasía que fue <em><strong>Seventh Son Of A Seventh Son</strong></em>. Así que, para ser estrictos, durante años el canon “de oro” fue desde el <em><strong>Iron Maiden</strong></em> de 1980 al <em><strong>Seventh Son</strong></em> en 1988. Eso fueron los MAIDEN para mí, y luego ya los perdí de vista durante el comienzo de la juventud, los sofocantes trámites de la vida adulta y las muchas otras músicas que me ocuparon desde entonces. Un día escuché la noticia desconcertante de que los MAIDEN habían actuado en un polideportivo en Dos Hermanas (Sevilla) ¡en Dos Hermanas! Sin tener más que amor por la gran localidad nazarena, para mí era la antítesis de ese éxtasis de masas en el Long Beach Arena californiano, donde se grabó el <em><strong>Live After Death</strong></em> con su trampantojo de templo egipcio, el humo y la magia eléctrica de una banda en el cénit de su carrera. Definitivamente, lo heavy había pasado de moda, y era cosa de nostálgicos. Cuando escuché un día, de pasada, la voz de Blaze Bayley, sentí una punzada de dolor en el centro de la infancia, ¿en qué estaba pensando Steve Harris? ¿No había vocalistas en toda la Common Wealth con un registro similar a Dickinson? Pienso en Kai Hansen, de Helloween, o en Myles Kennedy ayudando a Slash a seguir en la carretera cuando todavía Axel Rose no había emergido de su letargo de Donuts y anfetaminas. Cierto es que no resulta fácil encontrar esa combinación entre graves con garra, ese ronquido enfurruñado de Dickinson, y las alturas, siempre en el límite, de algunos picos de los estribillos. Y mira que me gusta Paul Di´Anno, no me olvido de él, pero es que entonces aún no se habían compuestos himnos que requerirían la famosa “garganta de acero”. MAIDEN había desaparecido, se había diluido para mí como una estatua de hielo en la playa de Chipiona.</p>
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<h3 style="text-align: center;">Un mundo nuevo</h3>
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<p style="text-align: justify;">Pero Dickinson volvió, con el pelo corto. Y también Adrian Smith. Y Steve Harris es tan buena gente que dijo “<em>pues venga, ahora somos seis</em>”, y unos IRON MAIDEN recauchutados volvieron a ilusionar a un público heterogéneo, desde los puretas nostálgicos ya con sus hijos luciendo camisetitas monísimas de <em><strong>The Number Of The Beast</strong></em>, y la nueva muchachada que se había enganchado con el <em><strong>Fear Of The Dark</strong></em>, y que no conocieron los ochenta. Un renacimiento de la banda, coincidente con —impulsado, en parte, por— el gran revival ochentero que no ha hecho más que crecer, y ha desembocado en grandes productos intergeneracionales como «Stranger Things», o los documentales de «The Toys That Made Us». Pura nostalgia rentable. Y por qué no. Uno se lanza en plancha hacia donde encuentra un destello de aquello que le hizo gozar, soñar que volaría lejos. “<em>Al lugar en que has sido feliz no debieras tratar de volver</em>”, es el hermoso verso más falso que Sabina haya escrito nunca.</p>
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<p style="text-align: justify;">Aunque la vuelta del quinteto de oro, sexteto con el australiano Janick Gers, no fue un camino recto, sino la búsqueda progresiva de un sonido. Viendo los álbumes posteriores a la “reunificación” —<em><strong>Brave New World</strong></em>, <em><strong>Dance of Death</strong></em>, <em><strong>A Matter Of Life And Death</strong></em>—, aparte de los numerosos directos, pareciera que hayan estado buscando una síntesis muy difícil: la que hace que un artista no se estanque, y mire hacia delante, buscando siempre nuevas formas de expresión, pero que, a la vez, satisface el hambre de más de lo mismo. De aquello que nos enamoró por primera vez. Y con esto me refiero a aspectos tan diversos como las melodías sencillas que se convierten en himnos coreables por el público, pasando por los puentes y meandros instrumentales, durante los cuales Dickinson corre por el escenario, hasta las cabalgatas —ese ritmo sostenido, <em>tun, tucutún, tucutún</em>— propio de la NWBHM (New Wave of British Heavy Metal). Lo específicamente MAIDEN, pero respirando libertad creativa. <em><strong>Brave New World</strong></em> fue un regreso memorable, un disco sólido, creativo, que nos reconcilió con la banda. Y en los siguientes álbumes fueron probando, probando, dando a veces los pasos en falso de quien se atreve a buscar aquí y allá, de quien quiere no repetirse pero a la vez desea conservar su identidad, la bandera sonora que aglutina a las masas de fans que volvían a abarrotar estadios. Pasan muchos años —atrás quedó la época de un álbum de estudio por año —, entre discos en directo, giras y largos procesos creativos de nuevo material, hasta que llegó <em><strong>The Book Of Souls.</strong></em></p>
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<h3 style="text-align: center;">La larga vuelta a casa</h3>
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<p style="text-align: justify;">Para mí, <em><strong>The Book Of Souls</strong></em> fue como ver el Episodio VII de Star Wars. Esa sensación de reencuentro, la emoción de ver a los viejos amigos, como en una reunión del instituto. En parte, el entusiasmo nacía por el alivio de que no hubieran perdido el camino, y de que tuvieran en cuenta a su público, ávido de “sonido Maiden”. El videoclip, no sólo la canción, de <em>Speed Of Light</em> era un homenaje a toda su obra clásica, con la misma garra, la fuerza de los riffs, el estribillo galáctico, soñador, y la extensión de canción propia de la banda. Habían dejado atrás el intento de hacer temas más comerciales y acotados, más simplones (estrofa, puente, estribillo, solo, estribillo), y volvían a demorarse en secciones instrumentales, cambios de tono y tempo, en una unidad admirable. «<em>Chewie, we are home»</em>.</p>
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<p style="text-align: justify;">Así que, cuando ha aparecido <em><strong>Senjutsu</strong></em>, lo hemos recibido con menor prevención, con mayor apertura. He de confesar que me inquietó ver esa mini-entrevista de promo, en la que Bruce nos decía que se habían atrevido a explorar sonidos diferentes, que a muchos no les parecería de <a href="https://metalkorner.com/tag/iron-maiden">IRON MAIDEN</a>. Horror. Aunque también decía —y esto es un tópico en el negocio— que es su mejor disco hasta la fecha. Claro, ya. Existiendo el <em><strong>Seventh Son</strong></em>, o el <em><strong>Powerslave</strong></em>. Ya. Los que asistimos a la charla que dio Dickinson en Sevilla, con motivo de la promoción de su libro autobiográfico, sabemos que es un poco fanfarrón, charlatán y muy chulo de carácter. Así que lo pusimos en duda. Entonces lanzan el single, <em>The Writing On The Wall</em> y, en efecto, el tempo y el riff de comienzo es muy poco heavy, es más de rock duro, con toques americanos, y el estribillo muy a lo Bon Jovi. Sin embargo, suena de maravilla. Con la canción homónima del disco vemos algo más la esencia de los MAIDEN, pero tratado con una gran libertad creativa, con esa monotonía oriental —sin cambios armónicos —, y el uso continuado de los tambores sin que rompa nunca en una cabalgata; contención y solemnidad, como diciéndonos “<em>tranquilos, hay mucho más después, no lo queráis todo de golpe</em>”. Sin embargo, lo que sonaba ya era excelente. Con <em>Stratego</em>, asomaba la patita de los MAIDEN clásicos, en melodías y en ritmos de batería. Sentimos el “alivio Episodio VII”. Pero cuando han lanzado el álbum completo, el alivio se transforma en una suerte de incrédulo asombro y admiración. No es normal que un disco de una banda que lleva cuarenta y un años publicando nos parezca tan bueno. Quiero decir, no “bueno para la edad que tienen”. No. Hoy día, si hiciera una antología propia, una lista de reproducción personal en Spotify, algunas canciones de este disco estarían incluidas.</p>
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<p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://lh3.googleusercontent.com/-jF3OKAUSViY/YU4MdoszfxI/AAAAAAAAqt8/AM4qvqaPVEoUEnlsKOLfZoEDhx-09E34wCLcBGAsYHQ/s16000/iron-maiden-nouvel-album-senjutsu.jpg" /></p>
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<h3 style="text-align: center;">Novedad y fórmulas</h3>
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<p style="text-align: justify;">Ya hemos comentado las tres primeras. Con la cuarta, <em>Lost In A Lost World</em>, fruncimos el ceño al principio. Unos acordes de acústica, con una cama de sintetizador (hay mucho sinte apoyando ciertas partes en este disco, como hace Steve Harris desde el <em><strong>Seventh Son</strong></em>), un coro que recuerda el <em>Horse With No Name</em> de América; pero inmediatamente viene el golpe de caja y el riff cañero. El puente con la guitarra doblando la melodía de la voz suena acaramelado, dulce; pero el cambio de ritmo del estribillo, con su carácter hímnico, y la sección de guitarra posterior, recuerdan a momentos del <em><strong>Iron Maiden</strong></em> y el <em><strong>Killers</strong></em>. Tan lejos, tan atrás, nos lleva. Pero sin parecer un pastiche. Una característica de todo el disco es que, cuando encuentra una secuencia de riff y frases “cuadrada”, la repiten varias veces, sin prisa, alargando la fórmula. Eso lo agradeceremos después en los conciertos, donde quieres seguir saltando. Otro rasgo, que se ve ya en esta canción, es que puedes ir jugando a adivinar de quién es el solo, pues hay espacio de sobra para cada uno; este, tan bluesy, es de Dave Murray; este otro, tan melódico y fino es de Adrian Smith; este, tan desparramado y con tapping, es Gers. Y vuelta a la repetición de riffs. Y conexión con estribillo otra vez. Ventajas de no estar limitados por la capacidad del formato del vinilo, que tenía un máximo de compresión (y por tanto de calidad admisible). Hoy día, puedes extenderte lo que quieras.</p>
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<p style="text-align: justify;">En <em>Days Of Future Past</em> podemos entender, de nuevo, a qué se refería Dickinson con la novedad. El segundo riff de guitarra inicial es más grunge que heavy, nos remite a los noventa, a The Offspring y a Green Day. Y la melodía de la estrofa es muy pop, muy teenager de entonces; y, sin solución de continuidad, estribillo con el mismo tempo medio propio de tantos temas de MAIDEN. La trabazón entre lo nuevo y lo de siempre parece inconsútil, sin fisuras visibles.</p>
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<p style="text-align: justify;"><em>The Time Machine</em>, junto con <em>The Death Of The Celts</em> es una de las grandes canciones de este trabajo. Comienza con intro de acústica con voz y sinte (hay también muchas intros tranquilas en todo el álbum). Cajazo y comienzo de un riff de guitarra sorprendente: recuerda a las muñeiras modernizadas del grupo de folk gallego Luar Na Lubre. Dickinson va progresando en las líneas, subiendo de grado en la escala con cada vuelta. Y Nicko McBrain, que está inmenso, haciendo un ritmo sincopado que, unido a lo alegre de la armonía mayor, produce una especie de optimismo, de alegría eléctrica. Luego cambio de tercio, y riffs repetitivos de guitarra con el esquema de charlie y caja de Run To The Hills. De pronto, un cambio de ritmo con un riff como de trash metal, muy cañero, breve, como para que no nos durmamos. Y vuelta a la armonía principal, y al riff que recuerda al <em>Run To The Hills</em>. Y sinte de fondo. La trabazón de lo nuevo y lo clásico, todo el tiempo.</p>
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<p style="text-align: justify;"><em>Darkest Hour</em>, comienza imitando las gaviotas con la guitarra aguda, en un riff muy <em>Wasted Years</em>, recurso que utilizará más veces Adrian Smith. La voz oscura, de balada triste, que poco a poco se va elevando. Sin embargo, nunca deviene en ritmo de cabalgata o en endurecimiento, como <em>One</em> de Metallica. Parece, tras unos redobles largos de McBrain, que al momento va a acelerarse, pero se queda en ese tempo lento y tranquilo, con un sonido muy “gordo”, arpegios de fondo todo el tiempo, construyéndose como una de las pocas baladas puras de la banda. Y Steve Harris, como siempre, con un incombustible empuje, lanzando melodías, a veces en contrapunto, que enriquecen la estructura y la dotan de profundidad.</p>
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<p style="text-align: justify;"><em>Death Of The Celts</em>, sencillamente, es pasmosa. Empieza con la ya citada intro acústica, arpegios con el bajo (se nota que manda Harris), con variaciones, sin prisa, y luego Dickinson aborda una melodía sobre un ritmo ternario, de aire medieval, hasta que rompe en distorsión y poderío. Y, en efecto, nos sentimos como en un funeral de druidas celtas, que ha devenido en orgía de cerveza negra en un bosque irlandés. Los cambios, a mitad de canción, con cabalgata y una sección que recuerda el <em>Losfer Words (Big &#8216;Orra)</em> del Powerslave, desembocan en una melodía alegre, que repiten y repiten, y que llevarán durante cinco minutos, con variaciones, con tan solo algo de voz al final. Como un reel irlandés, una danza festiva y algo salvaje. Y solos de guitarra, gamberros, alegres, tomándose su tiempo, cambiando de tono, volviendo al riff alegre al unísono. Lo que digo: pasmosa. Una de las mejores canciones de MAIDEN de toda su carrera.</p>
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<p style="text-align: justify;"><em>The Parchment</em>, en un solemne tempo medio, es oscura, y resuelve con acelerón y melodías a lo <em>Phantom Of The Opera</em>, solos a tutiplén y vueltas en los clásicos cuatro acordes que vuelven y vuelven. Nicko McBrain se hincha a redobles de sus muchísimos tambores y platos a contratiempo. Al final, otro guiño: una melodía repetida, al unísono, que recuerda la melodía final de la canción <em>Iron Maiden</em>.</p>
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<p style="text-align: justify;"><em>Hell On Earth</em> cierra el disco con sus (también) doce minutazos, su intro tranquila de dos minutos largos, de preciosa melodía. Hasta que rompe en riff sobre cabalgata. Han querido terminar con sello de la casa, y no se han quedado cortos. Dickinson no entra hasta el minuto tres y pico, con una melodía nuevamente muy pop y delicada, doblada por una de las guitarras. Llega a tonos altísimos, por cierto, pese a haber sufrido un cáncer de garganta. Sorprende que no haya compuesto líneas de voz más fáciles de defender en directo; al contrario, se ha obligado a llegar a cotas propias de los primeros discos. Brindamos por él. La canción pasa por un interludio tranquilo, como en <em>Rhyme Of The Ancient Mariner</em>, y termina solemne, satisfecha, como cierre, no solo de esos doce minutos, sino del disco entero.</p>
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<p style="text-align: justify;">IRON MAIDEN está dándonos, a estas alturas de su carrera, algunos de los mejores frutos de tantos años de experiencia. Mezclando aires nuevos con fórmulas que funcionan, y llevándolo todo más allá. Así como muchas bandas siguen viviendo de las rentas, y arrastrando un show revival por los escenarios (hay que pagar facturas), nuestros MAIDEN siguen vivos, y creando maravillas. Si usted, lector, no está de acuerdo, tampoco pasa nada. Tiene muchos otros discos para escuchar, una y otra vez, hasta el fin de los tiempos. ¡Larga vida al rock y al heavy metal!</p></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h2>Autores:</h2>
<p style="text-align: left;">Redactor</p>
<p style="text-align: left;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-40854 size-medium" src="https://metalkorner.com/wp-content/uploads/2021/04/Jesús-Beades-264x300.jpg" alt="" width="264" height="300" /></p>
<h4><a href="https://metalkorner.com/jesus-beades">Jesús Beades</a></h4></div>
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<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2021/09/24/review-iron-maiden-y-su-nuevo-trabajo-senjutsu-el-lugar-donde-fuiste-feliz/">Review: IRON MAIDEN y su nuevo trabajo «Senjutsu». El lugar donde fuiste feliz</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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		<title>Crónica: OBÚS + SILVERANTO. Un obús que lleva 40 años estallando (Sala X 17-04-21)</title>
		<link>https://metalkorner.com/2021/04/20/cronica-obus-silveranto-sala-x-sevilla/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Fátima Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 20 Apr 2021 09:26:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Beades (Sevilla)]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[Obús]]></category>
		<category><![CDATA[silveranto]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2021/04/20/cronica-obus-silveranto-sala-x-sevilla/">Crónica: OBÚS + SILVERANTO. Un obús que lleva 40 años estallando (Sala X 17-04-21)</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p><img decoding="async" class="aligncenter" src="https://lh3.googleusercontent.com/-kmTukRHcAgc/YH6aXI5rtyI/AAAAAAAApXI/qQBuC9MCfAYy3eQ-fZ85JNQDH0twDf0wgCLcBGAsYHQ/s16000/164144899_3124811361136395_6636956864673954301_n.jpg" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">La emoción era visible en las caras de los allí congregados, en el bulle-bulle en las sillas, a pesar de que no te podías levantar para ir a la barra, sino levantar la mano y esperar a un camarero, y había que dar buchitos a la bebida y subirse la mascarilla al momento. Medidas todas que eran repetidas en la puerta a cada espectador o grupo. Tiempos convulsos estos, de frotarse gel tras entregar la entrada. Por ello, es tan de agradecer la valentía de salas como <a href="https://www.facebook.com/SalaXSevilla">Sala X</a> en empezar a programar de nuevo, en medio de cancelaciones, readaptaciones de horarios y formatos, e incertidumbre general.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Comienzo épico de SILVERANTO (¿ya no se usa la palabra “telonero”?), con música orquestal sintetizada, como si fuera la Champions League, entrando uno a uno a escena, en la semipenumbra del humo y la luz azul, con la solemnidad propia de un estadio con 50.000 personas chillando. Los 60 y tantos de la sala, con el culo en el plástico, procuraron llenar tanto como un estadio, y desde el principio brindaron a los músicos todo su calor. Se notaba la presencia de familiares y amigos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"> J.F. Kubero, guitarra rítmica y cantante, comenzó a cantar <em>No Money</em>, unida a <em>On the road</em>, pleno de actitud en el centro del escenario, causando al que esto escribe una extraña sensación de video-clip, pues utilizaba un micro de teleoperador, inalámbrico, al estilo de Madonna. Al principio desconcierta un tanto, porque durante unos raros segundos parece un playback, sobre todo cuando la media melena cubre en gran parte el invento. Gafas negras. Pañuelo en la frente; otro colgando, con calaveras, del cinturón. Camisetas sin mangas. Tatuajes, pantalón elástico con rotos paralelos. O sea: es un póster de la revista Heavy Rock, o la Metal Hammer de 1987. No le falta un perejil al out-fit retro. Este grupo creado en 2016, y que actualmente está grabando disco (con mezcla del formidable Leo Peña) canta en inglés, y no oculta lo más mínimo su vocación revival de homenaje a la estética glam-rock o, como decíamos en el barrio, “heavy pastelero”, para referirnos al rock con distorsión cañera pero con melodías melosas de amor y tristeza. Es decir, Bon Jovi, Poison, Kiss&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El sonido es muy potente en agudos y graves sobre todo en la batería (caja seca, noventera), el bajo disuelve piedras del riñón, aunque las guitarras más perdidas en tonos medios y graves, un poco chicharras. Esas pastillas de la SG y la Les Paul son muy agresivas, es difícil ecualizarlas para que no se coman todo, y a veces ocurre el efecto inverso, como en este caso. La voz principal algo fuera de plano, muy alta. La guitarra solista, al pisar el booster para los solos, gana en calidad. Los estribillos, con respuestas «bullangueras» al unísono, y los agudos chillones como remate a veces, muy Motley Crüe y de glam rock. El heavy vintage –valga la redundancia– parece que asume con felicidad ¡y bien que hace! ser una parodia/homenaje a un género y una época muy concreta, con todos sus tópicos cumplidos. Como para un rapero meterse con otro en una lucha de egos, o decir palabrotas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Tal vez servidor se hace mayor (valga la rima), pero el volumen parecía excesivo para la ocupación de la sala. Observo que en la máquina de vending, entre cacahuetes y Kik-Kats, venden tapones para los oídos. Todo solucionado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El cantante da un breve discurso sobre qué alegría actuar, nos han cancelado varias veces, etc. Luego otro speech, vagamente feminista, para presentar <em>Tears have gone, </em>que empieza muy Bon Jovi; de hecho, el tipo de inflexión, intervalo y pequeño ronquido vocal es clavado. Y las segundas voces, en el puente al estribillo, parecen interpretadas por Richie Sambora. La épica de los sentimientos exacerbados: cara de malote para decir “te quiero».</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">La líneas de bajo interpretadas por Enrike Rodríguez (se conoce que con una “k” eres más duro) son muy básicas, también siguiendo fielmente el género: bajo cumplidor que no reste protagonismo a la melodía del cantante, o al solo de guitarra. Era Rodríguez el único con un look 2021, como para actuar en un festival indie.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Sorprende escuchar un estribillo pasmosamente clónico del de <em>Paradise City</em> de Guns and Roses. Es su canción <em>How Long</em>. En armonía, e incluso en el tipo de barrido del solista, y el uso del auto-wah. Le añaden el cambio de tono para repetir estribillo, también tan ochentero.   Empiezan a despedirse con <em>Can&#8217;t stop Rock&#8217;n&#8217;Roll</em>, adelanto de su próximo disco y futuro single. Himno, berreado al unísono, repetidamente, de amor al rock como forma de vida, al estilo de tantos de AC/DC, o el <em>Rockin&#8217; in a free world</em> de Neil Young. Con su doble golpe de caja en la batería al final, como mandan los cánones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Una propina, que no estaba apuntada en el set-list que manejan en el escenario, es un humilde homenaje a los grandes Judas Priest: <em>Livin&#8217; After Midnight</em>. Los falsetes de Kubero, de impecable técnica vocal, no tienen nada que envidiar a los de Rob Halford. Nos deja <a href="http://metalkorner.com/tag/silveranto">SILVERANTO</a> -y es lo mejor que se puede decir al terminar un directo- con ganas de más. Y de montar en moto y tatuarnos, o a lo mejor eso es por la crisis de la cuarenta, no sé.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Set-list</strong></p>
<p style="text-align: center;"><em>No money</em><br /><em>On the road</em><br /><em>Let me</em><br /><em>How long</em><br /><em>Tears have gone</em><br /><em>The girl</em><br /><em>Can&#8217;t stop Rock &#8216;n&#8217; Roll</em><br /><em>Livin After Midnight</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" src="https://lh3.googleusercontent.com/-nG_0462zKYE/YH6aXxrHtpI/AAAAAAAApXQ/QkMIkUwy1Sk1amk-iW_n4HDYH-bsZzhrACLcBGAsYHQ/s16000/63da824a-7881-4333-9823-7d8ac8b438a5.jpg" width="824" height="824" /></p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">  Por confusiones en la comunicación, esperaba un semi-acústico y me he encontrado el más cañero, el más estruendoso de los eléctricos. Fortu a tope de chillido ronco y retro-heavy. Formato de cuarteto, sólo una guitarra (con mejor sonido que SILVERANTO, para mi gusto), es decir, trío con cantante, como acostumbran.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Abren los veteranos OBÚS con <em>No me lo digas más</em>. Fortu luciendo una camiseta del propio grupo, y con ese aspecto de señor simpático y un poco pesado del bar de tu barrio, que te explica por qué los políticos lo hacen mal, y te coge del brazo. Pero con una técnica de falsete ronco que, unida a esta ecualización con la voz por encima, hace que te salten los tímpanos. Al final de un tema hizo el molinillo (con mucha precaución) con el cable y el micro, a lo Roger Daltrey. Por suerte, ningún ojo morado que lamentar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">El formato de trío instrumental funciona a la perfección, dando más protagonismo a los solos, al estar recortados contra el simple fondo de bajo y batería. No se echa en falta la segunda guitarra para nada en las estrofas, pues la guitarra tiene un sonido espeso que envuelve todo.</p>
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<p style="text-align: justify;">El público estaba deseando ver a OBÚS, y coreó la salida de Fortu, cantando estribillos (como en <em>Necesito más</em> o <em>Te visitará la muerte</em>), dando palmas a la mínima ocasión. Edades variopintas entre el público, con sus chaquetas vaqueras sin mangas atiborradas de parches. Paco Laguna tocaba, por cierto, con mascarilla (negra, of course) y Fortu, cuando se acercaba a él para darle un beso, durante algunos solos, y abrazarse, se ponía también una de las quirúrgicas azules, que llevaba en el bolsillo.</p>
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<p style="text-align: justify;">La gente del público le increpa, con afecto, en un parón que hace; hay un típico heckler, que puso nervioso al personal de la sala. Pero Fortu lo lleva muy bien, con buen rollo y mesura. El guitarrista hace unos acordes vagamente folclóricos y Fortu dice:»<em>estamos en Sevilla, creía que ibas a hacer un fandanguillo</em>» (confundiéndose con Cádiz). Público: «<em>¡No tienes huevos, no tienes huevos!</em>» Y sigue un rato de cháchara, mientras le traen la cerveza. Uno del público le ofrece una guitarra eléctrica hinchable, y dice «<em>mira, me la llevo para mi nieta</em>«. «<em>Dicen aquí: mira el Fortu, que se parece a Carmen de Mairena. Enséñanos las tetas</em>«. Aplausos. Alta puntuación en stand-up comedy. El rock y la épica cotidiana de los abuelos, y de la conversación de peña de barrio. Hay cosas que no hay que añorar, como a Ozzy mordiendo una rata, o que el cantante vomite sobre las groupies de primera fila.</p>
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<p style="text-align: justify;">Largo medley con <em>Dinero dinero</em>, pidiendo palmas, posando, con un largo sostenido de acorde que se repite y se repite y batería sin variar.</p>
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<p style="text-align: justify;">Por fin, un <em>Va a estallar el Obús</em> con toda la sala entregada.</p>
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<p style="text-align: justify;">  Presentación de la banda también muy demorada -podría parecer que quieren hacer tiempo y alargar el metraje del bolo-, con solo del bajista, Luisma, haciendo ¡tapping! Y por supuesto slap y todo lo que los bajistas solamente hacen en las presentaciones (salvo que toquen funky). Look de Duff McKagan, por cierto. Viene un solo, al principio muy jazzero, de Carlos Mirat, el batería, como de jungle mumble, en los tambores. Y luego exhibiciones circenses y chulescas, como tomar un trago de la cerveza sin dejar de tocar. En un momento dado, se pone Fortu a la batería, sin solución de continuidad (ningún silencio), salen unos empleados de la sala y colocan una escalera de mano abierta en medio del escenario, (¡microfonada!), y Mirat sigue haciendo exhibición, tocando los peldaños de la escalera, moviendo su gorro al ritmo de la batería, haciendo que el público participe.</p>
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<p style="text-align: justify;"><em>Vamos muy bien</em>, con toda la sala arriba, después de dar gracias a las salas que están, con todas las preocupaciones y cumplimientos legales, empezando a programar. Terminan con <em>Sangre de Rock and Roll</em>, también alegato y declaración de amor a un estilo de vida, como habían hecho un rato antes SILVERANTO.</p>
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<p style="text-align: justify;"> Tras salir del escenario, y ante los gritos de <em>¡Esto es Sevilla, y aquí hay que mamar!</em>, salen de nuevo e invitan a un miembro del público a cantar con ellos: <em>Camarero, whisky con hielo</em>.</p>
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<p style="text-align: justify;">Salimos de la sala, la mayoría a subirse a sus motos (parecía aquello la puerta de un taller), con la sensación de que el OBÚS sigue estallando con la misma fuerza que hace 40 años.</p>
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<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter" src="https://lh3.googleusercontent.com/-IxUhtyxxgi8/YH6aXd-aHbI/AAAAAAAApXM/MsXaaYiNIBs9dUFjDGR3AGKuByuP-BzhgCLcBGAsYHQ/s16000/e07eeaeb-891e-4e4c-b487-84910a806ae5.jpg" width="765" height="1020" /></p>
<p style="text-align: center;">
<p style="text-align: center;"><strong>Set-list</strong></p>
<p style="text-align: center;"><em>No me lo digas más</em><br /><em>La raya</em><br /><em>Necesito más</em><br /><em>El que más</em><br /><em>La muerte</em><br /><em>Que te jodan</em><br /><em>Autopista</em><br /><em>Complaciente o cruel</em><br /><em>Juego sucio</em><br /><em>Pesadilla nuclear</em><br /><em>Dinero dinero prepárate</em></p>
<p style="text-align: center;">Bis</p>
<p style="text-align: center;"><em>Whisky con hielo</em><br /><em>Vamos muy bien</em><br /><em>Sangre de Rock and Roll</em></p></div>
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				<div class="et_pb_text_inner"><h2>Autores:</h2>
<p style="text-align: left;">Redactor</p>
<p style="text-align: left;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-40854 size-medium" src="https://metalkorner.com/wp-content/uploads/2021/04/Jesús-Beades-264x300.jpg" alt="" width="264" height="300" /></p>
<h4><a href="http://metalkorner.com/jesus-beades">Jesús Beades</a></h4></div>
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<p>La entrada <a href="https://metalkorner.com/2021/04/20/cronica-obus-silveranto-sala-x-sevilla/">Crónica: OBÚS + SILVERANTO. Un obús que lleva 40 años estallando (Sala X 17-04-21)</a> se publicó primero en <a href="https://metalkorner.com">Metal Korner</a>.</p>
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